jueves, 29 de julio de 2010

Esas frases mecánicas

“Hola, qué tal”. “Buenas, ¿cómo estás?”. Eso es lo que digo a diario a toda la gente que conozco, a modo de saludarla; pero vamos!, qué tal saludo es ése?. Cómo es eso de preguntar ‘cómo estás’ si ni siquiera me detengo a escuchar su respuesta?. Es más, ahora que lo pienso bien, la mayoría de veces ni me interesa la respuesta. Y ni que la gente- con quienes la única familiaridad que tengo es que las encuentro en algunos días de la semana- se interesen en mi pregunta y se animen a describirme con lujos y detalles su estado de salud (física, emocional, y por qué no, mental).

Bah!, a veces pienso que debería cambiar mi frase. Esas expresiones mecánicas y rutinarias que traemos compiladas en el cerebrito nos hacen (corrección, me hacen) comportarnos como robots que reaccionan y hacen cosas por pura cortesía, lógica, diplomacia. A ver, empecemos por una. “¿Cómo estás?”. ¿Qué respondes?. Bueno, si se trata de tu amiga de confianza, puedes comentarle todo sin inhibirte. Si eres tímido, en fin, se lo cuentas a tu manera. Pero, si viene una personita ‘X’, un fulano, zutano o mengano, con la que apenas comparten la vereda por donde caminan o el título de ‘vecino’, apuesto que del “bien, gracias” no sales. Ya pues, pa’ qué preguntas si ya sabes las respuesta. O lo que es peor, y me ha pasado: Cuando alguien, ingenuo y sensible a tu pregunta (que solo va por ser ‘educado’), empieza a relatarte todas sus preocupaciones y desgracias, tú te dices: ‘oye, yo solo pregunté por cómo estás, no te dije que me cuentes tu vida. Dime “bien” y ahórrame tu bendito rollo y no me hagas perder el tiempo”.

(…)

Mi profesora de Comunicación una vez nos corrigió el “Buenos días” (y sus variantes “Buenas tardes” y “Buenas noches”). Ella nos decía que aquéllo significaba desear por varios días (lógico). Lo correcto, por lo tanto, correspondía a decir “Buen día” (con sus respectivas variantes de “Buena tarde” y “Buena noche”). Qué rareta mi profe’. Si sigo su consejo de verdad que voy a parecer una auténtica china inmigrante que recién está asimilando el español.

(…)

Cuando mis amigos me colocan en sus mensajes de celular o correo un “cuídate” como despedida final, siento un ligero hilo de amenaza. Ok. Prefiero un insípido “saludos” o un cumplidor “abrazos” antes que un escalofriante “cuídate”. ¡Qué quieres decirme, por Dios! Que me cuide de la gripe viral? ¿De que me atropelle el tren? ¿De que me muerda un perro? ¿De que mi novio ‘me saque la vuelta’?.

Ah, pues, no seas tan negativa Paty, quieren decir que te estiman mucho y no quieren verte enferma así que es como que te quieran decir ‘cuida tu salud’ o ‘Dios mediante, pero también pon de tu parte’.

Sí, ya lo sé. Pero igual ese ‘cuídate’ no le hallo sentido. Yo misma a veces lo digo, casi casi por inercia, por solamente llenar ese fastidioso hueco de silencio que dejan las cortas despedidas. “Cuídate” es lo más sencillo que me atina a decir mi pequeño cerebro. Sin embargo, cuando alguien me lo dice, yo le respondo (con cierta intención de darle un toque de humor ) con un atrevido “claro que me cuidaré”.

(…)

Cuando era chica (de edad, me refiero) ni bien terminaba de comer me ida diciendo a paporretas (con mi voz de pequeña Popis): “Gracias tía Rosa, gracias tía Yemi, gracias Mary, gracias Violeta”, y a veces resulta que no estaban ni Violeta o ni tía Rosa, pero yo igual decía mi frase completa, como si fuese un bloque de oración compacta que ha de decirse toda obligatoriamente después de la comida.

