lunes, 30 de mayo de 2011

Lima, la gris

Son las 18:08 en esta computadora, la calle ha tomado un color celeste, celeste gris. Es una de esas tardes ideales para sentarte a escribir, y mucho mejor, escribir poesía. Me acuerdo de una entrada de Percy, estoy escuchando radio Oasis, siento la tarde muy, muy melancólica. Garúa. Me provoca un cafecito y me dan ganas de saber de ti. Claro que esas ganas las he tenido casi siempre, pero hoy la cosa se ha acentuado. En la mañana me puse a leer el libro, tu libro, ése que me acompaña desde el 2009 y que algunas veces reposa debajo de mi almohada. Cada vez que te leo, tengo la sensación de que estás ahí, susurrándome al oído cada palabra, olvidando por un momento que yo no conozco tu voz, que jamás  la he llegado a oír. Recuerdo cuando hace un par de meses ya no podía irme a trabajar no sin antes leer un párrafo siquiera, alguna oración o frase tuya que me permita darle un sentido o belleza a mis días. No sé si ya sabes esto, si lo has sobreentendido acaso en algunas de las cosas que te he alcanzado a decir, pero sabes? tú motivas mis días, haces que mi vida tenga un brillo especial. No necesitas más que existir para que me empujes a hacer cada una de las cosas cuerdas o locas que hago, que hago pensando en ti.

Algunas noches, como la de ayer, cuando no concilio sueño con la facilidad de siempre, tomo la grullita de papel que tengo en el velador, me pregunto si tú también aún la conservas, aunque lo más probable sea que no, y me aferro por unos instantes a ti, a tu tranquilidad, quiero pensarte y mantenerte firme en mi corazón, y es ahí cuando me doy cuenta que el amor lo mueve todo, o al menos, me mueve a mí. Muchas cosas de las que hago o dejo de hacer son por eso mismo. Y es bien bonito cuando te mueve la fuerza del amor. Tal vez suene a cursi pero intento decir las cosas tal como las siento, y eso es así. Hoy he sentido el poder de esa fuerza, pero quisiera que sea aún más poderosa, más evidente, más latente. Quiero que sea eso lo que me ayude a querer ser mejor, a sacar lo mejor de mí.

[Los dejo con buena música]


domingo, 29 de mayo de 2011

Un par de poemas

Postulé a la convocatoria que hizo "Recitales Ese Puerto Existe" en su V Edición, una que convoca la Facultad de Letras de mi universidad, y pues me acabo de enterar de los resultados y....no estoy. Cabe decir que tenía una fuerte esperanza de aparecer entre el par de ganadores, pero ya, no salí. Pero qué rayos, no voy a quedarme atrás. Ya he participado antes en otros concursos, primero el de la PUCP en el 2009 que era, digamos, más prestigioso. Después me metí al de Scriptura, en el 2010, que sólo era para mujeres, y ahora éste, que era sólo para sanmarquinos. Cada vez me he ido metiendo-sin proponérmelo- en concursos en las que mis posibilidades de ganar crecían porque se dirigían a un círculo más reducido, sin embargo, todavía no la veo ni de cerca, al parecer. Bueno, a darle más duro nomás. Voy a continuar participando en cuanto concurso se me presente y en el cual pueda participar. Me gusta esto (sea perder o ganar) porque noto que mi poesía mejora más y más, es decir, no sé si para los demás, pero me gusta lo que me va saliendo, lo que voy puliendo con el tiempo. Al menos los concursos me sirven de eso, para darme cuenta lo que puedo cambiar, sin variar la esencia por supuesto, porque de ningún modo pienso cambiar de estilo, aquél que aún siendo sencillo y fácil de leer, pretende ser profundo y bello. En algún momento pretendí escribir para gustar, ya sea a un público o al jurado, ahora sin embargo escribo porque me gusta así, me gusta mi estilo, y al pincho ^^ si los demás están o no de acuerdo conmigo.

Aquí les dejo dos de los tres poemas que envié al concurso (el otro es para otro proyecto).

El primero, se me ocurrió luego de leer un poema de Herbozo Duarte, Sucesiones. Me gustó tanto la musiquita de la rima que sin querer queriendo la adopté cuando me enfrenté a la hoja en blanco. Fue tan espontáneo que me salió de un tirón. Me gustó el resultado, aunque después de mutilarlo para este concurso (tenía muchos versos de más y sólo tenía que abarcar 60 versos entre los tres poemas) me gustó aún más. Creo que lo escribí por marzo del 2010, no lo recuerdo bien, pero fue un vuelco total de ideas e impresiones (ya sabes, lo dejé fluir) y el resultado fue esto, que si me preguntan, no sabría cómo explicar.


"Agua empozada"

El mundo sigue su proceso – el movimiento –
 y yo espero las palabras que entonces nunca vienen,
el tiempo las disuelve lentamente en un armario solitario,
retratando cada frase en su pasado.

 El sol atañe lo evidente
nunca llegando a quemar lo que no arde ,
 tan solo conteniendo la garganta mentalmente
rascando en la carpeta el otoño,
recordando a la memoria lo memorable,
 tramitando con el sueño los regresos,
 imprimiendo por palmadas cada tarde.

Mejor no espero más palabras
 y abrevio con el silencio lo que siento,
para qué gastarse raspando frases en la nada
 si es tan sencillo pactar el ritmo con el tiempo
 empezando a hablar con la risa y la mirada
 atesorando en la vista el sufrimiento
condenando al todo a formar parte de la nada
tumbándose alocadamente en el sueño.


Agregando más distancias – por si acaso –
y ahora están aquellos gritos que callamos,
los nervios del frío aturdidos,
las guerras que asesinan con venganza,
mantas de mar por el viento sacudidos ,
signos que emanan de la paz y se repliegan
cosas que huyen y no regresan
tiempos ausentes por siempre sumergidos
pero todo confabula y se ordena
aunque desemboca en el mismo hoyo : la tristeza.

Las cosas continúan siendo aun cuando nos olvidamos de ellas
luciérnagas que nos alumbran,
razones que viven sin que les des aliento
las mañanas del pasado que se arrastran
las cosas perdidas
– que valen más ahora que cuando las teníamos –
los pliegos de la memoria,
las manos apretadas ,
las miradas que esquivamos
y todo aquello que negamos dejar de amar.





El otro poema, bueno, ése sí lo escribí hace poco. No hace falta mucho esfuerzo para saber de quién me inspiré y a quién se dirige. 

"My heart pop"

Hoy he salido a buscarte.
recorrí avenidas, pregunté por ti.
Me senté a tomar café en el mismo lugar,
y no encontré un sorbo que me dijera de ti.

Ahora escribo,
y tú sientes, tal vez, tanto como yo,
la añoranza de aquellos tiempos
que ahora se han vuelto un
intento de rescate
a las horas que perdimos
sin saber siquiera
 en qué momento sucedieron.

Pero no importa cuánto rebusque:
no hay poema que te traiga de vuelta.

sábado, 28 de mayo de 2011

Lecciones Cotidianas

Voy a retrasar un poquito la parte II del artículo “La Nueva Educación” para tomar prestado el nombre de la columna de mi amigo Víctor Nishio, “Reflexiones del Asiento” (sólo que él lo hace generalmente desde la butaca de un cine o teatro, y yo lo haré esta vez desde el asiento de un bus ^^)

Habitas fritas

Hoy venía yo viajando en una custer (de esas muuuy grandes) con el chofer que era conductor del vehículo y cobrador a la vez. Cuando subí y cobró el pasaje, percibí de él un trato muy amable y cordial, no sé, tal vez leí algo en su fisonomía, tal vez los lentes y la edad que cruzaba los 50, bueno qué sé yo, algo me decía que el hombre era un caballero. Aunque en apariencia una nunca puede llegar a tener razón.


