miércoles, 13 de julio de 2011

La hora azul

He terminado de leer “ La Hora Azul” de Alonso Cueto y hay que aplaudirlo al tipo, de verdad que sí. Tiene una prosa tan fluida que empiezo leyendo con la intención de dejarlo en algún momento, pero mis intenciones iniciales se esfuman al mismo tiempo que salto a la siguiente línea. Es un maestrazo también en cuanto a la calidad de las descripciones, se nota que hay una facilidad en él por retratar a un personaje, de dibujarlo con las palabras, pincelarlo por dentro y por fuera, de incluso también, meterse dentro del personaje y hablar desde ahí. 



La historia más o menos se traza a partir de que Adrián busca a una mujer, Miriam, una ayacuchana que fue prisionera de su padre, el comandante Ormache,  en la época en que Sendero aterrorizaba esta parte del país torturando y matando gente inocente. Para mí la novela se puso buena a partir del capítulo “XVII” que es cuando Adrián encuentra a Miriam. Ella fue una que se escapó y se salvó de la crueldad de los senderistas y militares. En aquella época negra los militares despojaban a las chicas de su familia, las creían terrucas, las violaban varias veces entre ellos y después las mataban. Pero el comandante Ormache, padre de Adrián, se enamoró de Miriam y la tuvo prisionera sólo para él, protegiéndola así de la rutina de torturas y violación de las que eran víctimas las demás supuestas mujeres terroristas. Pero un día ella, aprovechando el descuido de los hombres que la protegían, los emborrachó, los golpeó, se vistió de uno de ellos, copió su voz y de manera milagrosa y fortuita logró escaparse del infierno al que injustamente había sido introducida por la fuerza.
Para que vean una muestra del talento de Cueto para meterse en la piel del personaje, éste es el parlamento que le da al personaje de Miriam describiendo su fabuloso escape:

“Cuando me escapé tenía puestas las botas de Guayo, el uniforme de Guayo, sí, así fue. Primero fui a mi casa. Tocaba la puerta de mi casa y llamaba a mis papas*. Pero mientras más llamaba, más nadie me contestaba. No había nadie. En Luricocha parecía que todo estaba vacío. Tenía que irme. Me iban a buscar allí. Entonces pensé en ir a Huamanga, caminando o corriendo. Pensé que lo único era llegar a la casa de mi tía Vittorino en Huamanga. Iba a tener que correr toda la noche. Mi único miedo era llegar antes de la mañana, antes de que viniera la luz, con la luz iban a verme las patrullas de soldados o los senderistas también podían verme. Había poca luna y veía poco, pero corría igual pues y casi no sudaba, tanto frío estaba haciendo, yo tenía miedo de encontrarme con senderistas o militares. Toda la noche. De Luricocha a Huanta y de Huanta hasta Huamanga. 
Empecé a correr, tenía que correr, tenía que seguir antes que amanezca, no podía parar, y entonces así pensé que lo mejor era hacer que veía una delgada línea roja en el camino, una línea que no iba por la pista sino por los arbustos y la yerba y las laderas de las montañas, una línea que yo iba haciendo así más larga con los ojos, yo solita la iba alargando, iba haciendo la línea con los ojos delante de mí, y allí seguía.
Al comienzo corría nomás, quería correr rápido, las botas me pesaban pero no podía quitármelas, entonces pensé que iba a entrar por las laderas para seguir de frente, quería correr por la carretera, de repente me sentí tan bien, tan fuerte de repente, como que dentro yo sentí que un gato grande me había entrado y que ya estaba dirigiendo todo lo que yo estaba corriendo, yo me olvidé de que mis piernas estaban allí, el miedo me hacía sentir como un gato en los pies, así era el miedo, pero me daba más fuerzas, así que sentía el dolor del miedo en todo el cuerpo, el dolor del miedo que te hinca desde dentro. Los pies, las botas que tenía empezaban a volar conmigo, no sentía nada, no pensaba nada, sólo en correr nomás, me olvidé que corría en Huamanga, corría así nomás, el viento me silbaba, yo ya no sentía la tierra, no sentía el frío, una puede correr toda su vida, correr siempre, o sea una no puede pero el cuerpo sí, el cuerpo quiere salvarse aunque tú ya digas que no, pero el cuerpo quiere seguir. Al comienzo hay una razón, te quieres escapar, yo sólo pensaba quiero encontrar a mi papá, quiero ver a mi mamá, ¿dónde estaban?, están donde mi tío Vittorino, pensé, allá en Huamanga, también pensaba que de repente muertos estaban, los senderos los habían matado, ya pensaba que así había sido. Pero no sabía seguro. Entonces, mis piernas golpeaban en la tierra y decían dónde están y la otra le contestaba dónde están. Y entonces yo los vi, pensé los voy a ve en Huamanga, pensé allí van a estar, estaban en Huamanga, en la casa de mi tío de allí, y estaban en lo que yo los miraba, estaban en el aire, retratados en el aire, y tan feliz allí corriendo, ahora recuerdo, pensando que iban a llegar, yo iba a verlos, iba a ver a mi mamá y a mi papá. Las lágrimas eran malas porque me hacían dar más frío en la cara, mientras más lloraba, más frío tenía.

