martes, 17 de mayo de 2011

Más allá de Larcomar


Conversaba con Paul (silencio a las murmuraciones alcahuetas) mientras viajaba en el bus a la universidad, y bueno, me preguntó sobre los ‘anillos noetherianos’ (lo mencioné en un post anterior) y quise explicarle de un modo bacán para que se entendiera, pero creo que me enredé y ni yo misma me hubiera entendido si hubiera sido él. Pensando en ello me he dado cuenta que si alguien me pregunta por mi carrera, lamentablemente no sé cómo explicarme, al menos de un modo entretenido de entender( algo así como el estilo Numb3rs). Y me da impotencia no hacer llegar la misma pasión con la que me siento yo.

Buéh, nota aparte, me puse a dormir y...luego de unos minutos (largos, vale decir), como nunca:

-Señorita, señorita, ya estamos en Fauccet (último paradero)

Me había quedado dormida. Nuca me había sucedido (al menos no a la ida; siempre habrá una primera vez) y apenas levanté la vista, noté que no había nadie ya en el chosicano, salvo el chofer, el cobrador y yo, la dormilona perdida en Faucett. Me bajé mientras mentalmente agradecía el hecho que los tipos eran buenos muchachos a los que no se les había ocurrido hacerme nada (o quizá se les ocurrió pero igual, buenos muchachos, no hicieron nada) y bueno, mientras miraba la hora (9:00) se suponía-la idea más obvia-que yo debía tomar el carro de regreso. Pero no lo hice. En realidad, en lo primero que pensé no fue en eso. 
 Escapémonos, le dijo la Paty enamorada a la otra Paty (yo). Y yo dije, ya pues.

Tomé otro carrito y al bajar parecía que ya me conocía la ruta de memoria. Cada paso que doy hacia tu casa parece ser también a la mía: Cuatro cuadras arriba, te chocas con una casa, ahora camina a la izquierda. Es la segunda vez que estoy allí. Por qué fui? Para nada, sólo por ir, porque sé, que una vez estuviste también ahí. Sé que es tonto, y yo soy tonta. No niego esa verdad.

Di tres vueltas por la casa antes de armar los ánimos para irme. Qué habrán pensado de mí los vecinos que me vieron? (si me vieron) Sospechosa. Compré yogurt y galleta en la bodega de la esquina (tu esquina) y te alucinaba también comprando en la misma tienda. Volví a dar otra vuelta (tenía que memorizar bien la imagen que se presentaba ante mi vista, esa casa que veía, era tu casa) y luego de pensarlo un poco, se me ocurrió llevarme algo de ahí, algo que haga patente para mí misma que había ido hasta allí, que no era un sueño, que ocurrió una vez, alguna prueba de mi locura. Cogí una hoja de una planta del jardín (sorry plantita) Creo que era una ponciana, pero no, no era el árbol, porque era planta, pero sus hojas son bien parecidas a las hojas de ponciana (como una palmera bonsái, algo así) Al tratar de sacar una hoja se desprendieron varias hojitas de la hoja (¿?) y prácticamente, ahora que lo he sacado de mi mochila, tengo sólo el palito de la hoja que en estos precisos instantes está en frente mío, pero bien, ahí está y ahora que me he puesto escribir creo que estoy orgullosa de mi hazaña.

Volví a tomar el camino de regreso (dos carros más) porque la vida continúa aún después del amor (¿amor?) y debo despertar del idealismo que me envuelve, y debo seguir mi camino, las clases por supuesto. Llego a la universidad y resulta que eran las elecciones (me había olvidado que lo eran) y a votar se ha dicho, pero intervino el Federado y el mismo parloteo y al final no hubo nada, y ya qué hacemos, y bueno, terminé jugando fútbol con tacos (experiencia tortuosa y divertida-prefiero mencionarlo en ese orden para quedarme con la idea de que me divertí y olvidarme por completo que me costó media hora de dolor en mis piececitos-) y otra hora de ping pong (aplíquese el razonamiento anterior). Bueno, charleé con mi amiga (tú sabes, cosas de mujeres) y se pasó la hora tan rápido que olvidamos ver el reloj y ella tuvo que mentir para justificar su retraso en la clase que dictaría después. Yo, por mi parte, tomé un carro a Larcomar cuyo chofer me mintió y terminé perdida… (y peor aún, con mi mala orientación espacial) En fin, caminé varias cuadras hacia alguna dirección y terminé en un tal “Miraflores Park Hotel”…bueno, yo continué caminando siguiendo mi instinto (lamentando por haber decidido ponerme tacos) y al final, oh! Larcomar. Ufff.


Me dirigí derechito a Starbucks. Pedí un cappuccino con crema batida, probé (me quemé la lengua =P) y como estaba demasiado amargo para mi gusto le metí  azúcar y todos los polvos que estuvieron a mi alcance. Y salí a sentarme en las mesitas de afuera, tratando de leer “La Hora Azul”, la obra de Cueto que me había comprado ese mismo día. No habré estado ni cinco minutos cuando tres japoneses (los escuché hablar en ese idioma) se acercaron en una mesita contigua y se pusieron a fumar. Y yo no pienso sufrir las consecuencias de una fumadora pasiva.


Otra vez, me llevé mi libro y mi vaso a la salita de adentro, y al atravesar la puerta, un aire hogareño me envolvió: Un señor leía plácidamente sentado en un sillón, una  chica se había quedado dormida leyendo el periódico, cuatro personas conversaban animadamente (sobre negocios, supongo) mientras degustaban distintos postres, en fin, cada uno parecía sentirse como en casa. Fue entonces que recordé el comentario de Víctor: "Entra pensando en ti" y entonces pensé en mí y yo también me sentí como en casa, como en una familia (eso incluye que puedo dejar mi mochila tirada y nadie -NADIE- la va a mover ni tocar de ahí. Me 'desparramé' cómodamente sobre el sillón y por poco me saco los zapatos. Me sentía bien.

Pensándolo mejor, me gusta mucho más el Starbucks de Larcomar que el de la Av. Óscar Benavides, no sólo porque el primero es más chico que este último, sino porque, lógicamente, concurre menos gente y siempre hay un sitio (favorito) donde sentarse. Es como si siempre haya un lugar esperando por ti. Muy aparte del aire de familiaridad que te envuelve al estar ahí.

Pero algo que me gustó mucho más incluso que hasta el mismo café, es su revista, Lado B, la revista que se lee al revés. Es muy original e interactiva, con muchas más cosas positivas que el común de revistas. Me gusta.

Eran las seis y media de la tarde, y aunque quisiera no podía quedarme ahí por más tiempo. Me despedí del mar (por cierto, a esa hora se ve todo precioso, las luces amarillas encendidas y todo) y tomé mi carro de regreso. Final feliz de la historia. Más adelante les comentaré lo que pasó en el carro.

2 comentarios:

  1. LA MEJOR VIDA QUE SE PUEDE VIVIR ES LA QUE SE CONSTRUYE CON EXPERIENCIAS POSITIVAS Y SE ESTRUCTURA SOBRE LA BASE DE SABER DISFRUTARLA.

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  2. Bien puesto! Tan corto y tan bien dicho, no hay nada más qué agregar (Y)

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