Al poco rato, subió un joven con una bolsita verde que no era otra cosa que el camuflaje de toda la mercancía que subía a vender: maní confitado, gomitas dulces empaquetadas en bolsitas de chupete, y habitas fritas. Cuando él quitó de la bolsa el hilo del que colgaba sus productos, el chofer-cobrador (que tenía una cajita en la que estaban enganchados los distintos boletos y metía los pasajes que iba cobrando) pareció haberse fastidiado por este hecho y desde mi asiento (muy cercana a la escena) vi que el chofer-cobrador parecía reclamarle algo, molesto. Vi en el joven una expresión de ruego (total, sólo quiere trabajar el pobre, me dije yo) y bueno, fue de asiento en asiento ofreciendo la mercadería. Cabe decir que nadie le compró (yo tampoco) y ya cuando supuestamente se tenía que bajar, vi que arrancó una bolsita de habitas fritas y se la dejó en la cajita de boletos. Y yo me quedé pensando: Qué buena lección.

Súbitamente me saltó un pensamiento que ya había oído antes, y no recuerdo de quién fue, pero ahí les va: “Entre dos personas que discuten en voz alta, el primero que calla es el más noble”. Con esto no insto a que “si te pegan en una mejilla, ofrécele la otra” porque, que me disculpe el Señor pero esa idea me parece muy pasiva, muy monga, en cambio, actitudes como la de este joven vendedor  dejan como perdedor a aquél que muy machito, ya se creía ganador.

“Dame tu basura”

En el mismo bus (algo especial había en ese bus) vi que una señora después de vaciarse un paquetito de galletas  abría su ventana, y como si se tratara de la cosa más natural del mundo, lanzaba su envoltura por los aires. Cuando su amiguita, que estaba a su lado y se disponía a hacer lo mismo (ya se veía cómo le pasaba también su envoltura) una señora de un asiento más atrás le pasó la voz punteándole con el índice y le dijo: “Déamelo a mí”. Ni corta ni perezosa se lo dio, y esta dama, sí, adivinaron, se lo metió en su bolso. Aprendan cochinitas.

Coca cola

Como gaseosa no será mi preferida, pero últimamente sus ideas de publicidad me tocan el corazón. Es muy conocida la propaganda “Hay Razones para Creer en un Mundo Mejor” (ésa que sale en T.V. a cada rato) pero la que no se ve es la de “La billetera de la felicidad” (está en Youtube, deberían verla). La descripción del video resume la esencia del mensaje: “Creemos en la honestidad de los peruanos, por eso dejamos una billetera en la calle para demostrarlo.” Y sí, al final el ‘experimento’ revela que el 70% de los que vieron la billetera la devolvieron a su dueño.


Hay razones para creer en un Perú mejor.

miércoles, 25 de mayo de 2011

20.999999999....

Hoy, como algunos de repente sabrán, cumplo 21 años. Como en mi partida alguna vez leí que nací de noche (a eso de las 19:00, creo), podría decir que oficialmente aún tengo 20, así que eso! quería escribir esta última entrada a mis 20. Recuerdo que el año pasado (cuando el blog tenía también una apariencia muy distinta de la que tiene ahora, de fondo verde, menos gadgets, etc) escribí una entrada despidiéndome de mis 19, y, me veo ahora, veo todo lo que fui, y me alegro de haber dejado de ser para pasar a ser quien soy yo ahora. Es decir, sé que suena a vanidad, pero me alegra el hecho que he cambiado y más para bien. Me veo a mí misma en aquél entonces, con no mucha autoestima, un tanto insegura, inmadura (todavía lo soy pero mucho menos)....y tacaña conmigo misma! Por aquella época seguramente hubiera entrado a una tienda de Starbucks y hubiera salido corriendo nada más ver el panel de precios xD Jaja, bueno, aunque pensándolo mejor creo que no era tacaña sino ahorrativa conmigo misma, y porque mis ingresos aumentaron este año, específicamente entre enero y febrero,creo que ahora sí me permito lujos, pero ya, no iba a eso.

Hoy cumplo 21 y estoy muy optimista, como creo que lo he sido siempre, sé que lo mejor está por venir. No importa qué trabas ni qué complicaciones sucedan, hoy me siento fuerte, decidida, me importa un perno. Estoy feliz de mi autoestima, la que ha venido creciendo de a pocos.Aún tengo cosas qué cambiar y resolver, pero vamos!, seguiremos pa' lante.

domingo, 22 de mayo de 2011

viernes, 20 de mayo de 2011

Mi primer cuento (en la Blogósfera)

Antojada quizá por la prosa de Cueto, o quizá motivada por él, desde hace un tiempo me provocó empezar a escribir cuentos. Hace unas semanitas publiqué uno en Facebook, uno bien cortito, pero cuento al fin, y ahora he decidido lanzar éste al blog, ya veré cómo me va en esto. Supongo que iré mejorando con el tiempo, al igual que con la poesía, como dice Percy, una siempre está a la espera del mejor poema, y en este caso, creo que el mejor cuento siempre está por venir. A esperarlo, mientras tanto.

Bueno, con ustedes, "Malditos dados":

Salió de la universidad sin prisa, disfrutando del viento frío que ya soplaba en el otoño y percibiendo de lejos el olor de coco confitado, el mismo que se mezclaba con el olor del mar. Caminaba en dirección de abordar el bus, siempre con las manos cobijadas en los bolsillos. Mientras esperaba, encendió la radio y empezó a divagar en pensamientos  nostálgicos, los mismos que estaban estimulados por la tarde gris y melancólica, con la estación de baladas que le sonaba desde los audífonos.

Estiró la mano para detener al primer bus, se ubicó en uno de los asientos traseros, pero a unas cuantas cuadras el cobrador le advertía con un ‘voy hasta Wilson nomás’ que no iba a llegar hasta su destino. Se bajó con cierto desgano y casi renegando, pero la música suave que sonaba en sus oídos le atemperó los ánimos y la mantenía de humor. A esperar entonces al próximo vehículo. Los micros empezaron a pasar cada vez a mayor velocidad, la mayoría de ellos abarrotados de gente, incluso vio con risa a un cobrador colgado de la puerta. Se pasó cerca de media hora para detener a uno razonablemente ‘libre’, y mientras veía a un chico subiendo, lo pensó dos veces, pero subió. La idea de hacerse un espacio entre la ola de gente le daba incomodidad, pero no le quedaba otra y como pudo fue acurrucándose entre el gentío hasta alcanzar la parte trasera del bus.

Y entonces lo vio.

Él, que a juzgar de lo que aparentaba podría frisar los 22 ó 23, llevaba el pelo corto y la barbilla crecida, como si ese día no se hubiera molestado en afeitarla. La nariz respingada, la sonrisa pícara y tierna (que le hacía recordar a Alejandro Sanz), su porte sereno y callado le daban buen aspecto, un aura de buen muchacho. Ella lo vio y quedó una vez más encandilada, como había quedado también el día en que lo vio y que por varios minutos perdió la concentración de la conversación que sostenía con sus amigos y del bistec que se estaba comiendo, allí, en aquel restaurant ‘de los espejos’.