Lo curioso también venía a la hora de levantarme: “Ohayó tía Rosa”. Pero cuando me quedaba a dormir en la casa de obá pasaba esto: “Ohayó tía Rossss obá” (esbozando una sonrisa nerviosa, como para pasar ‘piola’). Cosa similar cuando me iba a dormir. Felizmente obá no tenía un oído muy fino y me ahorraba posibles resentimientos (aunque igual obá entiende)

(…)

Así, cuántas frases más- algunas cliché, algunas por la fuerza de la costumbre- que menciono a diario sin saber a veces por qué, en qué sentido, por cuál razón es que las digo. Y debe ser más que nada por esa característica mía (innata, quizá) de actuar de forma automática, robótica; y a la vez, por mi incapacidad de hallar un valor especial en los detalles, y asignarle un poco de importancia a cada persona, las cuales se merecen algo más que automáticas palabras dichas por la simple costumbre.

Nos vemos. Cuídense.

viernes, 23 de julio de 2010

Conversaciones de Bus

No soy muy amiga de conversar mientras viajo o estoy en un lugar tan público como un bus o micro. No me gusta que la gente se infiltre – no intencionalmente, claro- en tus conversaciones como un oyente más. Cómo me fastidia el que se estén enterando cositas que sólo son para tu interlocutor y tú; de verdad que eso me incomoda y hace que no tenga una plática desinhibida y natural.

Pero viajar en autobús te permite una oportunidad de escuchar alguna conversación interesante (y no es que sea chismosa ah; digo nomás) de enterarte historias nuevas y distintas a las tuyas, de informarte, de aprender. Claro que la mayoría de veces no hay nada qué rescatar, pero con algo de suerte una puede 'ganarse' una charla amena y diferente.

El otro día fuí oyente de estas charlas breves. No tendrá nada de interesante, pero se me antoja escribir y escribir y qué más da: (Para mantener el realismo de la escena, no escatimaré en jergas ni lisuras)

(... Venía de una conversación que yo no pude escuchar)

-Y así pe', brother, ta' cagao' para trabajar así como tarado. Hay chibolos que se alegran o', mil soles les parece bastante ,“ta' bien”, te dicen; pero no saben todo lo que pasas,el frío, las horas fuera de casa, a veces hasta tienes que dormir en el carro; ta' huevón...

-Qué, cuántos fletes te hacías allá?

-No sé, a veces pe’ ponte diez de ida, y tovía’ al regreso te cargabas otros bultos… No, aquí te vas ocho horas manejando y te vienes sin nada… y hay que descargar., ayudar a cargar, te responsabilizas de los paquetes, no, ta’ cagado…

(Silencio)

-¿De dónde eres?

-De Tarma. Tengo mi ‘jerma’ allá, tiene su negocito en una universidad, ya pe’ siquiera alguito se trae; ella al mes se saca sus cuatroscientas lucas…algo, no?. Si la traigo aquí pa’ qué pe’; no va hacer nada; aburriiida va estar. (…) Los dositos nomás somos, no tenemos hijos ni nada…

(Silencio. Ya está claro que el segundo es el más locuaz…)

-Oe’, ese huevón del – no escuché muy bien el nombre- no sabe nada, no?. Uta’ que ni sabe dónde está parado… un bruto es; y gana como mierda…

-Ah…el que sí sabe es el hijo del jefe, ése sí…

-El viejito también sabe… Él dice que antes había sido chofer. Puta que, se hace las listas, las controla, es una bala…ese tío sabe…


El chico que se sentaba a mi lado se levanta, y en reemplazo viene uno con chaleco de lana, una vestimenta formal. A su lado, un tipo de guardapolvo blanco; creo para mí misma que debe de estudiar Biología, Medicina, Farmacia o una de ésas, giro la mirada con discreción y me dispongo a regresar a cerrar los ojos (porque en un micro’ casi siempre duermo de a mentira nomás); se interrumpe el diálogo anterior y ‘paro’ mis orejas a la conversación que sostiene mi compañero de asiento con el que se mantiene parado. Venían conversando , al parecer, y la charla se reanuda:

-Y el fin de semana no las pasamos full trabajos… Nos habíamos ido a la Parada, allí por los montones de basura a recoger moscas…

-Y qué, ¿cuántos se casaron?

