martes, 7 de junio de 2011

Entre cuerda y loca

Ayer, como a las seis y media de la tarde, me encontraba frente a la computadora con la intención de escribir, pero al teclear las primeras letras, me di cuenta que no quería hacerlo, que esta vez y por vez primera, no quería ni tenía ánimos de escribir nada.  Nada. Empecé a leer la carta que le envié a él hace una semana, como para conmoverme, pero en ese momento, noté que yo no lo amaba, en ese momento no tenía ganas de quererlo a él ni a nadie. Pensé entonces en tocar la guitarra, pero la sola idea ya me causaba flojera. El desánimo me había cogido de pies a cabeza. Apagué la computadora de golpe. Esto no se podía quedar así. 

Siempre he creído que la gente que se aburre es por culpa de ella misma, porque no tiene la suficiente creatividad como para maquinar algún mecanismo de entretenimiento en su cabeza. O porque simplemente algo jugó en contra dentro de sus ánimos. Cuando nada me conmueve, nada me estimula, cuando algo me aburre o yo me siento aburrida, no culpo al mundo ni a lo que me rodea, la culpable de estar aburrida soy yo.
Lo primero que se me ocurrió para contrarrestar  este incómodo estado fue intentar hacer lo que siempre pienso hacer pero que a veces no hago: Locuras. Sí, yo creo en las locuras, en los disparates, creo que en hacer algo fuera de lo común despierta tus sentidos o los haces más sensibles, más o menos construye un caminito como para que tú puedas reactivar eso ánimos caídos. Curiosamente, en mi desánimo, es cuando tengo más aplomo, más arrojo, más determinación para la acción, y menos pensamiento.

Una de las cosas que se me ocurrió hacer fue hacer travesuras telefónicas, no al estilo de Damián y el Toyo, sino algo más mongo, más monce, pero constructivo a la vez: Leer mis poemas, o quién sabe, poemas ajenos. Me imaginaba cogiendo un número al azar de la guía telefónica, tomar la línea y empezar a recitarle-a quien fuera que fuese el que esté al otro lado del auricular- un poema bonito y alentador. Imaginaba eso y pensaba que no era una mala idea después de todo. Seguramente que por ahí le levantaba el humor a alguien, y que al terminar me sentiría satisfecha conmigo misma como lo reza la frase “más felicidad hay en dar que en recibir”. No creo en ello pero no estaría mal hacer la prueba a ver si es cierto.

Estaba en esas pero mi tía se puso a ver la T.V. y yo no pude gorrear la línea de teléfono en su delante. Tampoco tenía ánimos de explicarle mis intenciones porque me exponía al roche de que me mire con ojos de eres rara, así que no. Otra opción hubiera sido hacerlo desde mi celular, pero considerando el tarifario eso me iba a salir un ojo en la cara. Descartado. Ahora que lo pienso mejor, puedo coger números de celular al azar y enviar algún mensaje alentador, o un verso ( firmando desde el apodus “Sociedad Pro Sonrisa” o algo así) . Esto me está emocionando.

Pero bien, decía yo que esta idea no se podía llevar a cabo, entonces agarré y esta vez se me ocurrió enviar un mensaje de texto a P. para preguntarle “oye,  yo te gusto?” jaja, no sé cómo se me ocurrió eso, pero desde hace un tiempo sospecho algo raro de este chico, sólo espero que no lea este post, y si en caso lo lee, entonces tendré razón para sospechar que la respuesta es afirmativa, en cuyo caso…bueno, ya hablaré después.

Pero no, tampoco lo hice, porque en esos momentos sinceramente tampoco quería saber de P.