Lo estaba viendo de nuevo, y cielos! Qué lindo era verlo. Qué hacía él en ese bus? Siempre viajaba aquí? Por qué no se habían encontrado antes? No importa, da igual, en ese momento, lo que contaba era ese fortuito encuentro. Toda la serie de eventos anteriores: coco confitado-bajarse del bus-cobrador colgado de la puerta… no eran más que cosillas que ya estaban programadas para dar paso al gran evento: ella y él encontrándose de nuevo. Para ella, eso no era coincidencia. Era el destino dictándole una señal. Antes le habían pasado otros encuentros con otros personajes desagradables,  pero no era eso, no, esto era mucho más importante. Y ella creía en los horóscopos mientras ello le dijera algo que le conviniese. Ésta era la segunda vez , a la próxima, se dijo, lo tomo del rostro y lo beso. Reía para sus adentros mientras él miraba la ventana. Al poco rato empezó a cabecear y no pasó mucho tiempo antes que empezara a cerrar los ojos. Ella aprovechó para observar cada detalle-labios-nariz-ojos-pelo-pelo-ojos-nariz-labios. A sus ojos no sólo era lindo, debía serlo también por dentro. Tenía que serlo.

Él dormía y al dormir inspiraba tranquilidad, ternura, ella estaba encantada de eso. Sin embargo, ninguno se dio cuenta del custer que  venía detrás a toda velocidad.

jueves, 19 de mayo de 2011

Me voy

(No ahora, pero lo haré, ya verán)


Hoy me quedé dormida hasta las 10 am, creo que es la segunda vez en lo que va de la semana. Como todo jueves, no fui a la universidad, en cambio, me cogieron de improviso para ir a atender a la panadería. Por alguna razón, esa tarea no me agrada, y quizá no tiene nada que ver con la gente. Tal vez sea el mal humor de mi tía C, la sensación de no estar haciendo algo interesante, el hecho que esté gastando mi tiempo en algo que no me estimula, no sé, pero me repele la idea de tener que ir. En fin, hoy igual fui, tenía que ir, contuve por mucho tiempo mis ganas de mandarlo todo al diablo y hacer lo que me da la gana, y simplemente fui.
Me he dado cuenta que de algún modo, todos estamos condicionados, no somos completamente libres. Condicionados por el cuerpo y sus necesidades, por el qué dirán, por las obligaciones, por…en fin, un montón de cosas más. Yo estoy condicionada (y porque también me dejo) por la permanente protección de mi tía, por la carrera que en estos precisos instantes no tengo ánimos de estudiar, por la falta de dinero que me obliga a trabajar, por…. Me faltaría espacio para enumerar.


Si fuera libre, si hiciera lo que quiero hacer, si fuera dueña de mi tiempo, de mi vida, hoy me iría a dormir seguramente a las tres, me despertaría de nuevo a las diez, me sentaría a escribir, me quedaría aquí hasta la una, dos o tres, escucharía música a volumen alto todo el día, me levantaría y comería si tengo hambre, saldría a pasear, leería algo nuevo, y volvería a escribir. Haría ejercicios antes de acostarme, en fin, haría todo lo que me provoque. También, por supuesto, comería harto sin preocuparme lo gorda que quede después, saldría calata a la calle si tengo calor, viajaría todos los kilómetros que me hicieran falta para encontrarme con él, le diría “te quiero” al chico que amo, tal vez, hasta me atrevería a darle un beso (previamente subida en un banquito) y viajaría mucho, demasiado.

Pero la vida impone obligaciones, patrones y “debes quedar bien” y debo cargar con este cuerpo y esta vida. Debo peinarme, vestirme bien, contener mis deseos, guardar silencio, buscar el pan, ganármelo a sudor. Para ello, debo soportar calladamente imposiciones, debo respetar ciertas reglas, no salirme del molde, reprimirme, conservar la compostura. Aunque a veces raye en la impotencia.

Hoy tenía ganas de mandarlo todo al caraho (h=j), pero recordé entonces el consejo que leí: “No tomes decisiones en momentos de cólera”. 

...

Ya, ya se me pasó la cólera (duró dos minutos). Ya lo decidí. Me voy, me voy, no sé cuándo, pero sé que me voy. Primero consigo el trabajo que me dará para sobrevivir, luego, empaco mis cosas y me voy.

martes, 17 de mayo de 2011

Más allá de Larcomar


Conversaba con Paul (silencio a las murmuraciones alcahuetas) mientras viajaba en el bus a la universidad, y bueno, me preguntó sobre los ‘anillos noetherianos’ (lo mencioné en un post anterior) y quise explicarle de un modo bacán para que se entendiera, pero creo que me enredé y ni yo misma me hubiera entendido si hubiera sido él. Pensando en ello me he dado cuenta que si alguien me pregunta por mi carrera, lamentablemente no sé cómo explicarme, al menos de un modo entretenido de entender( algo así como el estilo Numb3rs). Y me da impotencia no hacer llegar la misma pasión con la que me siento yo.

Buéh, nota aparte, me puse a dormir y...luego de unos minutos (largos, vale decir), como nunca:

-Señorita, señorita, ya estamos en Fauccet (último paradero)

Me había quedado dormida. Nuca me había sucedido (al menos no a la ida; siempre habrá una primera vez) y apenas levanté la vista, noté que no había nadie ya en el chosicano, salvo el chofer, el cobrador y yo, la dormilona perdida en Faucett. Me bajé mientras mentalmente agradecía el hecho que los tipos eran buenos muchachos a los que no se les había ocurrido hacerme nada (o quizá se les ocurrió pero igual, buenos muchachos, no hicieron nada) y bueno, mientras miraba la hora (9:00) se suponía-la idea más obvia-que yo debía tomar el carro de regreso. Pero no lo hice. En realidad, en lo primero que pensé no fue en eso. 
 Escapémonos, le dijo la Paty enamorada a la otra Paty (yo). Y yo dije, ya pues.

Tomé otro carrito y al bajar parecía que ya me conocía la ruta de memoria. Cada paso que doy hacia tu casa parece ser también a la mía: Cuatro cuadras arriba, te chocas con una casa, ahora camina a la izquierda. Es la segunda vez que estoy allí. Por qué fui? Para nada, sólo por ir, porque sé, que una vez estuviste también ahí. Sé que es tonto, y yo soy tonta. No niego esa verdad.

Di tres vueltas por la casa antes de armar los ánimos para irme. Qué habrán pensado de mí los vecinos que me vieron? (si me vieron) Sospechosa. Compré yogurt y galleta en la bodega de la esquina (tu esquina) y te alucinaba también comprando en la misma tienda. Volví a dar otra vuelta (tenía que memorizar bien la imagen que se presentaba ante mi vista, esa casa que veía, era tu casa) y luego de pensarlo un poco, se me ocurrió llevarme algo de ahí, algo que haga patente para mí misma que había ido hasta allí, que no era un sueño, que ocurrió una vez, alguna prueba de mi locura. Cogí una hoja de una planta del jardín (sorry plantita) Creo que era una ponciana, pero no, no era el árbol, porque era planta, pero sus hojas son bien parecidas a las hojas de ponciana (como una palmera bonsái, algo así) Al tratar de sacar una hoja se desprendieron varias hojitas de la hoja (¿?) y prácticamente, ahora que lo he sacado de mi mochila, tengo sólo el palito de la hoja que en estos precisos instantes está en frente mío, pero bien, ahí está y ahora que me he puesto escribir creo que estoy orgullosa de mi hazaña.

