miércoles, 11 de mayo de 2011

El café deseado


Terminando las clases de hoy imprimí el Cuaderno de Noah y me dispuse a leerlo hasta quedarme por la mitad del libro. De eso, salí derechito rumbo a Starbucks. Por qué? Bueno, ya viene la respuesta. Tomé mi carro para la Av. Arequipa y bajé en el parque Kennedy. La idea también era ir a ver partidas de ajedrez en la placita Esteban Canal, pero a esa hora (las 3pm) parecía que no suele jugar nadie. Bueno, entré a la Cafetería y pedí un frapuccino sabor té-mango-maracuyá. Como es la primera vez que compro un café en ese lugar, tuve la torpeza de echarle canela, nuez moscada y no sé qué otra menjunjia más. El resultado fue fatal, pero divertido; total, fue mi propio paladar el que terminó pagando pato.

Me dirigí con mi vasito en busca de un lugar en donde sentarme cómodamente a terminar de leer la obra, pero todos estaban ocupados. Adentro, en la sala, todos estaban agrupados en pareja inmersos en sus propias conversaciones, y afuera, la gente parece estar sumergida en su propio mundo y su laptop. No había modo alguno de colarme por ahí. Bueno. Cogí el vaso y empecé a jironear por las avenidas y sin querer queriendo ya me encontraba en Larcomar. Ya me había acabado el frapuccino, y fue entonces que empecé a recorrer aquellos lugares, aquellos lugares que desde que los mencionaste alguna vez  pronto se convirtieron en pretextos vivos y tangibles para recordarte a ti. No lo pude evitar, y me recosté sobre una barra para poder apreciar la quietud de las olas, y me quedé contemplando la melancolía que –en complicidad de la humedad y el color gris de la tarde- me inspiraba el mar.

Cuando el reloj me dio un cuarto para las cinco resolví con que ya era tiempo de volver a casa. Se me antojó unos anticuchos de carretilla por el camino, bueno, al diablo con la dieta, y finalmente, una canchita pop corn para rematar el almuerzo que NO había tenido.

Por cierto, sólo por comentar la obra de Nicholas Sparks, diré que me gustó en un principio, pero ahora que lo sigo leyendo el encanto inicial se ha ido diluyendo, y tal vez porque el tipo ha rellenado las páginas con hartas descripciones sobre hechos y escenas que yo considero irrelevantes o sin encanto. Aparte, cada vez que leo me acuerdo de los personajes principales de la película (The Notebook o Diario de una Pasión, que es cierto, ni siquiera la he visto al 10%) y se me va todo el romanticismo puro, poético, real. No sé, pero ciertamente, a mí no me convence.


Este día es uno entre tantos de esos que te dedico a ti, a la sombra y el recuerdo que dejas en los lugares por donde estuviste. Todo lo que elijo, los caminos que tomo, las direcciones que escojo, el sabor del café que compro, siempre tiene como esencia el deseo de saberte, de sentirte cerca. Lo siento, pero es inevitable, qué puedo hacerle? Sé que no leerás estas líneas, que no es de tu interés hacerlo, pero quiero que sepas que no busco nada en lo absoluto, es mi deseo que se va solo sin importar sea cual fuere el lugar donde llegue. Y yo sigo la línea del corazón.

Si hoy fui hasta ahí, fui sólo porque el primer café quería tomarlo…contigo.

2 comentarios:

  1. Sólo comento porque a mi señora y a mí nos gustan los productos de Starbucks además del servicio y de sentirnos cómodos con muchos amigos que hemos hecho en varias de sus tiendas.

    Cuando vayas, entra pensando en ti y vas a disfrutar de las bebidas, sean cuales fueren.

    Si tomas café, un extra shot al tamaño Alto lo hará intenso y tu paladar irá acostumbrándose a lo fuerte y buscarás nuevas combinaciones (hay muchas que no están en la carta, se muestran las más comunes, las más pedidas, pero las mezclas son muchísimas… puedes sacar un número a la n según la cantidad y formas que se pueden obtener de mezclar esencias, bases, hielo o no, extra shots de café, etc).

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  2. Voy a tomar en cuenta tu consejo. Mañana mismo volveré a entrar y a ver qué cosa nueva me haré.

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