martes, 5 de julio de 2011

El señor Carlos

Don Carlos es todo un personaje. Es alto como el profesor Girafales y gordo como el señor Barriga. Todo un Papa Noel. Su voz es pausada y serena, es lento al hablar. De hablar lento pero seguro. Debe haber pasado ya los cincuenta años. Tiene bigote y siempre está de buen humor. Yo lo conocí como hace tres años cuando se vino de Miraflores a mudarse por nuestro barrio, así que solía venir todos los días a comprar su orejita (dulce de masa hojaldre con azúcar) acompañada siempre de una Inca Kola. Se sentaba en una mesa y se ponía hablarme sobre sus tres carreras (Ingienería no sé qué, Auditoría en no sé cuál y Arquitectura) Hablaba siempre con su voz pasmosa pero con mucha inteligencia de todos los temas, aunque más intelectuales que de la vida misma. Solíamos discutir a veces, pero siempre en buena onda. Yo le hablaba de mis estudios y él me decía que había resuelto todos los ejercicios propuestos del Hasser. Creo que a veces no desperdiciaba la oportunidad de alardear. Pero yo siempre pensaba (y pienso): “es un buen tipo”. 

Hace poco que nos hemos vuelto a encontrar, como siempre, yo detrás del mostrador con mi mandil y él con una nueva boina beige que me hace recordar al vate chileno a quien por cierto, también se le asemeja un poco en la manera lenta y arrastrada de hablar (y lo gordo tal vez). Nos ponemos al día sobre las cosas que nos pasaron a cada uno y me pide un enrollado de manzana, mientras, típico en él, se toma todo el tiempo del mundo y se sienta a conversar. Recuerdo el tiempo en que se la pasaba hablándome durante dos o tres horas sobre sus épocas en la UNI, sobre política, matemáticas o cualquier cosa. Mi tía decía que debía ser un vago. Yo pensaba que era jubilado o un tipo ordenado que se daba su tiempo. De hecho, acertaría en la segunda opción. Pero bueno, me había quedado en que se sentó en la mesa con su strudell de manzana y una Aquarius desde donde me observa despachar a una chica:

-Cuánto está esto? (como dice Percy, costumbre de pobre-de siempre preguntar por el precio-)
-Ah, el keke inglés…eso está….ehhhhh, ehhhhh –me rasco la cabeza porque en verdad con lo poco que voy y con lo tan seguido que cambian los precios se me cruzan los chicotes- está dos soles, digo al fin, después de aclarar mis pensamientos.

Luego de que la chica se va, don Carlos se me acerca y me dice: 

-Paty, por qué las muletías?
-Ah? –en realidad su pregunta me deja sorprendida. Bueno, me había olvidado el precio, como ya casi no vengo…., le digo yo.
-Ahí se nota la aptitud de un profesional. Cuando tú enseñas no puedes estar dudando.

Eso me ha dejado pensando.

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