sábado, 2 de julio de 2011

La casa de mis sueños




Me he acordado del viaje a Ica, ése que mi tía R, mi tía N, mi hermano y yo hicimos en el 2001. Aquélla vez nos instalamos en el hotel Paracas por algo más de tres días. Por entonces yo era una chica un poco aburrida que no sabía disfrutar mucho con las cosas simples de la vida, o en todo caso, mi modo de disfrutarla era bien excéntrica, poco convencional. Teniendo campos de tenis, motocross, piscina y demás, mis horas de disfrute se reducían a jugar ajedrez con mi hermano ya sea en el hotel o en el patio en la que había un ajedrezón, donde yo cabía tranquilamente en un casillero. Mi hermano andaba harto conmigo. Yo tenía un modo muy sedentario y contemplativo de divertirme, pensando, escribiendo…Creo que por aquella época yo había comenzado a escribir poesía y dármelas un poco en mis aires de filósofa. Creo que no era una chica normal. Por Dios, tenía diez años!! Recuerdo haber mirado tras la ventana de mi habitación, y me veía ahí, contemplando la noche (ya pasada media noche), pensando no sé qué cosas de la vida…


 
Recuerdo todo eso y me acuerdo de lo lindo que era el hotel Paracas. Era un hotel tres o cuatro estrellas, pero tenía todas las comodidades que soñaría tener de nuevo.

Sueño con una casa linda como la de las fotos, con piscina y con un amplio jardín como el que tiene ahora mi tía. Bueno, ya no importa el jardín, pero sí con piscina. Pero para esta casa necesito trabajar, en todo caso, sacarme la Kabalita. Pero sacarme la Kábala no está en mis manos. Lo que está en mis manos es trabajar. Para trabajar, necesito estudiar. O sea, por transitividad, para tener la casa de mis sueños necesito estudiar. Claro que me las puedo arreglar sin estudiar, total, también soy lista y puedo salir adelante sin necesidad de estudios, como emprender un negocio como mi mamá. Pero yo siento que debo estudiar, para trabajar en lo que me gusta. Pero para trabajar en lo que me gusta tengo que estudiar en lo que me gusta. Se supone que estoy estudiando lo que me gusta. Claro que no me arrepiento de lo que estoy estudiando, sé que si no estudiara Matemática no estudiaría nada más, pero algo ocurre que no siento la magia que debería estar pasando. Yo no puedo estudiar cuando no me nace. Tampoco podría trabajar en algo que no me gusta. Yo quiero estudiar, sí, pero con pasión. Y ahorita, por alguna razón, no hay pasión en mí. O sea, tengo que hacer aflorar en mí la pasión de hace unos años, de esos cuando yo tenía catorce o quince. Tengo que volverme a hacerme sentir esa pasión que emergía en mí. Entonces cuando tenga esa fuente de inspiración, esas ganas que siempre tenía, entonces así sí me saldrían alas, a mí nadie me para cuando estoy inspirada. Simplemente lo puedo todo, me saco el ancho por lo que quiero. Pero primero las ganas.

Pucha, qué complicado es todo esto.

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