martes, 3 de mayo de 2011

Río

Esta tarde aproveché el tiempo libre que me quedó entre el almuerzo y las clases para ir a jugar ping-pong. El jueguito éste ya se me está haciendo muy adictivo! El otro día me pasé cerca de cinco horas (mandé al diablo las clases xD ) y hoy me costó una buena dosis de voluntad para dejarlo. En fin. Ahora, de regreso, me metí al Cineplanet que queda a unas cuantas cuadras de la casa para ver la peli que hace mucho tenía pendiente: Río! Previo a ella me la pasé conversando con un ‘amigo’ (pues lo acabo de conocer hace poco más de un mes)al que le gusta hablar bastante (pero en forma interesante) y buéh, a la hora de comprar el boleto:

-Cuenta con tarjeta Cineplanet?
-No, no- respondí yo.

Odio las tarjetas y afiliaciones, sé que en el fondo, no se trata más que un artificio de las empresas para que consumas más; con el cuentito ése de las ofertas y otros beneficios, los tipos buscan llenar sus arcas manipulando la psicología de quienes muchas veces no quieren consumir, pero estimulados por la idea de adquirir algún beneficio (a corto o largo plazo) consumen cada vez más y más. La frase que parece caracterizar nuestra época es: “Cuanto más consumas, más feliz serás”. Así que , rebelde yo, siempre he buscado evadir y escaparme de este tipo de ataduras. Quiero consumir cuando así yo lo desee, porque me hace feliz, porque quiero hacerlo.

-Pero no quiere sacarse una?
-No joven, gracias (sonrisa y ya dame mi boleto)
-Pero sólo cuesta dos soles- me insistía el tipo.

Después de un par de vueltas más, chesu, ya tengo mi tarjetita que me acredita como “cliente Premium”.  Ahora la tengo aquí en mi bolsillo.

Bueno, salí a esperar al amigo, conversación, entré al Plaza Vea a comprar un regalo, y unas cuantas cosas para comer. Diez minutos perdiendo tiempo en la cola (ya empezaba a destapar las cositas que había comprado para comer) y a correr porque ya llevaba diez minutos de retraso. En la cola de entrada al cine, una chica me pide que abra mi bolsa ‘por seguridad’. La abrí, y , chess, me decomisaron mi latita de Pingles y mi galleta Ritz. Rayos, si no me da la gana de comer canchita, acaso no puedo comer mi Pingles? Quise reclamar, pero no tenía humor ni tiempo. Mientras caminaba a la sala me compadecí de la empresa (bueno, tal vez no ganarán mucho del cine en sí, quizá quieren compensar esa falta de ingresos con el consumo…buéh) pero ni bien vi a una chica volviendo a ofrecer canchita y gaseosa dentro de la sala, se me fueron todos esos pensamientos. Maldita sea, como sea te quieren forzar a consumir.

Me senté a ver la peli, a pesar que varios de mis amigos me decían que no era buena, para qué, no será una gran película pero me reí bastante (como lo hago la mayor parte del tiempo) y tal vez reí en exceso (en parte porque la carcajada general te contagia a ello). El salón estaba tan repleto (sobre de todo de chibolitos de diez para abajo) que podría apostar a que no quedó ni una butaca vacía.

Pero sabes? La mayor parte de la película me la pasé pensando en ti. Si fui a ver Río sólo fue en exclusiva, para saber, para conocer de cerca, para sentirte allí. No sé si algún día llegarás a leer esto, pero, nada de lo que hice hoy  tendría sentido sin ti.

Y mañana tengo práctica. A levantarse temprano. (Por cierto, qué hacer para levantarse temprano? Alguien me dijo que sirve el hecho de repetírselo a uno mismo con insistencia hasta quedarse dormida, pero en mi carácter despreocupado e irresponsable no ha surtido efecto. Tal vez lo más obvio e inmediato sería irse a dormir temprano. Aunque no me guste irme a dormir temprano.)

Aquí la propaganda que pasaron durante los previos a la película (que la pasaron quince minutos después de la hora programada. Otra queja!) Me gustó el video, así que lo comparto. Quizá mañana hable más de ello.

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