sábado, 16 de julio de 2011

A primera vista



Nos conocimos en una tienda, una tarde de verano de hace ya algunos años. Yo quedé encandilada bajo el encanto de sus ojos marrones, y él también pareció quedarse atrapado en los míos. Lo llevé a mi departamento. Se quedó conmigo ese día. También el siguiente. Y así, hasta hoy.

Desde entonces mis días comienzan a llenarse de su ternura. Es una fuente inagotable de jocosidad y energía. Compartimos el cuarto y el desayuno, miramos juntos nuestro programa favorito y salimos por las noches a pasear.

Todas las tardes sé que me espera, pendiente del sonido de mis llaves, del ruido de la bisagra al abrirse, de los pasos que me llevan a la puerta.

Y entonces yo le hago una seña, y él se desespera, y comienza a ladrar.


2 comentarios:

  1. Parecía otra cosa al inicio del relato y es verdad a veces los hombres nos parecemos a los perros, curioso no, escribes muy bonito :)

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  2. Hola! Bueno ,sí, hay algo de perro en el hombre (sin que suene mal) y es eso tal vez lo que los convierte en nuestro mejor amigo.

    Escribo bonito? Gracias! =D

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