Volví a tomar el camino de regreso (dos carros más) porque la vida continúa aún después del amor (¿amor?) y debo despertar del idealismo que me envuelve, y debo seguir mi camino, las clases por supuesto. Llego a la universidad y resulta que eran las elecciones (me había olvidado que lo eran) y a votar se ha dicho, pero intervino el Federado y el mismo parloteo y al final no hubo nada, y ya qué hacemos, y bueno, terminé jugando fútbol con tacos (experiencia tortuosa y divertida-prefiero mencionarlo en ese orden para quedarme con la idea de que me divertí y olvidarme por completo que me costó media hora de dolor en mis piececitos-) y otra hora de ping pong (aplíquese el razonamiento anterior). Bueno, charleé con mi amiga (tú sabes, cosas de mujeres) y se pasó la hora tan rápido que olvidamos ver el reloj y ella tuvo que mentir para justificar su retraso en la clase que dictaría después. Yo, por mi parte, tomé un carro a Larcomar cuyo chofer me mintió y terminé perdida… (y peor aún, con mi mala orientación espacial) En fin, caminé varias cuadras hacia alguna dirección y terminé en un tal “Miraflores Park Hotel”…bueno, yo continué caminando siguiendo mi instinto (lamentando por haber decidido ponerme tacos) y al final, oh! Larcomar. Ufff.


Me dirigí derechito a Starbucks. Pedí un cappuccino con crema batida, probé (me quemé la lengua =P) y como estaba demasiado amargo para mi gusto le metí  azúcar y todos los polvos que estuvieron a mi alcance. Y salí a sentarme en las mesitas de afuera, tratando de leer “La Hora Azul”, la obra de Cueto que me había comprado ese mismo día. No habré estado ni cinco minutos cuando tres japoneses (los escuché hablar en ese idioma) se acercaron en una mesita contigua y se pusieron a fumar. Y yo no pienso sufrir las consecuencias de una fumadora pasiva.


Otra vez, me llevé mi libro y mi vaso a la salita de adentro, y al atravesar la puerta, un aire hogareño me envolvió: Un señor leía plácidamente sentado en un sillón, una  chica se había quedado dormida leyendo el periódico, cuatro personas conversaban animadamente (sobre negocios, supongo) mientras degustaban distintos postres, en fin, cada uno parecía sentirse como en casa. Fue entonces que recordé el comentario de Víctor: "Entra pensando en ti" y entonces pensé en mí y yo también me sentí como en casa, como en una familia (eso incluye que puedo dejar mi mochila tirada y nadie -NADIE- la va a mover ni tocar de ahí. Me 'desparramé' cómodamente sobre el sillón y por poco me saco los zapatos. Me sentía bien.

Pensándolo mejor, me gusta mucho más el Starbucks de Larcomar que el de la Av. Óscar Benavides, no sólo porque el primero es más chico que este último, sino porque, lógicamente, concurre menos gente y siempre hay un sitio (favorito) donde sentarse. Es como si siempre haya un lugar esperando por ti. Muy aparte del aire de familiaridad que te envuelve al estar ahí.

Pero algo que me gustó mucho más incluso que hasta el mismo café, es su revista, Lado B, la revista que se lee al revés. Es muy original e interactiva, con muchas más cosas positivas que el común de revistas. Me gusta.

Eran las seis y media de la tarde, y aunque quisiera no podía quedarme ahí por más tiempo. Me despedí del mar (por cierto, a esa hora se ve todo precioso, las luces amarillas encendidas y todo) y tomé mi carro de regreso. Final feliz de la historia. Más adelante les comentaré lo que pasó en el carro.

domingo, 15 de mayo de 2011

A la matemática que fui

Empiezo a escribir esto y súbitamente me embarga una emoción especial (tiene que ver el hecho que esté escuchando a Alejandro Sanz?) bueno, pero es verdad que éste va ha ser para mí uno de los post más especiales de los más de 140 que ya voy escribiendo aquí. Especial porque...en verdad no sé. Quiero relatar cómo así fue que elegí estudiar Matemática Pura, cuando en verdad pareciera que mis intereses (de los que más de uno me han insinuado) tienen que ver directamente con escribir.

Tenía 14 años cuando aprendí a usar internet (en el 2008 recién llegó la computadora a mi casa, y hasta ahora no tiene internet) Cuando descubrí esta poderosa herramienta del conocimiento, se me hizo costumbre ir semanalmente a una cabina para investigar los temas que me atraían, que generalmente tenían que ver con la Psicología o la Filosofía pues las preguntas que empezaron a rondar por mi cabeza eran las que habían nacido a partir de la situación crítica que atravesaba por aquellos momentos, aunque bueno,ésa ya es otra historia y yo no quiero salirme de ésta. Decía que iba semanal a internet a investigar sobre ciertos temas, incluso también buscando partidas de ajedrez, pero, muy típico de internet, de link en link, hipervínculo a hipervínculo y de un enlace a otro, terminé por caer en el mundo mágico de las matemáticas, explícitamente en la Teoría de números.

Típico de aquella época, en medio del bullicio de tanto reggaetone que empezaba a sonar por esos años, de la musiquita del Gunbound, Starcraft y no sé qué más, allí estaba yo, copiando con un entusiasmo que rayaba en la manía toda la información que iba seleccionando, desde la Ley de Reciprocidad Cuadrática que empezaba a descubrir pasando por el Teorema de los Números Primos (Hadamard-Poussin) y maravillándome de la demostración del pequeño teorema de Fermat usando Newton (ver foto) Sin duda, mi primer contacto con las 'bellas matemáticas' hizo que empezara a mirar con desdén las lecciones 'aburridas' de la escuela. Estas matemáticas que comenzaba a descubrir  eran tan simples como las que enseñaban en el colegio, sin embargo tenían una dosis de arte que me dejaba maravillada.


Así fue como empezó mi gustito por la Teoría de Números. Especialmente por los números primos, con quienes terminé casi obsesionada. No me importaba gastar esas horas ni esa plata (estaba s/1.50 la hora ^^) sentada frente a la máquina, copiando y copiando para llegar a casa y empezar a analizarlo. El hecho de saber que estaba tomando contacto con las 'altas matemáticas' (leer lo que hizo Fermat, Euler, Gauss, Dirichlet, Erdôs, etc y entenderlo, pues como que me subía los humos y me hacía sentir 'importante', 'especial', 'diferente') me agitaba el corazón, hacía emerger de mí una emoción.


