lunes, 7 de febrero de 2011

Respirador artificial

Eso es lo que tal vez me hace falta por estos días. Desde el jueves 20 del mes pasado me he convertido prácticamente en Mary, quien aprovechando sus vacaciones se hizo una operación que venía aplazando ya hace buen tiempo.

De lunes a sábado me dedico a hacer empanadas y un poco de tartaletas, hago las compras, ayudo un poco en la cocina y limpio ligeramente la casa. Sirvo el almuerzo, lavo los servicios, y allí nomás, ya estoy volando a las panadería donde estrictamente cumplo el rígido horario: 3:15pm-9:30 pm. De vez en cuando me escapo-solapa nomás- quince minutos para ir a una cabina de internet y revisar mi bandeja de correo y curiosear sobre algunos perfiles del Facebook. Pero de allí, no tengo mucho tiempo para hacer algo que de veras me importe. Estoy llegando aquí a las 9:40 pm hora que me da tiempo para bañarme y finalmente, sentarme a escribir o simplemente leer algo. A las 11:00 pm mi tía ya me está gritando para que apague la computadora- “o sino te jalo los cordones, a mí qué me importa”- y me manda a dormir, y yo, haciendo pucheros por dentro, le soy obediente.

Créeme, no es una bonita perspectiva. Esta secuencia me asfixia. Anhelo mucho poder sentarme a tocar canciones con mi guitarra, ver alguna novela coreana, jugar Chess Master, o leer alguno de los libros que hace mucho tiempo imprimí para-según yo- algún día leer. Lo único que tengo es mi dos o tres horas libres de los domingos, en la que si bien no tengo mayor obligación, siempre quedan la cocina, las empanadas e ir a misa. Es para el domingo en la que reservo todas mis ganas (y ansias!) de escribir. Quedarme poco más de dos horas en una cabina de internet como lo estoy haciendo últimamente, es un lujo que me estoy dando a costo de resondrones.

Me he dado cuenta que no sirvo para ser madre ni tampoco para casarme. Asumir obligaciones no va para nada con mi espíritu libre y deseoso de hacer siempre lo que se le place. No me estoy quejando del trabajo, en la que finalmente también me distraigo, pero sencillamente, no encontrar nada estimulante en él me mata de aburrimiento y desesperación. No estoy cansada porque se me hayan agotado las energías, sino porque, tengo tanta energía que es gastada en cosas que no me motivan ni estimulan.

Aunque acabo de descubrir que rutina no es tanto hacer siempre lo mismo, sino, hacerlo siempre de la misma manera.


2 comentarios:

  1. Totalmente cierto, la rutina es hacer lo mismo de la misma forma y por eso la gente revienta ya que lo hace por obligación.

    Todo tiene algo de belleza, hasta lo que creemos que son actividades feas y depende de nosotros, sólo nosotros, buscar nuevas facetas de lo que se hace a diario, como trabajar en el mismo lugar por años aunque, a veces, es imposible.

    Eso no lo he podido hacer, es aburrido hacer cosas de forma mecánica, con horario -aunque publicidad no tiene mucho control porque no tiene horarios, es decir, no hay hora de salida-... por eso soy freelance en diseño publicitario.

    Pero, mientras nuestras vidas dependan de otras personas tenemos que poner nuestras energías para la realización de sus ideas y anhelos hasta que podamos irnos... lejos, muy lejos.

    En el interín, hacer las cosas sin pensar o de formas novedosas y todo para uno mismo.

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  2. ^^ Gracias Víctor, por ahora, estoy tratando de seguir tu consejo...hasta entonces, paciencia y buen humor (hasta irme muy,muy lejos =P)

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