martes, 10 de mayo de 2011

Cinco para las nueve

Mi celular suena a las seis y media de la mañana y me despierta de mi largo y profundo sueño. Noto que hay tres llamadas perdidas, y contesto , era mi amigo Paul, el chico que acabo de conocer no hace mucho, que estudia Contabilidad y es un apasionado a la Literatura. Me explica que quiere encontrarse conmigo en el Paradero, pues tenía “una cosita maravillosa” qué contarme. Me apresuro a cambiarme.

Lo espero como quince minutos más de la hora pactada, y de pronto veo su rostro por encima de los autos. Nos saludamos y sacó de su bolso (jaja, digo, mochila, porque es bien raro que un hombre ande con ‘bolso’) un librito, Cinco para las nueve y otros cuentos, de Alfonso Cueto. Así que me lo prestó.

Bueno, ambos abordamos el mismo bus y conversamos de Literatura y otras cosillas. Como siempre, él hace gala de su don natural para hablar de cualquier cosa, posee una locuacidad inquietante que prácticamente eclipsa mis cualidades en la charla. Cada palabra que modula parece llevar consigo toda la pasión y el sentimiento del muchacho. Siempre termino por aprender algo.

En fin. Él baja en el Óvalo y yo consigo un asiento trasero y así es como me percato que a lado mío había un chico ‘interesante’, por no decir, atractivo a mis ojos. Aprovechando su estado de somnolencia me quedé admirando disimuladamente el perfil tranquilo e intelectual que infundía a través de sus gafas, esas que ahora también quiero rememorar, por recordarlo a él. Nunca un viaje fue tan entretenido xD

Bueno, llegué a la universidad  y apenas llego saco el libro. Tenía que leerlo, me sentía de cierto modo obligada, pues Paul cualquier día de éstos me preguntaría por la obra y yo no sabría qué decirle. Esa fastidiosa presión, esa obligación innecesaria, me incomodaba, y quería acabar de una vez con ella. Abrí sin mucho entusiasmo el libro y lo hojeé con un aire de pereza para enterarme qué tan chicas serían sus letras y cuál el número de páginas. Pero de pronto, empezando a leer, me sumergí tan inconscientemente que ya no escuchaba al profesor esforzándose en demostrar los teoremas sobre Anillos noetherianos. De pronto me había convertido en Julio buscando a un papá, en Alicia acusando al policía, en Roxana que se quedaba mirándole a Ricardo, en la primera persona que hablaba de Jhonny y Mila.

Qué les digo, no voy a considerar la obra como una magnífica recopilación de cuentos (y tómese en cuenta que uso ‘magnífica’ como calificativo sólo en contadas ocasiones), las historias en sí no son gran cosa, pero lo que rescato con toda energía es la calidad de las descripciones físicas y psicológicas de los personajes, Cueto, de quien antes de leer el libro sólo sabía que era Aliancista, que también escribía poesía, y nada más, me fascina ahora por esa facilidad de encontrar la descripción, las características y los adjetivos precisos para tal o cual escena o personaje. O quizá sea impresión encantada de lectora principiante.

Creo que lo que más me atrapó finalmente, considerando que soy muy floja para leer fue que los cuentos son narrados de modo sencillo, sin palabras difíciles que no pueda entender (sonó a Eduardo Chirinos?), y ambientados en una época muy contemporánea. Claro que Cueto, al aparecer, escribe desde un estrato social A ó B, mientras yo vivo en la clase media tirando pa’ baja (o baja tirando pa’ media).

Pero aún así, me gustó, aunque preferiría ahora seguir leyendo pero en horas que no tengan que ver con mi horario de clase, sobre todo considerando que mañana mismo tengo un examen.Por esta gracia  me terminé el librito en dos horas (escuchando, como ya es mi costumbre, Ritmo Romántica) y ahora tengo una tira de fotocopias qué estudiar.

Y así. Cuando me dieron las doce salí al encuentro de mi grupo de amigos para almorzar, terminamos, como siempre, jugando ping pong. A las dos y pico retorné a escuchar mi otra clase, (otra vez, Ritmo Romántica ^^) pero como también ya es mi costumbre, no escucho ni ‘ah’ de lo que dice el profe’ y me concentro en leer lo mío y ponerme a jugar Tetris si por allí me aburro. Dejo el libro del curso abierto si por ahí al profesor se le ocurre hacer su ronda. Ya estoy preparada para todo.

1 comentario:

  1. La universidad... siempre me pareció hueveo a cada rato, sobretodo cuando los amigos están aburridos y hacen chacota para que se les peguen los demás para... hacer nada sentados en una escalera (nunca me gustó el pasto porque moja y mancha y huele, olor que sólo acepto cuando lo cortan y de pasada).

    No creo que vaya a leer el libro pero me gustó el post, dinámico, divertido, sin polvo que lo añeje.

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