Especial interés, como dije ya, le tomé a los números primos. Investigué todo sobre ellos. Todo lo que pude. Me fascinaban. Me encantaban. Me apasionaban.No recuerdo punto en mi vida en la que algo me haya acelerado el corazón con tanta fuerza (aparte del amor, claro ^^) Por ejemplo, fui capaz hasta de hacer la Criba de Erastótenes hasta el 11 000 para hacer mi propia lista de números primos. Y sólo se me ocurren cuatro motivos para hacer una cosa como tal, teniendo catorce años: Bien tienes mucha paciencia y vas tras la ilusión de una firme promesa interior, bien un problema o algo que quieres olvidar que hace que te obsesiones con tanta intensidad en algo,bien tienes rasgos autistas, o bien, te has vuelto loca. Y temo que sea lo último. Aún veo mis apuntes y me conmuevo ciertamente de todo el tiempo y el esfuerzo invertido en tal 'hazaña':

 

Y aquí debajo, una pequeña muestra de mis esfuerzos por llegar al número de Fibonacci más alto posible:

  
Aquí, el cuadernito del 2004 ó 2005, la lista de los números de Mersenne que copié de Wikipedia (todo lo copiaba porque imprimirlo-considerando que para entonces costaba s/1.00 la impresión por hoja- me salía muy caro. Conmovedor.)  Recuerdo que por aquella época fue que aprendí de memoria las veinticinco primeras potencias de dos...qué nerd ^^


 No perdí la oportunidad de presentar un trabajo de matemáticas en una feria de ciencias, en cuarto de secundaria fue "la sumatoria de las n-primeras potencias cuartas, quintas, sextas, séptimas....décimas", básicamente tenía que ver con una continuación de las sumatorias que enseñan en la academia. El trabajo no tiene nada qué ver con el rigor propio de las matemáticas, pero allí estaba yo haciendo mis tiernos pininos descubriendo fórmulas por mi propia cuenta...más adelante me enteraría que un tal Bernoulli ya había diseñado una forma mucho más poderosa que la mía, incluso para calcular sumas para las n-avas potencias. Me la vas a pagar Bernoulli ^^



En quinto, hice una propiedad que relacionaba los números primos (mi mayor pasión) con los números de Fibonacci y tal vez a ésta le tengo más cariño que a la primera, por las personas a las que llegué a involucrar. Aquí, el tríptico que elaboré a mano (casi siempre irresponsable haciendo las cosas a última hora) y a pesar de mi improvisación, como la anterior,la envié a la Feria de Ciencias de mi colegio. Septiembre 2006.


En el 2007 me tocó postular y a pesar que dudaba entre la Ingienería y la Filosofía (me gustaba escribir pero Literatura no asomaba fuertemente por mi cabeza) me decidí siguiendo lo que me dijera aquello por el cual siempre me había dejado llevar: el corazón. Y él dijo Matemática.

Éste (foto) fue el único y el último artículo que copié de internet (me enteré que en la universidad estaba a s/0.10 la impresión x hoja ^^) Era mayo del 2007 y mi pasión por la Aritmética Superior todavía seguía allí, firme.
 

Sin embargo, a partir de mediados del 2008 sufrí un bajón, una alteración en mi 'psique' que repercutió bajando la voluntad, perdí el interés. Aunque no lo culpo de todo. Perdí de vista los sueños y aspiraciones que me habían llevado a postular. Me dí cuenta que lo que siempre me ha motivado a estudiar es la competencia, no me muevo sino es por un claro estímulo competitivo, el deseo excitante de ser siempre la primera en llegar. Una pena, sí, pero lo fue. Al lado (foto) la pila de cuadernos que acumulé escribiendo sobre Matemáticas (entre el 2004 y 2007, mis primeros pasos).

Actualmente sigo la carrera pero ya casi por puro compromiso, porque 'no tengo otra'. He dejado de sentir pasión por mi carrera, y eso sí que es más preocupante que el pésimo rendimiento académico o mi irresponsabilidad en los estudios. Sé muy bien que si no es Matemática, no será otra. Así que no tengo dudas sobre lo que estoy estudiando, en eso soy firme. Lo que me inquieta es ese desgano, esa apatía que a la larga me ha costado (me está costando) dos años más de 'estudio' que lo planeado (debo acabar en cinco pero lo haré en siete) y peor aún, el hecho que ya no es lo mismo, que he perdido la esencia. Que no estoy concentrada. Que ahora otras cosas están cobrando un espacio de mi tiempo: escribir (sobre todo), leer y escribir poesía, tocar guitarra, jugar ping pong, el ajedrez, escribir cuentos (ahora último), las novelas coreanas, en fin, otras cosas han tomado la importancia que antes era exclusivamente para las matemáticas. Y yo no quiero caer en la mediocridad de terminar mi carrera porque 'en fin'. Quiero volver a nacer, volver a sentir la emoción que sentía cuando 'sorprendía' una nueva verdad, o entusiasmarme con un problema importante y creerme con ingenuidad pero sinceramente que yo sería capaz de resolverlo, y que nadie me haría cambiar de opinión. Quiero volver a tener esa confianza que me hacía pasar horas de horas tratando de probar que todos los números perfectos tienen como matriz a los números de Mersenne, y la imposibilidad de que exista uno impar. Quiero volver al sentimiento de esos años.

En miras de recuperar todo ese interés perdido (sin saber exactamente cuándo, cómo y porqué lo perdí) es que desde hace un tiempo estoy tratando de concentrarme en resolver un problema que conocí a mediados del 2007, creo. Es la Conjetura de Collatz, una cuestión sin resolver que les he mostrado ya a muchos de mi círculo de compañeros (aunque creo que no tomaron interés) y con el que ahora último he venido retando a varios olímpicos (o sea 'gente fuerte') como quien dice, ' a ver si puedes resolverlo'. Estar rodeada de gente mejor que yo me estimula, me inspira, me hace querer también ser mejor. Me encantan los desafíos, la competencia, retar, convocar a gente que también . Es la estrategia que ahora estoy tomando para retomar a las matemáticas, esa ciencia que por su belleza, por la armonía de su constricción, también podría confundirse en la categoría de arte. Estoy luchando por ser la matemática que fui, que quiero ser.


[Esta última fotografía corresponde a una de las últimas páginas de mi diario (que después dejó de serlo para convertirse en eso, un borrador de matemáticas) y que muestra mis intentos (infantiles, hay que decir) por probar la conjetura. Algunos profesores deben de recordar a la alumna que, de aburrida por no entender ninguna de las preguntas que en el examen le daban (no estudiaba y raramente entraba a clase) se ponía-muy conchuda ella- a desafiarlos mencionándoles el problema éste y poniéndose -fresca ella- a usar su cartilla de examen para intentar resolver la conjetura, que no tenía nada qué ver con las preguntas del examen.]

viernes, 13 de mayo de 2011

En qué trabajaré?

Estoy en una cabina de mi facultad. Me siento bendecida de que aquí no nadie a mi alrededor y pueda escribir con la mayor tranquilidad y privacidad. También debo agradecer que los señores que se encargan de la Biblioteca me conozcan y sean tan buenas gentes que me dejan quedarme aquí más de una hora (las reglas son las reglas) y tengan la confianza suficiente hasta como para encargarme el cuidado del lugar. Me siento aliviada de que Blogger por fin se haya recuperado y al menos ahora puedo programar la entrada que aparecerá como si la hubiese escrito ayer, y ésta que, seguramente, saldrá ahora mismo. Pero me estoy desviando del tema.