Y después, mientras me corría, me olvidé que corría, el cuerpo corría y yo empecé a pensar en lo que me esperaba allá. Iba a amanecer. Cuando el cielo se pusiera azul, los soldados iban a encontrarme, iban a verme, y me iban a llevar, iban a matarme y si los senderos venían también iban a llevarme, iban a matarme también como mataron a mis papas y a mis hermanos, yo tenía que esperar  que siguiera la noche, todo ese camino que yo ya había visto tanto pero ahora oscuro, yo corría, pero corría en la tierra y en las piedras negras la luna me parecía que a ratos me llamaba, la luna avanzaba delante, me parecía que me daba consejos. Cuando no había paso en borde de cerro corría un ratito por carretera, pero después regresaba al campo, regresaba.
Todo el tiempo pensaba que la hora de la mañana iba a ser la muerte, iba a llegar a un amanecer de ruidos, por eso tenía que estar en la puerta de la casa de mi tío antes de la mañana. Yo todavía estaba allí en silencio, en la noche, ya había pasado tanto tiempo, esa noche a ratos yo me olvidaba por qué estaba corriendo, pero corría nomás, seguía nomás. Dos veces mi cuerpo se paró, yo no, pero el cuerpo dicen que se le acaba la energía y se para y dos veces me desmayé y me quedé dormida en la tierra pero después el frío me despertó, y me paré y seguí, ya no sabía por qué estaba corriendo, estaba cerca pero que ya iba a ser de mañana, iba a amanecer, y entonces vi el azul en el cielo, cuando ya vi las paredes de Huamanga cómo me sentí de contenta, ya era la hora azul, iban a verme, iban a encontrarme los soldados. Tenía que llegar, y yo casi estaba llegando y entonces allí, sólo cuando vi el cielo, empecé a llorar por el dolor de las piernas, y las piernas se me cayeron y me escondí, vi de lejos las patrullas y me arañé los dedos, entré por un campo y llegué a las calles, corrí a toda velocidad, y ya por fin llegué a Huamanga, no me vio ninguna patrulla por allí, el aire casi era claro, era la hora, corría sin ruido, los pies en el aire, llegué al jirón Huancavelica, allí vivía mi tío Vittorino, vi su puerta de madera vieja, con su alambre, empecé a golpear como loca la puerta, golpeaba la puerta de madera vieja, y hasta que mi tío  me abrió y lo abracé y lloramos tanto abrazados, y me dijo lo de mi papá y mi mamá y mis hermanos. Oigo sus lágrimas en mi hombro ese día. Oigo su llanto. Todos muertos. A mi hermano mayor lo mataron los de Sendero porque estaba con los soldados, y mis papas * y mi otro hermano se habían muerto en una noche de balacera, cuando Sendero atacó Luricocha, mis padres y mis hermanos muertos, cuando me dijo eso mi tío, allí mismo me caí, me quedé desmayada, y después me desperté. Y de frente fui a la ventana, saqué un vidrio de la ventana, y me corté las venas, me hubiera muerto, si hubiera podido morirme me hubiera muerto. Tenía los dedos temblando y las manos de sangre, eso me acuerdo. Me acuerdo de mis manos. Pero mi tío me llevó donde un médico que su amigo era, y me curó y por mi tío estoy aquí, porque él me salvó.
Y ese mismo día mi tío Vittorino me dio ropa. En la calle vi a unos soldados pero no me hicieron caso, entonces mi tío me consiguió plata esa noche, me llevó a la estación de ómnibus, llorando sin lágrimas para que no me vieran fui a la estación y me vine a Lima. Al salir de Ayacucho, en la carretera, unos soldados pararon el ómnibus pero yo tenía libreta electoral de mi prima con otro nombre, así me había dado mi tío, y entonces me dejaron ir. Así que me dormí y me desperté muchas veces, todo siempre era tan oscuro hasta que una vez me desperté y de repente vi Lima, vi calles y carros, vi semáforos, vi edificios, vi gente que gritaba en una vereda, vi postes grandes de luces y nadie me miraba. Todos pasaban nomás. Estaba mi primo Paulino en la estación y me llevó. Ven, hija, vas a estar bien, no te preocupes, Miriam, así me decía. Yo caminaba temblando por entre tanta bulla. Me llevó a su casa, vivía por la avenida Alfonso Ugarte, una avenida de varias pistas, yo no podía creer, lloraba con todo lo que veía, todo me recordaba a mi familia, lloraba por mis papas y por mis hermanos. Me quedé en casa de Paulino. Después yo lo ayudé en su tienda que tenía, con unos amigos suyos, me hicieron llevar al médico y me llevaron a la Maternidad a dar a luz. Nació Miguel, así le puse por el arcángel, Miguel. Mi tío Vittorino llegó a Lima también y me ayudaba, y felizmente conocí a una señora que conocía a otra, la señora Paloma, y fuia su casa, me aceptó. Y así pues. Así pasó el tiempo. Así pasaron años. Así creció Miguel. Pero yo siempre, todos los días, hablaba con mi mamá y con mi papá, y con Jorge. Hablaba con ellos. Siempre hablo con ellos. Hasta hoy”


 © Alonso Cueto

*Creo que papas (como mamas) llevan tilde en la última vocal, pero aquí no las ponen como en varios libros que he visto por ahí.


Como dije, tiene una prosa fluida que desborda en párrafos gigantes, mucho talento en las descripciones de las escenas, y bueno, qué locuaz el hombre.

2 comentarios:

  1. que bueno que ya la habia leido,si no te hubiera acusado amargamente de hacer spoiler jaja.
    efectivamente, un libro altamente recomendable.
    un abrazo

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  2. Jajaj,tienes razón Ludobit! Para la próxima tendré más cuidado al comentar lo que leo, porque si sigo así le arruinaré una buena lectura a la gente =P

    Un abrazo también ;)

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