miércoles, 9 de febrero de 2011

Mis bochornos discursos

Siempre he tenido la piña de ser la favorita para ofrecer las palabras en cualquier ocasional ceremonia: que fiestas de cumpleaños, fiestas de promoción, reuniones de compañeros, comidas, celebraciones otras. Palabras de despedida, de felicitación, de agradecimiento, una poesía, una reflexión, cualquiera sea el motivo o pretexto, todos me miran: “Que Paty hable”.

Por diversas razones la gente siempre me empapela a mí la complicada tarea de hablar en público, como si yo poseyera la labia de mi amigo Demócrito o mi estimado presidente García. Por raro que parezca, la gente me computa inmerecidamente las cualidades propias de una oradora, como creyendo para sus adentros que yo he sido en mi vida pasada como uno de esos salivosos pastores portugueses que retumban el auditorio guitando “Milagro, gloria a Dios!” .

Como a la mayoría, para mí hablar ante un auditorio repleto o ante un grupito de familiares y amigos siempre supone una actividad de roche, de nervios, de pucha, y ahora qué rayos digo. Que tenga el arrojo suficiente para no inhibirme y ser capaz de soportar las atentas miradas del público, cuidando de no dejar escapar una pachotada (como sucede cotidianamente) y poseer la conchudez necesaria de si, en caso lo hiciera (meter la pata) no inmutarme por ello, es otra cosa. Pero que nadie diga que soy excelente con el manejo de la lengua (al contrario, la lengua se apodera de mí).

Así pues, no es raro haber pasado por experiencias irrisorias que dan cuenta de mi incompetencia en es este antiguo arte:

1.El Día de la Madre: Recuerdo sin mucha nitidez que mi profesora de tercero de primaria me hizo repetir una tira de oraciones que ella me dictaba de una en una por vez. No entendía yo el por qué de su procedimiento. Pero lo entendería luego, cuando, ya reunidos todos, ella habló: “Y como unas palabras alusivas a la fecha, tenemos a la alumna Paty. A ver, aplausos para ella”. Me hizo una ligera seña para que salga adelante, yo, obediente, le seguí el juego, esperanzada en que tal vez tenía un papelito o algo de qué valerme, pero no, la muy abusiva esperaba que yo, una enana que para entonces frisaba los siete años, pudiera acordarme cada frase que según ella yo había aprendido de memoria en un porrazo, o que, en todo caso, tenga la soltura de improvisar cualquier discursito. Y ese día, con mi mamá ausente, hice el mejor y el más expresivos de mis discursos: Luego de un prolongado silencio, lloré.

2. En la T.V. : Cursaba el quinto de secundaria cuando una compañía de cable del distrito se acercó al colegio para hacer una especie de mini reportaje. Fue sorpresa. La grabación transcurría con normalidad, entre entrevista, chacota y otra serie de entretiempos. De repente, el reportero pidió que alguien hablase, emitiera alguna opinión sobre cualquier cosa, de cualquier tema; que lo hiciera en representación de todo el colegio. Yo, que para entonces era la brigadier general, la caserita en materia de discursos, el blanco perfecto para la ocasión, no hice muchos disfuerzos para cuando me pidieron salir.

Mientras caminaba los seis metros que separaban mi asiento del frente principal, no tenía la más mínima idea sobre qué decir. Vi la luz de la cámara encendida, la cara del sub-director, vi los rostros sonrientes y expectantes de mis compañeros, sentí la mente en blanco. Y de repente, entre la desesperación y el desconcierto, como siempre me pasa, la mente le dio pase libre al desordenado y a veces precipitado subconsciente y durante quince minutos dije un montón de pachotadas acerca de la educación (algún día hablaré sobre ello). Habré dejado tan mal parado al sub director (que yo ni cuenta) que me llamó después y me sugirió que para cuando tenga alguna inquietud o crítica, “tenía las puertas de la dirección abiertas”.


3. La Reunión familiar: Hace poco celebrábamos la graduación de mi prima, y mi tío me pidió unas palabras. Los demás consintieron la idea y me alentaron a salir (típico: los muy vivos siempre señalan a los otros, pero cuando son señalados, ni mu ^^) Me quedé sin ideas. Por un lado no quería parecer cursi (como suelo ser) pero tampoco quería decir algo muy alienado. Quería decir algo que no sea predecible ni protocolar, sencillamente espontáneo. Pero mi espontaneidad siempre es cursi, así que…

Me sugirieron que declame alguno de mis (pseudo)poemas. Sinceramente nunca me he memorizado alguno, pero me aventé –y entre el silencio sepulcral de la sala (“si Paty habla, es serio”)- empecé con lo primero que se me ocurrió:

Es tu nombre la palabra que mi memoria evoca….” (sí, es el poema ‘It ji ma’) No sólo era un poema de amor (fuera de contexto) sino que tampoco recordaba lo que venía después del primer párrafo, así que me excusaría con un torpe “Bueno, lo demás no lo diré porque es algo obsceno bajo la mirada de algunas(de mis primas)” Plop!

Continué mi chiflado discurso declamando un poemita bastante personal (otra vez fuera de contexto) y para cuando hube terminado, los buena gente de mis familiares aplaudieron sin importar el que no hayan entendido ni pío de lo que había hablado- salvándome del roche-, mientras yo, entre tanto, me sentía una completa borracha que había irrumpido en una importante conversación para hablar incoherencias.

Y si tuviera más líneas, tendría para comentar de más.

2 comentarios:

  1. jajajaja que buena, pero así es la vida. Cuando me ha pasado algo así o ya me lo esperaba, me guardaba un par de comentarios medios graciosos para que la gente se ría conmigo (y no se ría de mi!!!). Por ejemplo, las reuniones del trabajo por tu cumpleaños, fijo te hacen hablar, así que ya tienes que tener tu pequeño floro sin caer en la cursilería ni que parezca un discurso aprendido.
    Por otro lado te comento que haciendo memoria, recordé que ya tenía mi cuenta en el blogspot, así que he actualizado una última entrada.
    A ver si me das consejos para cambiarle la cara o para poner eso que por cada clic te pagan jajaja.
    http://eduardounalm.blogspot.com/2011/06/un-dia-de-mala-suerte.html

    ResponderEliminar
  2. Ya pues, me voy a dar un saltito por tu página. Por cierto, muy prácticos por tus consejos, recurriré a ellos en mi próximo (bochornoso)discurso =P

    ResponderEliminar