He estado buscando-como ya lo he venido haciendo más de una vez -empleo en Computrabajo. La primera idea que se me cruzó por la mente fue en qué trabajar. Para empezar, no tendría nada que ver con Atención al Público. A pesar que no tengo problemas con ello, sé que no es lo mío, no me sentiría feliz. Y eso es, estoy buscando un trabajo que, aparte de darme dinero que es por lo que finalmente estoy haciendo esto, me haga también feliz, o a lo menos, me haga sentir satisfecha con lo que hago. Muchos podrían considerar de capricho o vanidad esto de darme el lujo de elegir, pero soy sincera. Por ahora mi necesidad no es grande porque todavía mis ahorros me alcanzan para sobrevivir un par de meses más (además no es mucho lo que gasto mensualmente) pero rayos, no puedo darme mis antojos. Quiero comprarme una Notebook, quiero un juego de ping pog, quiero,lo más importante, tener la solvencia económica como para mudarme ya. Lo mencioné ya? Sí, estoy pensando en mudarme. Creo que lo escribí una vez aquí.

No sé qué estoy buscando exactamente, pero quiero ese algo que satisfaga las condiciones anteriores (me dé suficiente plata para independizarme,darme mis gustitos y me haga feliz) y además, me dé suficiente tiempo libre para dedicármelo a mí. Creo que estoy siendo muy exigente, pero no soportaría un empleo que-sumado a mis estudios- me absorban completamente y no me den tiempo para vivir. Yo, en particular, no soporto por mucho días así. Necesito respirar, hacer algo nuevo, recrearme, consentirme, engreírme. Ser feliz.

He enviado mi currículum para un trabajo de oficina que va de lunes a miércoles. La semana pasada se la envié a un grupo de estudio y una consultora de RR.HH. Ambos me llamaron de inmediato, y ambas ofertas las rechacé por cruce de horarios. Buéh, pareciera que a este paso nunca voy a llegar a nada (puedo escuchar a M. y a mi tía) y tal vez peque de engreída, pero tengo confianza, sé que llegará (mi tía insistiría en que yo vivo en el País de las Maravillas) y podré concretar lo que estoy pensando.

Y ahora que estoy pensando en lo que me gusta hacer, y en lo que me podría dedicar, creo que a mí me asentaría bien trabajar en una cabina de internet...jaja, podría estar en la computadora todo el día...y eso es! me gusta estar en la computadora todo el día (lamentablemente mi tía no me lo permite y ya me pone mala cara cuando me quedo toda la tarde aquí) Me gusta escribir también, podría escribir cuentos (ese entusiasmo ha despertado recién), y me gustaría que mis libros se leyeran como best seller's. Sería bonito ser escritora, por cierto, haciendo lo que me gusta y cobrando por hacerlo. Vería mis libros en los estantes de las librerías La Familia, Íbero, Crisol, etc y me sentiría irremediablemente orgullosa de lo que hago. Pero basta de alucinaciones.

Otra cosa que podría hacer por supuesto es vender libros, no los míos, claro, pero en alguna Librería. O cualquier otra cosa pero que me estimule intelectualmente. Me estoy dando cuenta que he mencionado mucho las letras y mira que yo estudio Matemática y qué rayos tiene que ver con eso. 
Matemática. Me gusta mi carrera, ingresé apasionada por lo que iba a estudiar, pero, toda una geminiana, fui incorporando nuevos intereses y distraje mi atención. Ahora me siento fuera de onda. Soy tan incongruente. Habrán notado nomás mi evolución. Primero que ajedrez, después la poesía, luego la guitarra, ahora leer, y luego no sé qué será. En mi mente me alucino a veces trabajando en un estudio de grabación (o escribiendo canciones), también me encuentro haciendo un buen teorema, o publicando un libro de poesía, jugando ajedrez profesional y no sé qué más. En todos esos momentos, emerge de mí un genuino entusiasmo, pero no lo suficientemente fuerte como para concretar alguno con firmeza. Sólo sueño nomás. Y sueño de todo, y todas esas ideas me encantan, de veras, pero tampoco es que yo pueda hacerla todas a la vez. No me decido por ninguno, porque si bien me gusta, sé que no podría dedicarme a ello todo el tiempo, me aburre el ensimismamiento y tarde o temprano buscaré liberarme con otras actividades. Así es como pierdo el hilo y me distraigo con facilidad de mi intención original. Me gusta la variedad y el cambio, probar de todo. Me cuesta concentrar mi energía en una sola materia.

Así que es probable que cambie de trabajo una y otra vez. Por cierto, Comunicación es una buena idea. Me gustaría crear frases, slogans y sugerir ideas para publicidad...eso también luce bien.


[Nota: No sé qué pasó, pero creo que Blogger se ha llevado los post's que escribí el martes y el miércoles. Esto no me gusta]

jueves, 12 de mayo de 2011

A quien yo digo mamá


Bien, estoy de nuevo frente a la hoja en blanco y pienso en escribir algo para el día de la madre. Es jueves 05, tengo que enviarlo mañana al Perú Shimpo, no tengo mucho tiempo. Pero, acabo de escuchar las críticas de mi tía sobre lo que escribí en “La Nueva Educación” y no estoy muy entusiasmada que digamos, es más, hasta se han querido saltar un par de lágrimas que he tenido que disimular mientras me ingería el lonche. A veces me pasa. Lo curioso es que a mí no me afecta lo que me diga el resto de la gente, pero si me lo dice mi tía, no sé por qué, pero me afecta tremendamente.

Mi  tía me pregunta si yo ya le envié una tarjeta a mi mamá, y ante mi negativa, me replica que ‘nosotros’ (yo y mi hermano) somos raros. No sé cómo explicarle que yo no suelo hacer cosas si no me salen del corazón. Y aún no he aprendido a hacerme sentir ciertas cosas en el corazón. Es decir, sé que debería querer a mi madre más que a nadie en el mundo (después de Dios), sé que debería hacerle saber a ella, a través de una tarjeta siquiera, que en este día en especial, he vuelto a recordarla. Pero no me nace hacerlo, aunque esto le rompa al corazón. Lo siento, pero así soy yo.

El año pasado, recuerdo, le hice un video. Ahora no sé qué hacer mientras tengo miles de ideas revoloteando por mi mente. Tenía siete años cuando nos dejaste a cargo de mi tía (a quien siempre menciono aquí) y desde entonces ya nada fue igual. Nuestras conversaciones siempre pendían del teléfono, tus visitas eran esporádicas, y hoy suman trece años ya que no he vuelto a verte otra vez. Y qué te puedo decir, mamá, si la distancia pareció- aunque no debería- haber creado una imaginaria barrera entre las dos. Nuestra relación se congeló, pero tarde o temprano, confío, volverá a reactivarse. Lo sé, lo creo.

Sin embargo, si mi almohada hablara, te contaría sobre alguna de esas noches en que reclamé esas manos tuyas que calmaran aquellas palpitaciones que por la angustia me impedían dormir.  Eché tanto de menos esa paciencia y comprensión con la que siempre me escuchaste (a pesar que te gustaba hablar demasiado, lo sé) y tu mirada tranquila y reposada  que me hacía saber que me entendías nada más verme, y que no me juzgabas. Tenía catorce años y quise ser fuerte sin ti, y me creé mi propia madre imaginaria, y quise llenar por mi propia cuenta todos los vacíos, y me creía capaz de hacerlo, es verdad, pero no era suficiente, nunca fue suficiente.

Me hacías falta tú.