-Setescientas. Pucha qué risa dábamos con nuestras bolsitas tratando de atrapar mosquitas… Después la tremenda chamba de clasificarlas… A un lado las verdes, en otro las ‘domésticas’…nada fácil… tovía había que meterlas vivas y asignarle un número a cada una…Con Eduardo las bañábamos y Héctor las llevaba al microscopio a examinar (un término técnico que no recuerdo)… como una semana nos tomó toda esa ‘chamba’.

-¿Y qué les dijeron los ‘profes’?

-Quedamos segundos. El primer trabajo les tocó algo más fácil. El jurado dijo que nos faltó pulir los detalles, pero ya pues, igual me vacilé…

-Jaja, qué payasada…

(Silencio de nuevo)


Estoo…tengo que irme. Ahora me botan de la máquina y ahorita recuerdo qué tenía qué hacer.

martes, 20 de julio de 2010

Poesía rota

Con ustedes, el poema que no ganó ('fracasar' no revela cómo me siento) y por el que guardo un especial aprecio. Por lo general,siempre escribo poemas que al día siguiente ya no me gustan, pero éste se salva de esa vieja costumbre:

Solo quien pudiera “leer” mi alma
sería capaz de amarme.

Por eso todos me quieren
desde afuera,
mientras yo me amo
desde adentro

lunes, 19 de julio de 2010

Un domingo cualquiera

6:40 am: Me levanto (lo más temprano de todo el trimestre, lo que significa que ando perdiendo todas mis clases de las mañanas- incluyendo la de hoy-).

7:00-9:30 am: Desayuno (leche fresca y cocoa, pan con chicharrón- de la refurinfunflai)/ Tartaletas de membrillo/ Empanadas de carne/ Empanadas de pollo.

9:30-12:00: Comiendo enroladitos de canela, atendiendo personas tocando la puerta. Tocando guitarra (qué locura, cantando con plena gripe y dolor de garganta). Viendo VEINTE VECES en el MP4 (hay más secretismo) cada uno de los tres videos – algo de dos minutos cada uno-con cierta carga erótica (ojo!, dije ‘cierta’ nomás). Es increíble que ayer los descargara y aún hoy los siga repitiendo, una y otra vez, sin aburrirme.

12:15-2:30 pm: Dictando clasecitas particulares. “Dinerito, venid a mí.”

2:30-2:50 pm: Almuerzo, bistec con papas fritas; sopa de carnero.

3:00-4:00 pm: Apoyando en la Panadería.

4:00-5:30 pm: Zonceando (zonceando y zonceando) en nuestra computadora sin internet, escuchando a la Quinta Estación, viendo tontas fotos y videos pasados.

5:30-6:30 pm: Empanadas de carne/ Empanadas de pollo

6:35- 8:20pm: Me quito el mandil y acompaño a mi tía- así, toda ‘bruja’ como estoy- a la misa. Veinte minutos esperando a que terminen la misa de las seis, mientras me hacía preguntas existencialistas como la posible inmortalidad de una mosca. Cuarenta minutos después cabeceando zzzzzzz…….. en pleno Evangelio (y mi tía peñiscándome). Veinte minutos más adelante, las conversaciones y saludos de siempre, una rifa con tómbola por allí. Regreso a casa.

