jueves, 10 de marzo de 2011

Nueva vida

Hace unos días formateé mi disco E (C, para el sistema operativo y programas; D, el de mi hermano): Fue como formatear también una parte muy íntima de mí. Goodbye toneladas de música, fotos, video, programas de computadoras. Adiós a mis trabajos de la universidad, mis poemas, mis libros…pero por sobre todo, adiós a aquellas cartas que no te envié, a las palabras que sólo me guardé para mí, a la parte que todavía conservaba de ti.

Siempre (me) lo dije: Ese disco contenía las cosas por las que también se compone mi mente, y me atrevo a decir, mi corazón. Muy bien podrían decirme: dime lo que tienes en tu disco duro, y te diré quién eres. Sí, hasta ese punto puede ser. Pero todo se acabó. Ahora mi espacio de 80 GB luce limpio, virgen, listo para meterle nuevas canciones, nuevos documentos, nuevas fotos, nuevo todo.

No era necesario haber hecho esto, pero, por alguna razón me siento mejor, más liviana, más libre. Tenía demasiadas cosas allí que ya no necesitaba, y también cosas que ya no me necesitaban. Recuerdos que no me hacían ningún bien, y al que yo tampoco parece haberles hecho algún bien. Pueda que me muera de la nostalgia en algún momento, que, tal vez, me arrepiente y me recrimine a mí misma por mi insensatez. Pero nada me ata ahora. Empiezo de cero. Comienzo una nueva vida.

2 comentarios:

  1. Excelente. Esto también debes aplicarlo a lo tangible, todo eso que está en cajones, closets y azotea, dentro de bolsas y cajitas de zapatos y dentro de mas cajas para proteger las cajas "originales" donde vinieron.

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  2. Jaja, claro que sí. Sólo hay una caja del que todavía no logro desprenderme, pero esa historia merece un post aparte.

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