Pero yo también tengo otras dos mamás. Ambas cocinan demasiado rico y a las dos les gusta tejer. Una se acerca más a mi generación (aunque ni creas, está en la base 4 ^^) y con la segunda me peleo todo el tiempo (sorry, pero yo también tengo mi genio). Ambas tienen una forma especial y particular de ser mi mamá, a su modo, pero lo son aún así para mí, por más que muchas veces lo olvide por una eventual cólera o ceguera mía. No puedo enumerar las veces en que ellas hicieron algo bueno por mí aunque yo no lo haya sabido nunca, o es más,  aunque yo nunca se los haya agradecido. Me quejo todo el tiempo de mi tía por su conservadora y cerrada forma de ser, pero no he sabido apreciar el hecho que ella aguanta también mis rebeldes y caprichosas formas de actuar. Me quejo porque no me da la libertad que yo quisiera, y me olvido que es la única que aceptó cuidarnos cuando nadie más lo hizo. Me quejo, me quejo, me quejo; y me olvido, me olvido, me olvido.

Pero  hoy es mi momento para agradecer cada frazada con la que me cubrió en algunas madrugadas frías mientras yo- roncando y seca de sueño- no me di por enterada sino hasta cuando me desperté. Agradecer por cada plato de comida que como sin imaginar el esfuerzo que hubo detrás. Por cada oportunidad que me da a diario de vivir, de ser mejor. 

Feliz día a todas las mamás. También para mis mamás.

miércoles, 11 de mayo de 2011

El café deseado


Terminando las clases de hoy imprimí el Cuaderno de Noah y me dispuse a leerlo hasta quedarme por la mitad del libro. De eso, salí derechito rumbo a Starbucks. Por qué? Bueno, ya viene la respuesta. Tomé mi carro para la Av. Arequipa y bajé en el parque Kennedy. La idea también era ir a ver partidas de ajedrez en la placita Esteban Canal, pero a esa hora (las 3pm) parecía que no suele jugar nadie. Bueno, entré a la Cafetería y pedí un frapuccino sabor té-mango-maracuyá. Como es la primera vez que compro un café en ese lugar, tuve la torpeza de echarle canela, nuez moscada y no sé qué otra menjunjia más. El resultado fue fatal, pero divertido; total, fue mi propio paladar el que terminó pagando pato.

Me dirigí con mi vasito en busca de un lugar en donde sentarme cómodamente a terminar de leer la obra, pero todos estaban ocupados. Adentro, en la sala, todos estaban agrupados en pareja inmersos en sus propias conversaciones, y afuera, la gente parece estar sumergida en su propio mundo y su laptop. No había modo alguno de colarme por ahí. Bueno. Cogí el vaso y empecé a jironear por las avenidas y sin querer queriendo ya me encontraba en Larcomar. Ya me había acabado el frapuccino, y fue entonces que empecé a recorrer aquellos lugares, aquellos lugares que desde que los mencionaste alguna vez  pronto se convirtieron en pretextos vivos y tangibles para recordarte a ti. No lo pude evitar, y me recosté sobre una barra para poder apreciar la quietud de las olas, y me quedé contemplando la melancolía que –en complicidad de la humedad y el color gris de la tarde- me inspiraba el mar.

Cuando el reloj me dio un cuarto para las cinco resolví con que ya era tiempo de volver a casa. Se me antojó unos anticuchos de carretilla por el camino, bueno, al diablo con la dieta, y finalmente, una canchita pop corn para rematar el almuerzo que NO había tenido.

Por cierto, sólo por comentar la obra de Nicholas Sparks, diré que me gustó en un principio, pero ahora que lo sigo leyendo el encanto inicial se ha ido diluyendo, y tal vez porque el tipo ha rellenado las páginas con hartas descripciones sobre hechos y escenas que yo considero irrelevantes o sin encanto. Aparte, cada vez que leo me acuerdo de los personajes principales de la película (The Notebook o Diario de una Pasión, que es cierto, ni siquiera la he visto al 10%) y se me va todo el romanticismo puro, poético, real. No sé, pero ciertamente, a mí no me convence.


Este día es uno entre tantos de esos que te dedico a ti, a la sombra y el recuerdo que dejas en los lugares por donde estuviste. Todo lo que elijo, los caminos que tomo, las direcciones que escojo, el sabor del café que compro, siempre tiene como esencia el deseo de saberte, de sentirte cerca. Lo siento, pero es inevitable, qué puedo hacerle? Sé que no leerás estas líneas, que no es de tu interés hacerlo, pero quiero que sepas que no busco nada en lo absoluto, es mi deseo que se va solo sin importar sea cual fuere el lugar donde llegue. Y yo sigo la línea del corazón.

Si hoy fui hasta ahí, fui sólo porque el primer café quería tomarlo…contigo.

martes, 10 de mayo de 2011

Cinco para las nueve

Mi celular suena a las seis y media de la mañana y me despierta de mi largo y profundo sueño. Noto que hay tres llamadas perdidas, y contesto , era mi amigo Paul, el chico que acabo de conocer no hace mucho, que estudia Contabilidad y es un apasionado a la Literatura. Me explica que quiere encontrarse conmigo en el Paradero, pues tenía “una cosita maravillosa” qué contarme. Me apresuro a cambiarme.

Lo espero como quince minutos más de la hora pactada, y de pronto veo su rostro por encima de los autos. Nos saludamos y sacó de su bolso (jaja, digo, mochila, porque es bien raro que un hombre ande con ‘bolso’) un librito, Cinco para las nueve y otros cuentos, de Alfonso Cueto. Así que me lo prestó.

Bueno, ambos abordamos el mismo bus y conversamos de Literatura y otras cosillas. Como siempre, él hace gala de su don natural para hablar de cualquier cosa, posee una locuacidad inquietante que prácticamente eclipsa mis cualidades en la charla. Cada palabra que modula parece llevar consigo toda la pasión y el sentimiento del muchacho. Siempre termino por aprender algo.

En fin. Él baja en el Óvalo y yo consigo un asiento trasero y así es como me percato que a lado mío había un chico ‘interesante’, por no decir, atractivo a mis ojos. Aprovechando su estado de somnolencia me quedé admirando disimuladamente el perfil tranquilo e intelectual que infundía a través de sus gafas, esas que ahora también quiero rememorar, por recordarlo a él. Nunca un viaje fue tan entretenido xD

Bueno, llegué a la universidad  y apenas llego saco el libro. Tenía que leerlo, me sentía de cierto modo obligada, pues Paul cualquier día de éstos me preguntaría por la obra y yo no sabría qué decirle. Esa fastidiosa presión, esa obligación innecesaria, me incomodaba, y quería acabar de una vez con ella. Abrí sin mucho entusiasmo el libro y lo hojeé con un aire de pereza para enterarme qué tan chicas serían sus letras y cuál el número de páginas. Pero de pronto, empezando a leer, me sumergí tan inconscientemente que ya no escuchaba al profesor esforzándose en demostrar los teoremas sobre Anillos noetherianos. De pronto me había convertido en Julio buscando a un papá, en Alicia acusando al policía, en Roxana que se quedaba mirándole a Ricardo, en la primera persona que hablaba de Jhonny y Mila.

Qué les digo, no voy a considerar la obra como una magnífica recopilación de cuentos (y tómese en cuenta que uso ‘magnífica’ como calificativo sólo en contadas ocasiones), las historias en sí no son gran cosa, pero lo que rescato con toda energía es la calidad de las descripciones físicas y psicológicas de los personajes, Cueto, de quien antes de leer el libro sólo sabía que era Aliancista, que también escribía poesía, y nada más, me fascina ahora por esa facilidad de encontrar la descripción, las características y los adjetivos precisos para tal o cual escena o personaje. O quizá sea impresión encantada de lectora principiante.