Entonces nació una tercera idea, y es la de salir a contemplar la tarde (ya haciéndose noche) en el amplio jardín de atrás que tiene mi tía. Quizás entre bugambilias, cucardas, romeros y geranios nacía la inspiración y los ánimos que en ese momento me flaqueaban. Puse PLAY a mi mp4 y abrí con Kuntur de Lucho Quequezana. Después desfilaron Desde Cuándo de Alejandro Sanz, “When You are gone” de The Cramberries, “Comptine dun autre ete”  de Yann Tiersen y “I love the way you lie” de Rihanna-Eminen,esta última que me hizo alucinar por un rato y comencé a mover mi boca como si cantara como Rihanna (aunque no sé ni michi de inglés)y a hacer los mismos movimientos pegajosos de Eminen que vi en el videoclip. Una luz alumbraba ligeramente mi rostro, yo cerré los ojos y pensé estar en uno de mis conciertos, llenísimo por cierto, con todo mi público aclamándome. El ladrido de los tres perros de mi tía C.que habían encontrado una rara sombra (mi sombra) bajo la lluvia, en esa tarde celeste, me despertaron. Pegué un resondrón llamándoles a cada uno por su nombre para que los canes callaran. De pronto mi tía S. venía y me escondí tras uno de los árboles (sabe Dios qué nombre) y me oculté hasta que se fuera, mientras por mis audífonos ya escuchaba “A quién quiero mentirle” de Mark Anthony. Ella finalmente salió, y reanudé la marcha de mis pensamientos (cuáles?) bueno, esos de los que tenía intenciones de pensar, o sea, pensar qué estoy haciendo con mi vida, si debo continuar estudiando Matemática, esa misma carrera que antes adoraba y que ahora parece que ya no tanto, y en fin, hacer como una introspección, cosa que no hago muy a menudo por cierto.


Deambulé de un lado a otro mirando el suelo como suele hacer alguna gente preocupada, por ratos prestaba a alguna canción que reproducía el MP4, por ratos miraba a mi alrededor y me preguntaba qué era de la gente que estaba al otro lado de la pared, trabajando y siempre en movimiento, pensando si acaso hacían eso por obligación o porque con ello su vida tenía sentido.  Recordaba entonces cuando alguien me habló del estrés comentándome de una tensión en el cuello, cosa que nunca sentí en mi vida, mucho menos en esos momentos, que a pesar de tener los parciales del semestre a unos cuantos días (y para los cuales no había estudiado NADA) yo me hallaba allí feliz de la vida. Vi el reloj y ya era hora de servir lonche. Mi humor aún seguía medio caído. 

Pero después de comer reparé con que no era la música, ni la meditación, ni la poesía, ni jugar ajedrez, no, en esos momentos la cosa más poderosa para subirme el ánimo y que finalmente funcionó era…….la COMIDA.

[Post Post: Encuentro curioso el hecho que alguien llamase-por teléfono-, no sé, por ejemplo a mi casa, y se pusiera a contarme sobre algún problema, a mí, una completa desconocida. Me daría el tiempo para escucharla? Sería el oído que atiende o un pañuelo de lágrimas? Si a ti te pasaría lo mismo...lo harías?]

2 comentarios:

  1. NO, NO ESCUCHARÍA A UN DESCONOCIDO DEBIDO A LA GRAN CANTIDAD DE ESTAFAS Y MAFIAS QUE BUSCAN SACAR INFORMACIÓN POR CUALQUIER MEDIO.

    DE QUE DAR DA MÁS FELICIDAD QUE RECIBIR, ES CIERTO SIEMPRE QUE UNO ENTIENDA QUE DEBE DESAPEGARSE DE LA MATERIA PORQUE ÉSTA NO TIENE IMPORTANCIA. ES ALGO QUE SE ENTIENDE EN SU DEBIDO MOMENTO, NI ANTES NI DESPUÉS... AUNQUE PARA MUCHOS ES EN OTRA VIDA, NO EN ESTA.

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  2. Buen punto, no me había puesto a pensar en eso, pero supongo que siempre habrá gente que sí necesita sinceramente a alguien que lo escuche. Creo que yo sí escucharía, mientras no me pida otra cosa más que un consejo.

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