8:45- 9:20 pm: Tomando el lonche [Estofado del sábado, calentado, el mismo que hoy he comido en el desayuno (mi tía cocina de mil maravillas)]

9:30- 10:45 pm: Escribiendo y escribiendo (no pregunten qué).

¿No pregunten qué? Y ésta, qué complejo de princesa se ha comido? (‘comerme a la princesa’ sonaba bastante raro). Como si más de uno leyera tu aburrido blog. Ja!. Y ni que a alguien le interesara lo que escribes. No me vengas haciéndote la interesante, niña sin autoestima!!

10:45- 11:10 pm: Bañito y a dormir, no sin antes de ver una vez más -camuflada entre el cubrecama – uno de los videítos con cierta carga de erotismo (‘cierta’ nomás) antes mencionados xD .


lunes, 12 de julio de 2010

Lo que cuesta el trabajo

Los japoneses y los descendientes pertenecemos a una raza en la que el trabajo tiene un valor digno de altares. Lo digo por mis tías que se levantan a la cinco de la mañana y el cuerpo no sabe de reposos sino hasta las once de la noche; la misma rutina durante los siete días de la semana. Con similares ejemplos me encuentro al prestar atención en las conversaciones que se dan eventualmente entre paisanos (nikkei), en las historias que narran de sus papás y abuelos.

¡Caramba! ,no es para tanto, ¿no creen?

Sí, seguro que pueden tildarme de haragana, floja, irresponsable, ociosa. Sí, díganmelo, que en verdad lo soy (qué malcriada, caray). Pero me parece que ni ustedes (los obsesivamente trabajadores) ni yo, estamos en lo correcto.
Como todo en la vida, nada es malo en realidad sino está en los términos exactos, en las proporciones adecuadas, en el punto medio, en el ni muy muy , ni tan tan.

Pues verán, en lo que a mí respecta, creo que en parte tienen la culpa la cultura acostumbrada a medir la felicidad del individuo de acuerdo a los éxitos obtenidos, la fortuna acumulada. Esta cultura aplaude la dedicación esmerada al trabajo (y no importa si eso te hace sentir realizado o no), los esfuerzos, qué importa, aun cuando son en vano.

La gente aplaude al hombre trabajador que se queda hasta tarde concentrado en sus actividades laborales (no importa qué cosas se queden rezagadas por esto). La gente alienta a aquéllos madrugadores y trasnochados que en medio del sueño y el cansancio siguen con el mazo dando. No importa el índice de estrés que con ello acumules, eres un hombre trabajador y debes ser halagado.
Es increíble cómo algunos se esfuerzan en acumular bienes, asegurar económicamente su futuro y el de los suyos, en amasar una fortuna que hasta le será casi imposible disfrutar. Mirarlos tan entusiastas, me conmueve, pero me da pena.

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Pero, ¿quién no ha de quejarse de que el tiempo no le alcanza? Basta con ponerse a pensar un poquito para darnos cuenta que, precisamente aquéllas cosas a las que le dedicamos más tiempo, no nos hacen feliz. Son solo cosas que nos mantienen con vida y un tanto ocupados.

Se piensa que con tener plata, casarse y tener hijos, ya tienes la felicidad garantizada. Y por eso hay quienes se empeñan eternamente en ahorrar y ahorrar, sin parar, y así asegurar la estabilidad económica de la familia. Pero a veces es necesario decir,como lo diría Fernando Ampuero, paren al Mundo que yo aquí me bajo y detenernos a reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestra vida, sobre la cantidad de tiempo y esfuerzo que invertimos en nuestra realización, en cosas que nos llenan, actividades que nos satisfagan, pequeños ratos de felicidad.