Creo que lo que más me atrapó finalmente, considerando que soy muy floja para leer fue que los cuentos son narrados de modo sencillo, sin palabras difíciles que no pueda entender (sonó a Eduardo Chirinos?), y ambientados en una época muy contemporánea. Claro que Cueto, al aparecer, escribe desde un estrato social A ó B, mientras yo vivo en la clase media tirando pa’ baja (o baja tirando pa’ media).

Pero aún así, me gustó, aunque preferiría ahora seguir leyendo pero en horas que no tengan que ver con mi horario de clase, sobre todo considerando que mañana mismo tengo un examen.Por esta gracia  me terminé el librito en dos horas (escuchando, como ya es mi costumbre, Ritmo Romántica) y ahora tengo una tira de fotocopias qué estudiar.

Y así. Cuando me dieron las doce salí al encuentro de mi grupo de amigos para almorzar, terminamos, como siempre, jugando ping pong. A las dos y pico retorné a escuchar mi otra clase, (otra vez, Ritmo Romántica ^^) pero como también ya es mi costumbre, no escucho ni ‘ah’ de lo que dice el profe’ y me concentro en leer lo mío y ponerme a jugar Tetris si por allí me aburro. Dejo el libro del curso abierto si por ahí al profesor se le ocurre hacer su ronda. Ya estoy preparada para todo.

lunes, 9 de mayo de 2011

Yo también soy mamá

Me he dado cuenta que sin la computadora ( y si puedo incluir internet, mejor) no puedo vivir. Cada vez que se malogra- lo gracioso es que siempre sucede JUSTO cuando mi hermano la usa- yo soy la más, digamos, desesperada. Mis piernas se mueven inquietas, mi corazón se acelera, mi alma se angustia, mis sentidos se pierden. Pucha, es peor que estar enamorada. Creo que soy una dependiente. Me preocupa. De sólo pensar que estaré un día sin ella (sobre todo cuando me paso todo el día –inconsciente y serena- esperando el momento en que me encuentre con ella) no puedo soportar por mucho tiempo esa sensación.

Es natural entonces de quien cuida más a la susodicha soy yo. Le cambio el mouse para cuando el ojo óptico no funciona, la llevo al técnico para el mantenimiento, me inquieto cuando el disco duro no funciona bien, mantengo el antivirus actualizado y soy la primera en correr para cuando el estabilizador o los audífonos se malogran. Prácticamente es mi hija, sin ella, cielos, mi vida no tendría sentido xD

Aunque claro, a falta de ella podría optar por el lápiz y el papel, pero dentro de la computadora está toda mi música, mis archivos con los que me entretengo leyendo, con las fotos (de quién más creen) que me hacen sentir en compañía, con mis programas de ajedrez. En la computadora (ni qué hablar si tiene internet) está todo mi mundo, un mundo virtual, inerte, inanimado, tal vez, pero un mundo aparte y muy querido, al fin.

Quién sabe que esta necesidad responda a una característica muy geminiana que es la de hacer muchas cosas a la vez. Me hermano por ejemplo, sólo la usa para jugar póker y revisar algunos archivos de la universidad. Pero para mí es mucho más que eso. La mitad de mi vida puedo resumirla en este corto espacio, reinventándome una media vida con ella. No sé qué es para ustedes la felicidad, pero para mí, la felicidad también está aquí.

jueves, 5 de mayo de 2011

La Nueva Educación

Si no fuera por las amistades que cultivé, consideraría a la época escolar como la etapa menos productiva y feliz de mi vida. De hecho, quizá no pueda opinar mucho de la educación en general porque sólo he llegado a estudiar en colegios públicos, pero aún así en las experiencias que he acumulado enseñando a alumnos de escuelas particulares puedo exponer una buena síntesis de lo que es para mí la educación tradicional.

Estando en el colegio no me sentía libre. Para empezar me aburrían la mayoría de las clases, me cansaban (y me agobiaban) demasiado las tareas escolares que yo cumplía por puro compromiso y a regañadientes. Le agarré antipatía al sistema y a los exámenes, a la disciplina y todo aquello que acarreara obligación. En silencio deseaba desafiar la autoridad, protestar contra algunas ‘tontas reglas’ y emplear mi tiempo en actividades con mucho más ‘sentido y utilidad’. Era una reprimida. Nunca llegué a expresarme con toda la sinceridad con que hubiera querido, porque las veces que lo intenté, recibí de inmediato miradas de extrañeza y rechazo. Soporté calladamente muchas horas de estudio ‘a la fuerza’ y me esforcé únicamente por conservar notas honrosas que me hicieran pasar los cursos. Lo único que me estimulaba en realidad no era el aprender en sí, sino salir con notas victoriosas que me hagan merecedora del primer puesto a fin de año. Qué triste.

En el colegio una no puede evitar sentirse encasillada, como enjaulada en su propia aula. No hay chance para el debate, el foro abierto, la lluvia de ideas porque todo se reduce a unas somnolientas exposiciones aprendidas a paporreta (en eso se redujo mis clases de Ciencias Sociales, por ejemplo) El profesor deja de ser así el cómplice que una busca para aprender, para pasar a convertirse en un obstáculo en tu búsqueda, o en el peor de los casos, el tío antipático que no te deja expresar sin temores tus inquietudes o hacer preguntas que lo contradigan o lo dejen pensando.

El colegio no es un lugar donde una logre encontrarse o descubrirse a sí misma, al contrario, se nos distrae en esa búsqueda imponiéndonos  cosas que no deseamos ni tenemos interés de aprender. Prácticamente terminamos etiquetados y tratados como si fuéramos una ‘masa’ y no como un grupo de seres humanos con características y personalidades especiales.Tuve compañeros que a pesar de no ser muy listos en Matemáticas o Letras, por ejemplo, eran muy habilidosos dibujando o tocando algún instrumento. Lamentablemente esos rubros no están incluidos en la currícula educacional (al menos no en la pública) por lo que su talento pasó desapercibido. Éstas son una de las cosas que reclama la teoría de las inteligencias múltiples.

Quizá fue soberbia mía, pero yo me consideraba autodidacta. La mayor parte de las cosas que APRENDÍ fue fuera de las aulas. Del colegio, sólo recordaba cosas para unas cuantas semanas. Las matemáticas que me gustaban (no las que nos enseñaban) las aprendí en Internet, una plataforma más flexible e interactiva que me enseñaba todo lo que yo quería aprender. Los valores, de los que forzosamente en el colegio nos hacían leer historias o dedicarles una página antes de comenzar un nuevo mes, los aprendí de las lecciones prácticas de la vida.

Así, para mí la escuela sólo fue una etapa en la que conseguí y afiancé amistades ,y acumulé algunas bonitas experiencias. Más allá de esto, creo que no me sirvió de mucho, porque incluso tuve que pasar un par de meses por una academia antes de tentar el examen a la universidad. Si debo ser escueta, diría que once años, y tras cuchucientas lecciones inútiles, sólo aprendí a leer, y memoricé la tabla de multiplicar.

Próximamente: La Nueva Educación (parte II )