jueves, 30 de junio de 2011

Mis torpes mensajes de texto

Hace unos días estaba bajoneada, no algo tan importante de lo que habría qué preocuparse, pero media bajoneada al fin. Si bien soy de tener los ánimos bien en alto, a veces, cosas que pasan, me pongo de un humor medio triste que se me pasa rápido pero que me hace también cometer torpezas.

Estaba con una mezcla de impotencia y tristeza por un hecho que había sucedido hace unos cuantos minutos.  Eran algo más de las diez de la noche, y necesitaba que alguien me dijera algo nuevo de lo que me decía mi cabeza. Mi tía suele juzgarme en demasía, y mi hermano casi siempre es indiferente. Además, ambos estaban involucrados en el hecho. Pues yo quería a alguien, en ese momento lo quería, y ese alguien no debía juzgarme y tendría que ver mi caso no como algo insulso y sin importancia, aunque tal vez lo sea, no, yo quería ese alguien que aprecie mi problema y me comprenda.


Mandé un mensaje a la primera persona que se me vino a la cabeza (y recordé lo que oí una vez: “Amigo es la primera persona que viene a tu mente en los golpes de la vida”. Bueno, éste era sólo un golpecito, pero el hecho que haya aparecido primero, pues puede decir algo). En fin, le envié el mensaje a esa persona y a otras cinco más de mi lista de contactos. Algunos tal vez no serán mis amigos, pero yo los consideraba como tales. 
Los mensajes empezaron a desfilar, como la timbrada de los misios también. Alguno me hizo un chiste, y otro trató de alentarme, pero la mayoría no me entendió del todo. Los comprendo. Tampoco yo he ayudado mucho a que me comprendan. Les pedía mi ayuda sin contarles todo. Guardándome el secreto. El asunto es que después del desfile de mensajes se me ocurrió cómo podría solucionar el problema, y al día siguiente, ante la pregunta de algunos, pensé en que fue mala idea lo de los mensajes.  A veces meto la pata.

(…)

A veces desearía poder confiar en alguien, confesarle con toda la confianza que cabe en mí cada una de mis cosas, también de mis secretos, pero cuando sientes que la encontraste, te das con la sorpresa que ella no está ahí para ti, simplemente no lo está, o no lo quiere estar. Y al otro lado, también, tienes a un grupo de personas que están ahí dispuestas a ayudarte, pero tú no les abres tu corazón, porque simplemente tampoco quieres. Y no me quejo, por cierto, porque sé que ni uno ni los otros tienen la culpa. Nadie tiene la culpa.

Las cosas simplemente son así.

1 comentario:

  1. MUY CIERTO, TODO ES COMO ES Y SUCEDE PARA QUE APRENDAMOS DE ELLO. SI NECESITAS A ALGUIEN QUE TE COMPRENDA DEJA DE BUSCARLO, NO LO ESPERES... EL UNIVERSO TE DARÁ LO QUE NECESITAS SI SABES TENER PACIENCIA, SÓLO EXPECTANTE.

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