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Con el tiempo he ido aprendiendo a ver las cosas desde una perspectiva más relajada. Si antes me la pasaba estudiando mongolitamente (sorry’s para los estudiosos, están en todo su derecho de quejarse) todas mis asignaturas escolares, obteniendo notas sobresalientes pero sintiéndome a veces un tanto infeliz, vacía; llegué al día en que en una ráfaga de iluminación, me di cuenta que por ese camino no debía seguir. Mientras antes creía que en función del esfuerzo recibías los bienes, incluso la felicidad, ahora creo que no hay por qué esforzarse tanto, toda bruta una, creyendo erróneamente que ya llegará el tiempo de la cosecha. Ahora creo que hay que trabajar, estudiar, esforzarse, sí, pero con la lucidez suficiente como para encontrar el equilibrio; que hay que empeñarse, sí, pero no tan entusiasmadamente. Ahora creo que solo los esfuerzos inteligentemente dirigidos, con razón de ser, y no porque sí, te garantizan el éxito. Pero no un mero éxito, sino justamente aquél que te haga sentir plena, te arrebate una sonrisa.

Con el tiempo que he ahorrado gracias a aplicar esta regla, es que me dedico a distintas actividades que me mantienen emocionalmente activa, viva, es decir, los pasatiempos como escribir(el cual tiene un efecto enormemente liberador en mí- ustedes son víctima de mis distintos disparates y pastruladas-), jugar ajedrez, escuchar buena música, resolver kakuros, ver una buena serie o película, hacer origami o tocar la guitarra.

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Si tú eres feliz trabajando, ve nomás. Pero no me vengas después a mí con tu cara de amargado, quejándote de que estás cansado, harto, que tú nomás eres el que todo lo hace. Mira que tú mismo eres el que así lo ha decidido.




Post Post: Nadie ha dicho que la imagen de arriba es un reflejo de la realidad, por si acaso.

jueves, 8 de julio de 2010

Momentos

Aquí el video -que nadie pidió- sobre un recuento de escenas de algunos dramas coreanos. La canción de fondo es "We Are Free Now" de Enya (me tomó siglos encontrarla). El archivo lo robé del popular Youtube. video

lunes, 5 de julio de 2010

No prives mi privacidad

Entro al baño de un supermercado. Termino mis quehaceres fisiológicos y quiero jalar la cuerda (cuál cuerda) y me percato que allí hay una cajita – electrónica, sospecho- empotrada a la mayólica, con una bolita roja centelleante en el centro. Desconfiada y recelosa, la aplasto, y noto que en el fondo del inodoro hay un sonido familiar(se está desaguando, claro).

No sé si les pasa, pero a mí, una maniática- obsesiva y celosa de mi cuerpo (de hecho, ya escucho la cancioncita en mi cerebro ♪ “yo sé cuidar mi cuerpo, yo sé cuidar mi cuerpo”) siempre se me da con examinar el terreno (en este caso el baño público) y no dejo pasar por alto ningún detalle que me inspire desconfianza: observo el techo, las esquinas, el retrete, todo, asegurándome de que algún pervertido no haya colocado allí una cámara indiscreta camuflada por alguna parte. Siempre me aseguro, desconfío de cualquier dispositivo electrónico, hasta incluso, no contenta con todo eso, media loca yo, le lanzo una ofensa, mostrándole el dedo medio arriba a la supuesta dichosa camarita secreta.

Y si hay algo que aborrezco de la tecnología, es en su utilidad para transgredir territorios íntimos de la gente, tocar ese tesoro delicado llamado ‘espacio privado’.

(…)

En una escena de “Hombres de Negro”, vemos cómo un tipo (el partner de Will Smith) va a su computadora, teclea el nombre de su novia (o querida); la máquina ésta hace una búsqueda satelital, muy al estilo Earth Google ,y ubica el lugar en la que se encuentra la susodicha; atrapa la toma, se acerca, más y más, zoom y zoom, y allí la tienes a la pobre, captada por un indistinguible – radar?, GPS?- grabando cada uno de sus movimientos, mostrándola mientras, no sé, riega la plantita de la maceta, baña a su perro, hace una lectura, está en el baño, …. en fin, allí está la pobre, vulnerable, indefensa, presa de ese poderoso ojo óptico, observador, atento, acechante, cual si fuera Dios, viendo cada uno de sus movimientos. Me molesta la idea de que el hombre llegara a inventar un aparato como tal (que de hecho lo hará).

