jueves, 13 de enero de 2011

Mi relación con los nikkei




Es más bien poca. Todos mis amigos son no- nikkei (y a quien podría considerar como amigo nikkei, es, precisamente, un amigo virtual), el 99% de mis conocidos también lo son, y no suelo frecuentar reuniones sociales con otros nikkei (que no sean mi familia). Entonces es lógico que no suela escribir temas comunes o que interesen estrictamente a los nikkei.

Es gracias a Perú Shimpo que puedo estar al tanto de lo que ocurre y lo que no ocurre en la colonia. Los términos dekaseguis o Fujinkai por ejemplo, no estaban en mi léxico. Poco a poco he ido familiarizándome con esos y otros términos y he ido encontrando mis propias raíces.

Recuerdo la época en la que tener un apellido japonés y parientes achinados me causaba una sensación de extrañeza, porque me sentía mucho más peruana que la papa y el olluco. Ahora, sin embargo, me siento contrariada con los amistosos de fútbol Perú-Japón, quiero que gane Perú porque es mi patria, pero no quiero que pierda Japón porque es el país de mis orígenes. Lo curioso es que me da más pena cuando pierde Japón que cuando lo hace el Perú.

También he descubierto con relativa sorpresa que la carismática Keiko me cae mejor que todos los candidatos rivales a la Presidencia, y que a su vez, sin razón alguna y sin importar lo que digan, siento una extraña simpatía por su padre,el expresidente.(Doris Moromisato creo que lo llamaría ‘solidaridad étnica’) .
No sé en qué momento comencé a desarrollar esta afinidad hacia mis orígenes, desde cuándo es que me interesa el origami, el i-go, y mucho menos, cómo así es que tengo canciones en japonés en mi MP4. Ni yo misma entiendo porqué a veces elijo el ohashi antes que al tenedor.

Recuerdo que a los cuatro o cinco años mi mamá me llevaba al colegio Hideyo Noguchi en el que estudiaba el mayor de mis hermanos. Recuerdo haber estado estudiando allí por unos meses , tiempo en el cual me enseñaron a anudarme los zapatos, en el descubrí que era un cohete en las carreras y en el cual por primera vez (ruego a Dios que sea la única) me caí a una sequia (vaya enana para creer que en las sequias vivían los pececitos)

Recuerdo que luego de esos pocos meses no volví a tener contacto con una comunidad mayoritariamente nikkei, mi barrio y círculo de amigos eran en su totalidad gente no-nikkei y tal vez por esa razón es que Japón resultaba ser una galaxia alejada a millones de años luz en la que sus habitantes eran seres extraños de ojos achinados (no me veía en el espejo)y comportamientos anormales …(no sé si lo han notado, pero hay un patrón característico en la forma de hablar y caminar muy propias de los japoneses)

Mientras oía a lo lejos que mis primos se iban al AFO, al AELU, o al estadio La Unión, mi vida se limitaba a costumbres más peruanas. Aunque en el colegio siempre existía otra familia nikkei (aparte de nosotros) nos mezclábamos sin problemas con el ‘montón’ y la diferencia no se hacía notar. Para mí ver a un nikkei era pues, como ver a un foráneo, un personaje tímido, frío, ajeno, falto de esa gracia y picardía que caracteriza a los criollos, tan insípido como el mochi sin frejol colado.

De ese entonces a ahora sin embargo las cosas han dado un giro de 180°. Cada vez que veo a un nikkei me envuelve un sentimiento de antigua afinidad, hasta de ternura. Cuando iba al CCPJ a mis clases de guitarra, verme rodeada de descendientes, de pronto me hacía sentir como en casa.

Antes los chicos que me gustaban eran no- nikkei (“vas a malograr la raza”, me decían por ahí), sin embargo ahora aprecio el atractivo de los nikkei, ese aire callado, reservado y misterioso. Su permanente sonrisa tímida e inocente parece dotarlos de un inusual carisma y una simpatía mágica que les confiere un especial encanto.

Ahora es cuando trato de aprender por mi cuenta a escribir y leer en japonés; de pronto, estoy interesada en aprender a jugar shogui. Ahora es cuando he descubierto con no poco entusiasmo, que me siento orgullosa de tener una ascendencia japonesa, y no anglosajona o europea como alguna vez lo había preferido.

Será que la sangre que corre por mis venas está marcando sus efectos? Quién sabe. Lo que sí sé es que, Japón ya no es mi segundo hogar por ser la tierra de mis ancestros, sino porque así lo ha elegido el corazón.

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