jueves, 12 de mayo de 2011

A quien yo digo mamá


Bien, estoy de nuevo frente a la hoja en blanco y pienso en escribir algo para el día de la madre. Es jueves 05, tengo que enviarlo mañana al Perú Shimpo, no tengo mucho tiempo. Pero, acabo de escuchar las críticas de mi tía sobre lo que escribí en “La Nueva Educación” y no estoy muy entusiasmada que digamos, es más, hasta se han querido saltar un par de lágrimas que he tenido que disimular mientras me ingería el lonche. A veces me pasa. Lo curioso es que a mí no me afecta lo que me diga el resto de la gente, pero si me lo dice mi tía, no sé por qué, pero me afecta tremendamente.

Mi  tía me pregunta si yo ya le envié una tarjeta a mi mamá, y ante mi negativa, me replica que ‘nosotros’ (yo y mi hermano) somos raros. No sé cómo explicarle que yo no suelo hacer cosas si no me salen del corazón. Y aún no he aprendido a hacerme sentir ciertas cosas en el corazón. Es decir, sé que debería querer a mi madre más que a nadie en el mundo (después de Dios), sé que debería hacerle saber a ella, a través de una tarjeta siquiera, que en este día en especial, he vuelto a recordarla. Pero no me nace hacerlo, aunque esto le rompa al corazón. Lo siento, pero así soy yo.

El año pasado, recuerdo, le hice un video. Ahora no sé qué hacer mientras tengo miles de ideas revoloteando por mi mente. Tenía siete años cuando nos dejaste a cargo de mi tía (a quien siempre menciono aquí) y desde entonces ya nada fue igual. Nuestras conversaciones siempre pendían del teléfono, tus visitas eran esporádicas, y hoy suman trece años ya que no he vuelto a verte otra vez. Y qué te puedo decir, mamá, si la distancia pareció- aunque no debería- haber creado una imaginaria barrera entre las dos. Nuestra relación se congeló, pero tarde o temprano, confío, volverá a reactivarse. Lo sé, lo creo.

Sin embargo, si mi almohada hablara, te contaría sobre alguna de esas noches en que reclamé esas manos tuyas que calmaran aquellas palpitaciones que por la angustia me impedían dormir.  Eché tanto de menos esa paciencia y comprensión con la que siempre me escuchaste (a pesar que te gustaba hablar demasiado, lo sé) y tu mirada tranquila y reposada  que me hacía saber que me entendías nada más verme, y que no me juzgabas. Tenía catorce años y quise ser fuerte sin ti, y me creé mi propia madre imaginaria, y quise llenar por mi propia cuenta todos los vacíos, y me creía capaz de hacerlo, es verdad, pero no era suficiente, nunca fue suficiente.

Me hacías falta tú.

Pero yo también tengo otras dos mamás. Ambas cocinan demasiado rico y a las dos les gusta tejer. Una se acerca más a mi generación (aunque ni creas, está en la base 4 ^^) y con la segunda me peleo todo el tiempo (sorry, pero yo también tengo mi genio). Ambas tienen una forma especial y particular de ser mi mamá, a su modo, pero lo son aún así para mí, por más que muchas veces lo olvide por una eventual cólera o ceguera mía. No puedo enumerar las veces en que ellas hicieron algo bueno por mí aunque yo no lo haya sabido nunca, o es más,  aunque yo nunca se los haya agradecido. Me quejo todo el tiempo de mi tía por su conservadora y cerrada forma de ser, pero no he sabido apreciar el hecho que ella aguanta también mis rebeldes y caprichosas formas de actuar. Me quejo porque no me da la libertad que yo quisiera, y me olvido que es la única que aceptó cuidarnos cuando nadie más lo hizo. Me quejo, me quejo, me quejo; y me olvido, me olvido, me olvido.

Pero  hoy es mi momento para agradecer cada frazada con la que me cubrió en algunas madrugadas frías mientras yo- roncando y seca de sueño- no me di por enterada sino hasta cuando me desperté. Agradecer por cada plato de comida que como sin imaginar el esfuerzo que hubo detrás. Por cada oportunidad que me da a diario de vivir, de ser mejor. 

Feliz día a todas las mamás. También para mis mamás.

2 comentarios:

  1. Gracias a Dios he tenido a mi mamá siempre a mi lado. Aunque ya no vivimos juntos hace muchos años (porque ya estoy tío y con hijos y no voy a seguir viviendo en su casa!), pero siempre que puedo la visito y ella a mi.
    A veces es difícil entender los actos de amor de las personas. No sé nada de tu historia pero presumo que tu mamá posiblemente no esté a tu lado por alguna razón muy importante o porque haya pensado que es lo mejor para ustedes (por ejemplo las personas que se van al extranjero a trabajar). Muchas veces hay que sacrificar ciertas cosas para obtener otras. Hay que poner en la balanza y tomar la mejor decisión.

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  2. Exacto Eduardo! Bueno, yo comprendo lo que hicieron mis papás y los quiero, aunque, debo admitirlo, es muy distinto cuando no convives con ellos y tan sólo debes conformarte con el sonido de su voz al otro lado del teléfono...

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