(…)

Un tiempo estuvo muy de moda el término ‘chuponeo’, esas conchudas líneas que se filtran en tus conversaciones telefónicas. Otro tiempo estaba el término ‘hacker’, interceptores de cualquier tipo de cuenta (electrónica, bancaria, de cualquier índole). Hoy reaparece la frase “cámara escondida”, la misma que ha hecho que proliferen los videos sensacionalistas y obscenos por la red.

Claro, para una común y corriente como yo, no hay problema, me llega si me captan desnuda (aunque les digo que lo lamentarán), me llega si escuchan mis conversaciones, si escudriñan por todas mis cuentas, espían todos mis diarios secretos, si husmean en mi ecosistema personal. Me llega, porque no soy nadie ni tengo nada.

Claro, digo: “me llega”, en el sentido que no haría un escándalo, ni me haría demasiados enredos, pero verían ustedes la venganza que planearía. Porque una cosa es no exaltarse demasiado para cuando algo malo ocurre, y la otra, quedarse muy tranquila a pesar de eso.

(…)

Me alegra y reconforta saber que hay un espacio donde el hombre y la tecnología aún no han sabido ingresar: Adentro de uno.

[Aunque el film- protagonizada por Robin Willians- “La memoria de los muertos” pretendían acercarse a ese objetivo. La película gira en torno a un chip (zöe) que es implantado en el cerebro del individuo cuando éste es apenas un bebé, y se dedica a grabar, como una película hecha por tus ojos, todas las escenas que vives hasta tu muerte. Sin duda, es una memoria mucho más fuerte que tu propia memoria, ya que ésta guarda objetivamente todos los momentos, incluidos los que tú ya has olvidado completamente. La imagen, los sonidos, tus pensamientos, todos son objetos que se conservan intactas y originales.

Lo que no se incluye allí, afortunadamente, son los sentimientos involucrados, las sensaciones, las emociones que le dan un valor propio al momento y le asignan otro protagonismo más que el mero cronológico.]

Me alegra saber que aún tengo cosas secretas que ocultar, un espacio muy privado que cuidar, un romance, con una misma, que mantener. Me alegra que me pueden ver mientras doy un beso, pero no lo que siento, que pueden ver mi sudor, pero no mi esfuerzo, que pueden alegrarse por el sueño que alcancé, pero no saber lo que me costó, leer un poema, pero no adivinar qué cosas internas me llevaron a eso.

jueves, 1 de julio de 2010

Adiós, Park Yong Ha oppa

Ayer por la tarde recibí una noticia que, como a la mayoría de fanáticas de los k-dramas, me dejó consternada. El recordado actor que le dió vida a Sang Hyuk en Winter Sonata, tomó la fatal decisión de quitarse la vida.

Todo indica que mientras yo almorzaba muy tranquila en mi casa (Lima, lunes 29 de junio 14:00), mi actor favorito ya maquinaba la idea del suicidio( Seúl,martes 30 de junio 4:00) . Eso es una cosa que todavía no termino de digerir.




(...)

Me bastó verlo en Sonata de Invierno para quedar prendida de él. Lo seguí a través de videos en Youtube y los MV de On Air , y no fue difícil descubrir que es uno de los pocos actores que combina bien (y las hace bien todas) las facetas de la actuación, el modelaje y la música. Un par de canciones suyas estuvieron grabadas en mi mp4 últimamente: I Love You So Much y Wi Sarang (On Air OST).

No sé dónde estarás ahora, Yong Ha oppa, pero me ha bastado el puñal en el pecho que me has dado,para hacerme ver cuánto espacio ocupabas en mí. Lamentablemente, uno no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde.