jueves, 24 de junio de 2010

Después de las obras…¿la canción?

Todos los días tengo que caminar hacia la puerta ‘Huaca’ de mi querida San Marcos para tomar el chosicano que me desplace de la Av. Venezuela a mi casa. Pero qué fastidio caracho. Primero he de pasar los ¿seis? carriles en doble sentido que me separan del paradero de al frente; y para ello, hay que tomar la arriesgada decisión entre la disyuntiva de esperar a que los benditos carros dejen de circular (lo que nunca sucede) o hacérselas la de valiente y cruzar corriendo, esquivando carros a mil ojitos hacia todos lados mientras piensas en qué cancioncita te gustaría que toquen en tu velorio. Qué desgracia.

No cuentes con los policías (que o bien brillan por su ausencia, o bien su pequeña cabina de director de tránsito hace las veces de un eventual locutorio personal) ni con esos diminutos rompe muelles que dan risa. El puente prometido (fue prometido, no?), quedó echado al olvido.




No servirá de nada mi pequeña y tímida queja desde este casi no leído blog. Pero bastará que esta negligente situación cobre sus víctimas para que recién venga alguien corriendo a construirnos un puentecito. Creo que las cosas siempre funcionan así.

Si algún día, sin avisar, dejo para siempre de escribir otra entrada en Patydrómeda; pueden tantear los motivos. Espero que al menos mantengan limpio mi nicho.

lunes, 21 de junio de 2010

La visita de San Andrés

Todas las mujeres hemos de llegar ,aunque sea por alguna vez, a renegar de nuestra condición de féminas. Le lanzamos imaginarias ofensas y gritos a la maldita naturaleza. Y la odiaremos por culpa de ese ciclo natural hormonal llamado menstruación.

Algunas claro, lo llaman ‘enfermedad’ (“estoy enferma”) tal vez por la ola de síntomas que ella trae consigo: dolores estomacales, cambios repentinos de humor (tal vez consecuencias de la primera) dolores de cabeza, etc. Otras, optan por llamarlo simplemente ‘regla’ (te tiene que venir religiosamente cada cuatro semanas, sino, olvídate, algo raro te está pasando) y ya la simple mención de ‘regla’, ya sabemos que es desagradable (todas las reglas lo son- para rebeldes sin causa como yo-). Después de eso empleamos sustantivos y adjetivos de lo más variados: “que ya vino el señor Rojas”, “ya nació mi bebé”, “ya me vino la antipática”, y etcétera, etcétera.

Sea como sea, qué fastidio da. La primera vez que me vino (y muchas por delante) monté en una cólera interior para con todos los varones, toda la especie masculina en general. Odié a los perros, los toros, los gatos… también a todo lo que llevase el artículo “el” por delante: el sol, el cuaderno, el televisor… me parecían cosas con esencia de hombre y todo lo que se tratase de hombres me daba cólera. Cuando en mis clases del colegio me entraba uno de esos terribles cólicos, que dicho sea de paso, solo las mujeres soportamos con heroico estoicismo, miraba a todos mis compañeros de salón y no dudaba en pensar “malditos, desgraciados, no saben lo que es SER MUJER”. Peor, si por allí se te manchaba la falda. El primer hombrecito que se te cruzaba por tu camino sería la víctima. Sí, él tiene la culpa. Luego venía el roche, o para evitarlo, bajar las tiras de la mochila, o en todo caso, sacarte la chompa y amarrártela a la cintura y pelarte de frío y soportar el llamado de atención de tu auxiliar de disciplina, quien por llevar una prenda colgando ya te estaba etiquetando de ‘pandillera achorada’. Joder (sorry).

Hacer educación física era incomodísimo, excepto para algunas que confesasen sin roche que estaban reglando y ya. Yo, pudorosa de todo , siempre seguía como si nada, aún con los dolores y el fastidio de tener que llevar una toalla entre las piernas. Pero lo más fregado de todo era toda la lavandería de ropas con manchas rojas que te tocaba por delante. Sábanas, ropa interior, pantalones, etc. Desde mi tabla de escobillar también odiaba a ‘toda esa tira de inútiles llamados hombres’. Desde mis noches en cama sin conciliar sueño por un fuerte cólico vociferaba en secreto insultos a la madre naturaleza, a Dios, sea Hombre, Mujer, o Mitad de los dos. Llegó incluso el día en que me juré que si me venía la bendita comadre para cuando hiciera mi presentación en el festival de danzas que organizaba anualmente mi colegio, iba a agarrar y para cuando sea adulta, sería la primera defensora en declarar inválida el criterio ése que dice que una mujer casada ha de llevar el apellido de su esposo. Ja!, como si fuésemos propiedad suya. Y van a ver, también voy a hacer que nuestros hijos lleven primero el apellido materno, porque más que hijos de ellos son nuestros. Ja!, no me van a venir con tonterías . Y a mí todavía.

Eso pensaba de chica. Pero con el tiempo vas madurando y todas esas iras mal geniadas contra los pobres varoncitos que no tenían culpa alguna de nuestras dolencias, van desapareciendo poco a poco. La cólera se va disipando, ya no te molesta tanto usar esa prenda incómoda que te apretaba 

la espalda, como eso que es el formador (el sostén bebé). Los cólicos empiezan a doler menos, hasta desaparecer (en algunos casos) y las antipáticas toallas higiénicas ahora forman parte, en forma natural, de tu cajoncito de de ropa interior. La disciplina, la rutina, todo son cosas que te ayudan a adaptar esos antiguos martirios en tu vida como mujer como algo normal. Claro que de cuando en cuando tienes un ataque de chiripiolca incontrolable cuando la bendita menstruación no te viene y tienes que recurrir a un ginecólogo quien te medica esas hormonas anticonceptivas que te generan un gasto (y todo para que la misma antipática venga a molestarte de mes en mes). Vuelves a mirar a todos los machos con ojos mitad furia- mitad impotencia, cuando te das cuenta que por el hecho de ser mujer, a veces tienes la mala fortuna de sufrir irregularidades en tu organismo que te hacen padecer y hasta desear ser hombre por un rato.

Sin embargo, mujeres del mundo, fuerza a todo eso. Solo nosotras comprendemos el costo de ser Mujer, y solo nosotras somos capaces de estar metidas en el cuerpo de una. Porque no cualquier mequetrefe lo puede hacer. Y en eso radica nuestro poder.


lunes, 14 de junio de 2010

Los amigos ‘i’

No he tenido ninguna entrada que me haya generado tantos malentendidos e incómodas explicaciones como el Tengo Quejas. Eso me pasa quizá, por bocona, por aventada, por ligera. Pero aún así no me arrepiento.

Decir las cosas tal y cual me vienen a la mente es mi gran defecto, yes, ok, lo acepto. Soltar las cosas así, tan despreocupada, sin evaluar sus inconveniencias, es algo que hago a menudo. Pero que quede claro que tampoco esperen de mí que me calle las cosas solo por evitarme líos. Contrario a lo que dirían Los Prisioneros, a mí me gusta quejarme incluso corriendo el desagradable riesgo de quedar mal con alguien. Tampoco esperen que yo venga aquí con las frasecitas facilonas que no hacen trastabillar a nadie. No esperen que me calle solo por no quedar mal . Si tengo que echar a perder todo porque algo no me parece, lo diré aun así, y ya me juzgarán ustedes. Claro, muy bien que puedo hacer todo eso y evitarme todo el trajín, pero mi carácter- siempre abierto al diálogo y a la discusión- no me lo permite. Y no, no estoy molesta por si acaso. ¿Quién te dijo que estoy molesta, ah?

(…)

Más de uno, digo, mis tías, mi hermano, me han advertido sobre el inconveniente de tener un Espacio en internet tan público como éste. Están en desacuerdo de que yo escriba aquí, contando detalles de mi vida, de mis relaciones con los demás. Yo, claro, también alguna vez me puse a pensar en ello; no por algo mantuve con vida un blog privado que no duró ni un año y al que solo tuvieron acceso mi grupo más cercano, el que ni siquiera alcanzó a darse por enterado de aquél. Además, no solía hablar tan abiertamente, ciertas cosas las reprimía; no quería revelar demasiados mis sentimientos.

Éste sin embargo es muy distinto. No solo está totalmente abierto al mundo, lo cual también puede ser algo peligroso ya que, por ejemplo, mi mayor temor es que caiga por aquí un conocido mío, o alguien desconocido para mí pero que me conoce (se entendió?) y quiera aprovecharse de algún modo, de toda la información que doy por aquí. Me expliqué bien?. Digo, que es sabido por todos que cuanto más sepan de ti (mientras tú no sabes ni michi de ellos) ellos se hacen más fuertes y te vuelven más vulnerable. Imagínate nomás que, no sé, algún chico que ha estado enamorado platónicamente de mí (increíblemente existen un grupo de ciegos por ahí) descubra este blog, y el muy pendeivis, se aproveche de eso y nunca me lo hace notar. Claro, buen provecho con la comida. Este defecto por ejemplo, hizo que restringiera los permisos de mi primer blog, el olvidado Space de Windows Live, con el único temor de que cayera en malas manos.

Va!, qué ridícula, me dirá alguien, pero para mí, los detalles de mi intimidad, de lo que pienso, de lo que siento, solo se los confío a mi entorno más cercano, a los que más quiero, a mi familia y a mis buenos amigos. En todo caso, se los confío a perfecto desconocidos (yo no los conozco ni ustedes a mí) quienes ni siquiera supieran de mi identidad, excepto que me llamo Paty( y esto, pues en realidad me gusta que me digan Paty). Esto es quizá lo interesante y rico de estar pregonando cada una de tus historias a desconocidos (que no te conocen ni tú a ellos): Que ellos no saben quién es tu tía, quién es tu hermano, quién es Mary, quién es esa panadería, etc. El mencionado lector tendría que ser alguien demasiado curioso como para tomarse la molestia de averiguarlo (que de hecho no le será muy fácil), o de otro modo, tendría que ser alguien que ya me conoce (y tal vez yo no a él) y lo único que haga es seguir las cadenas lógicas y dar con la identidad de esta chiflada autora del blog.

(…)

Si bien es cierto tengo mi página abierta a tutilimundi, es muy improbable que alguien conocido caiga aquí por pura casualidad. Tendría que ser encaminado aquí adrede, como por ejemplo, cualquiera de mis contactos del Facebook, pues justo allí en el perfil, donde te piden alguna página personal si la tienes, yo opté una vez por colocar muy arriesgadamente“patyna127.blogspot.com” aventándote a que si por allí alguien se atreve a pinchar en el link, se diga: “qué?, no parecía…, no puedo creerlo, Paty estaba bien enamorada… mira que guardadito se lo tenía” o “uy, no, así que Paty pensaba así…” o “vaya, vaya, ‘la pata’ era misteriosa, guardaba sus secretitos…” o lo que resulta peor, que el que estaba medio enamorado de mí, en vez de des- enamorarse ( que es como quiero) termine, para mi mala suerte, más encamotado de lo que estaba en un principio. (Qué humilde)

Por eso me cuido. En las decenas de comentarios que ociosamente dejo regados por la red, solo en espacios donde sé que jamás seré reconocida (improbablemente reconocida) dejó allí mi URL. En el resto, ni loca.

(…)

De lo anterior, entra a tallar el detallito ése de dejar el URL, cuando es voluntario, no obligatorio, no te lo piden. ¿Por qué ponerlo, entonces? Y allí va el deseo de uno (bueno, al menos mío) de ser leída, escuchada, atendida. Me doy cuenta que eso pasa cuando, por decir algo, te alegras de ver un comentario en una de tus entradas, no importa un comentario, solitario, como el que me deja siempre mi amigo ‘virtual’ Víctor. O, por ejemplo, te das cuenta que te gusta un poco de atención cuando aparece alguien nuevo en tu grupo (grupo?) de seguidores (otra vez, gracias Víctor) y te entusiasmas. Eso te hace sentir que te están escuchando, te están leyendo, que tus palabras no están en vano, que alguien las atrapa en el aire, que tú, de un modo intencionado o no, les importas. Te hace sentir que estás viviendo sustancialmente en alguien más que no seas tú, estás formando una parte fraccionaria de una vida que no es tuya, y que si un día ya no estás más, habrán otros, que se quedarán con el testimonio de tu existencia. Cuando eso sucede, dejas de ser un NN de todo este universo llamado internet, y ahora eres un personaje que tiene vida, porque los demás se la dieron. Aunque esos ‘los demás’ fuesen solo un “alguien”.


No se extrañen, por eso, si algún día alguien encuentra la dirección de esta página en el URL de comentarios. No se extrañen cuando comente sobre un asunto algo más popular, como las Novelas Coreanas, a la sola espera de que la búsquedas de Google colocarán a Patydrómeda como una paginita alternativa.

Creo que muchos necesitan esa atención, o al menos la desean. Lo sé por ejemplo, cuando un amigo hace poco me dio la dirección de su blog y me dijo (a mí me pareció ruego) que lo comente. O cuando Renato (Cisneros) pide que propagandeen su página, que pasen la voz por allí.

Alguno medio psicoanalista por allí podría juzgar que “ah, eso es porque la mamá no les ha dado cariño de pequeños, y los muy egocéntricos, ahora buscan esa atención no prestada cuando eran niños”. Yo no digo nada.

(…)

Antes escribía compulsivamente sobre un diario personal, muy personal. No tenía que cerrarlo con candadito claro porque ni mi hermano (a quien no le interesa) ni mi tía (que siempre respeta mi espacio) las hojeaba. Así que cualquier confesión, cualquier desaire, reniego, desahogo, reflexión, opinión, anécdota, poema, etc, que yo comentara, solo quedaba allí. Escribir aquí en cambio, me doy cuenta, me llena más. El diario ése era como pensar escribiendo. Solo decía las cosas para mí misma, y qué chiste tiene eso. Ni que fuese Ana Frank. En cambio, escribir aquí me hace imaginar cosas. Te imaginas que allá afuera hay alguien que te comprende cada pachotada y disparate y medio que escribes. Que lo comprende tal y cual tú lo escribes, y te ahorras las explicaciones. Te imaginas que hay alguien que te escucha sin detenerte. Que no te juzga. Alguien con el corazón abierto, que te estima incluso por encima de lo tonta, torpe, loca y fregada que puedas resultar. No sé, alguien a quien te idealizas tan solo, quizá inexistente, pero en el solo hecho de confiar que puede existir ese alguien, es que te consuelas, cubres un vacío.

La ventaja de crearte estos amigos imaginarios, de inventarte unos nuevos cuando tal vez ya los tienes en carne y hueso, es que los primeros no te cansan, no te cuestionan nada, te dejan ser como eres. Por algo dicen que si el buen humor te consuela de lo que tienes (defectos, por ejemplo), la imaginación te consuela de lo que no tienes.

Quizá producto de eso, de que nunca tuve grandes amigos, de esos de los que no puedes desprenderte jamás, es que siempre he encontrado en mí misma una gran amiga. No, no me quejo, he tenido buenas amistades que estuvieron conmigo cuando más los necesitaba, pero con los que te sientes que puedes pensar en voz alta, con quienes te puedas cobijar, llorar, compenetrarte más profundamente, de ésos, no tuve ninguno. Pero este blog me hace creer que los tengo. Aunque ellos no existan.


jueves, 10 de junio de 2010

¿Dónde está Elisa?

La novela ésta se pone cada vez más picante mientras se va acercando a su final. Mi tía dice que he desertado, se ríe mientras me cuestiona “Y tus chinitos?” (refiriéndose a las novelas coreanas), y yo le digo que no, que no los he dejado, que ya después los veré.

Pero lo cierto es que tengo un par de decenas de discos que ver, que yacen olvidados por culpa de este dramón, que a mi pobre juicio, es la mejor telenovela fabricada por Telemundo. (Pero cabe mencionar que la historia original es una producción chilena).

La historia gira en torno a la desaparición de Elisa, hija del presidente de la empresa Altamira, Mariano, un hombre arrogante, impulsivo, acaparador, pero querendón. La policía en el transcurso de la investigación saca a luz infidelidades, relaciones homosexuales, engaños, secretos oscuros. Digamos que sí, tiene sus defectos, pero al fin y al cabo es un drama intenso que se sale del formato clásico de las novelas producidas por América.


Ciertamente no soy muy amante de las novelas, ya sea colombianas, argentinas, venezolanas, chilenas, mexicanas (pasan piola) o incluso nacionales, pero ésta me capturó, uno, porque actúa Jorge Luis Pila, mi actor favorito y mi ídolo platónico de púber, y dos, porque lo ve mi tía.

La parte antipática

Lo que me disgusta y le resta puntos a mi aprecio por esta novela, son las escenas del detective (mi Jorge Luis) con Dana- la mamá de Elisa- a quien dicho sea de paso no tengo nada en contra. Lo que me fastidia del personaje es, como ya lo he mencionado alguna vez, esa cara que tiene de “yo no fui” pero muy bien que es… Tal vez a la mayoría les guste esta nueva parejita, pero me parece media aburridonga, carente de gracia, lo típico de siempre… Me hubiera gustado que el tal Cristóbal se hubiera quedado con la detective Cruz, y así, la cosa sería más simpática, transparente, divertida. Pero ya sabemos que eso nunca funciona.

Revisando algunas páginas por allí ya me he enterado de la final, pero eso no evitará que me siente otra vez en esta noche, a las 8pm. , encienda la tele’, ubique el canal 9 ATV -HD(y ya veo la cara de Eddie Fleishman promocionando el mundial ), suba un poco el volumen y junto a mi tía, no nos despeguemos de la mesa mientras nos ingerimos el lonche.


lunes, 7 de junio de 2010

Cuando acaban los prejuicios

El otro día, sentada muy tranquila en uno de los asientos traseros de mi chosicano( el bus que abordo para ir y venir de la universidad), me percaté que un muchacho, desgarbado, la ropa raída y descolorida, con zapatillas… (no sé si les ha pasado, pero el término ‘zapatilla’ automáticamente trae la advertencia: “Peligro: ‘choro’ a la vista”) acababa de subir al carro, y, oh! misterio, decidió sentarse justo a mi lado. Traté de no mostrarme preocupada por el hecho de que no llevase nada en mano [si no estás llevando nada, es una de dos: o bien vas aquicito nomás, o bien te vas a tu ‘trabajo’ (robar), porque, pregúntate, a dónde rayos más puedes ir sin nada a la mano?] y me dispuse a continuar mi sueño con ‘un ojo abierto’. Cuando escuché que estaba pagando el pasaje para irse, no a unas cuantas cuadras más allá, sino, justamente, para hacer una hora de viaje, junto conmigo, empecé a preocuparme. Dijo Ceres? ¿Escuché mal? ¡Oh, my god!, pensé, ya ni siquiera puedo cerrar un ojo. Concéntrate Paty, te duermes ahora, o llegas sin mochila a casa.

[Ceres no es otra cosa que la ‘cuna’ del comercio vitartino, un lugar con harto movimiento de gente y , desde luego, de ladrones. Allí los buenos rateros (los que saben robar, me refiero) suben a los micros sin nada y bajan cargándose un par de celulares último modelo de algún ingenuo. ]

Cuando nos aproximábamos al esperado paradero de Ceres, este jovencito, como para restregarme en la cara todos mis malos pensamientos, sacó de su percudido bolsillo, fresco, conchudo y tranquilo, un fajo de billetes de cien soles. Hubiera querido pedírselos y contabilizárselos yo misma, pero calculé, con el rabillo del ojo, algo más de dos mil soles. ¿Dos mil soles? Quedé como una taradita, toda hecha idiota. Ahora resulta que el que debió cuidarse más era él. (Cuidarse de mí, por ejemplo, cuya suma en efectivo de lo que tenía en los bolsillos no cruzaba los cinco soles).

¿Qué hacía él con dos mil soles en el bolsillo y seguir sin embargo, tan tranquilo? Y más raro, ¿qué hacía él, en tales apariencias, con todo ese dinerillo? Cuando él bajó, pidiéndome permiso para pasar (raterito con buenos modales, qué extraño), me quedé en un estado mongoloide, de final de Condorito: plop!

***

Un estudio (encuesta?, censo?) reveló que 400 000 peruanos dejaron de ser pobres en el 2009. (Me habrán contado?) Yo no sé ustedes, pero yo no tengo claro el concepto de pobreza aún. ¿Es pobre el que vive en el cerro, viste ropa china de Gamarra, asiste a comedores populares y se va a las polladas de los fines de semana? (sin contar que tiene televisor, luz y agua). Es pobre aquella señora que vende ambulatoriamente, en un improvisado puesto de frutas (mantel de plástico y unos cuantos kilos de melocotones) , con tres bocas que alimentar, una casa de esteras, y que de cuando en cuando se va por unos tragos? Será pobre el niño que, toma leche de gobierno distrital, lleva ropas rotas y se limpia (las cuatro letras) con papel de periódico chicha? No lo sé.

Pero lo que sí, es que tengo (tenemos?) esa mala manía de catalogar, a veces erróneamente, de que porque eres gringo ‘con presencia’, tienes plata. Que si vives en Surco, Miraflores, San Isidro, La Molina, Monterrico o San Miguel, vives bien.

Pero qué hay de aquél, Reina de la Papa, Principito de folklor, que tiene propiedades en tres distritos, carro del año, casa de playa, viajes por doquier?. Qué hay del empresario, apellidado Quispe, piel trigueña, nariz Túpac Amaru, con casa de tres pisos en Comas, acento provinciano, y vestimenta casual?


***

He escuchado a mis tías renegar porque siempre hay tipos que te miran la cara primero antes de cobrarte, no sé, algún utilitario, insumo o servicio. Siempre las he escuchado decir: “Qué se ha creído ése, creen que porque una es nihonjin tiene dinero”.

A mí me pasa con mis conocidos. Yo, que subsisto al mes con mis clasecitas particulares y mis cachuelos diarios (ayudando a hacer empanadas, por ejemplo), que tengo mi celular viejito de hace tres años (que no tiene radio, ni mp3, ni cámara, ni blá blá, y encima, ya tiene la luna rota), mi mp4 de dudosa marca china, y cositas que eventualmente compro por comodidad y darme el gusto, ya creen algunos que soy chica de plata. Ja! Chicos de plata serán (o se creerán) los que tienen trabajo fijo, gastan poco menos de cien- soles- hablando por celular (yo empleo tres soles-puros mensajes) tienen internet en casa (yo sigo yendo a las cabinas), han estudiado en colegios privados (con o sin esfuerzo de los padres; yo, ni con esfuerzo), se pasean todos los fines de semana -y gastan no menos de cincuenta soles-(yo me voy a misa los domingos) y van de compras al Saga Falabella (a mí me queda mejor Gamarra).

Creen que porque visto bien, luzco bien y encima, tengo la sangre oriental, el apellido “Xxxxxxx- Xxxx”, ellos ya me hallan en palacios imperiales. Cómo me rio, caracho.

Apuntes Finales

Creo que ya hace buen tiempo quedó atrás el estereotipo “del que tiene más”. La gente, las mismísimas mamachas, toman su taxi mientras se ponen a hablar por el celular (pantalla táctil), otros, muy colorados ellos, bien al terno, se sujetan bien de la barra de un bus público para no caerse. Paisanos, dan a ojos cerrados donaciones de doscientos soles o más para sus fiestas patronales, otros, con sus zapatitos bien lustrados y gel perfumado en el cabello, están llorando por pagar los veinte soles de la cuenta.

Ahora, habrá que tomarse más tiempo antes de juzgar. Y esto es lo que me gusta de esta nueva sociedad.


Post post: A la izquierda de la imagen, vemos a Jack Ma,un empresario chino considerado el "Bill Gates de Asia" -quien fue el foco de la atención durante la APEC 2008 - cuya historia de vida inspira a cualquiera (no tan cualquiera).

jueves, 3 de junio de 2010

Con estas deudas no me quiero morir

Mi primo Julio

Él estudió Redes así que desde el principio, él nos asesoró en la compra de la computadora, fue el doctor de ella para cuando se enfermaba, formateó y cambió el sistema operativo para cuando le hizo falta.

El sábado pasado (muy pasado) lo llamé para resolver una urgencia propia de software, pero terminado el trabajo, ya cuando me aproximaba a efectuarle el pago correspondiente al servicio (aunque más que pago creo que era propina), el muy condenado- es un decir, no se lo tomen a pecho- se negó a recibirlo. Hice un sinfín de maniobras y él las esquivaba todas. Claro, yo en realidad necesitaba el dinero (quién no) y tal vez no insistí con convicción, pero el hecho de que se fuera con un solo “gracias” de mi parte, luego de que se tomara tres horas tratando a mi maquinita enferma, me puso a mí en un estado de incomodidad, de conchuda.

Temo de que él haya caído por casualidad por este blog y haya leído el post Busco Trabajo ,y él, compasivo, se haya solidarizado conmigo con el gesto.

Pero no estoy bien. Le he dicho a mi hermano para invitarlo a comer, pero no me parece buena idea. Tal vez un regalito es lo mejor. No sé, no tengo idea.

La Panadería

Ya había comentado antes que dejé de ayudar en la Panadería que administra una de mis tías lejanas. Bueno, la cuestión es que el otro día vino y me dio dos billetes de s/.100 cada uno, diciéndome esa frasecita que estaba acostumbrada a escuchar toda vez que me daba mi propina de fin de mes:

-Ahí tá’, pa’ que te compres algo, pa’ tu universidad aunque sea-. Yo le dije:

-No, no tía, si yo ya no le ayudo.

-Nooo, toma nomás, pal’ pasaje- insistió ella. Siempre ayuda(me) en algo, yo no me molesto-culminó.

Mis tías casi siempre (por no decir, rochosamente, siempre) ganan en eso. La delicadeza abunda en la casa y unas a otras se están mechando por pagar las cuentas, el taxi, la propina al muchacho, los gastos del mercado. Pareciera que la plata les sobra, pero después están pidiéndole a Diosito que el dinero les alcance hasta fin de mes. Pero aún así si pugnas con ella para rechazarle sus monedas, terminas perdiendo.

Por no fingir una consideración y delicadeza protocolares (porque todo lo que yo quería hacer es decir “gracias” y arrancharle los billetes), estiré mi mano- maldita mano entre todas las manos- y recibí el dinero, con la palta de quien gana un juego sin haber hecho nada. Es cierto, estaba necesitada, pero eso no era lo que esperaba.

Me siento mal. Primero me resondra, y yo, malcriada y siempre contestona, le respondo “ya no vengo”, y ella, molesta y con razón, me dice: “siempre dices lo mismo”, y yo, picona que nunca se queda atrás, “ahora sí ya no vengo más”.

Y “Ya no vengo más” ya tiene dos meses. Renuncié con la idea principal de encontrar un oficio más enriquecedor, algo que me satisfaga y de paso me nutra y me haga madurar (aunque eso es menos probable). Quería algo mejor.

Pero de pronto llega ella y me dice “ayuda nomás, yo no me voy a molestar”, pues me deja en un estado de deudora, morosa. Qué incómodo. Un millón de veces mejor que te deban, que seas tú la víctima, antes que padecer en tu conciencia porque le debes algo a alguien. Yo estaba bien cuando de púber iba a ayudarla sin nada a cambio. Sentía que merecía propinas, estaba inconforme, pero bien. Ahora, toda vez que veo a mi tía, la veo con la cara de quien debe s/. 200 por concepto de servicios.

Por si las moscas, tengo ese par de billetes bien alejados de mi cuenta personal. Es algo aislado, como que no tiene nada qué ver conmigo, un par de papelitos marginados que he dejado bastante fuera de mis ahorros.

Sin embargo, tengo que ver a mis tías a diario. El trabajo no lo consigo, el dinero empeñosamente ahorrado comienza a disolverse con distintos gastos, y todos que me miran con la cara “y a qué hora haces algo?”, o las insinuaciones “siempre hay que ayudar en lo que sea, mira que tus tías ya tienen su edad, pobrecitas, aunque sea por consideración”.

Por lo pronto, pienso crear una página web de la tienda, a manera de saldar la deuda ofreciendo una publicidad. Estaré comentando de ella mucho después.

La Farmacia de mi tía

Era Febrero del 2002. Mi tía para ese entonces tenía en su administración una Farmacia cuyo nombre no revelaré. En una noche, mientras estudiaba y el calor me acosaba, decidí abrir la ventanita de ésas que se hacen por arriba de la chapa de la puerta. El problema es que esa puerta era la que nos conectaba directamente a la calle. Fui a dormir olvidando ese detalle.

Al día siguiente, cuando mi tía se levantó a abrir el negocio, percató que todos los mostradores donde se encontraban los remedios lucían vacíos. El resto, ya es predecible: Se llevaron el dinero de los cajones, la plata separada para pagar las cuentas (que mi tía cumplía puntualmente),y solo dejaron papel higiénico, jabones y thimolinas. Nosotros habíamos estados dormidos a solo unos metros, mientras estos malditos se dedicaban a vaciarse todo el negocio.

En vano fue llamar a la policía, quienes decían que solo se considera robo si es de mil soles para arriba. En vano fue el balance que le dieron de todo lo robado, un monto que pasaba los treinta mil soles. En vano sería llorar. Mi tía vio como en un día un grupo de maleantes se llevaron lo que a ella le había costado treinta años. Nunca la vi soltar lágrimas, al menos delante de mí, pero sí me incriminó- con mucha razón- lo que había sucedido.

Yo sí que lloré, y me prometí silenciosamente en devolverle todo lo que por mi culpa había perdido. Pero ya han pasado ocho años, y más que pagarle le he seguido quitando. Le quito con cada renegar que le provoco, cuando soy tan desconsiderada con ella, y le sigo quitando cuando en vez de estudiar o hacer algo productivo, me dedico a ver la tele’, escribir tonterías y leer otras tonterías.

Hoy, sin trabajo ya, sin otro sostén económico que la propina por ayudar a hacer las empanadas y los ocho soles la hora que cobro por cada clase particular, todavía tengo el tonto optimismo de hacer una fuente de riqueza?. Todavía aspiro a saldar esa deuda? No manches pues, Paty.


miércoles, 2 de junio de 2010

"Te amo" - Pablo Neruda

He aquí uno de los poemas que me encantan del gran poeta chileno, de esos que los lees y lees una y otra vez sin llegar a aburrirte. Ya quisiera yo escribir uno así... ja!, bromita nomás. Apenas serás una pichiruchi que se cree poeta...

Les dejo con un buen video con el que me enteré de la existencia de este poemilla:
Fuente: Youtube

video

Solo para los que han visto el video, aquí está la letra que robé de este blog : Te Amo

Y aquí hay otro poema del mismo Neruda, al que le tengo un aprecio especial. Apareció en una escena de Patch Adams, e, irónicamente, comienza con un "No te amo..."

martes, 1 de junio de 2010

Propuestas

El día en que salga ministra de educación(vaya vaya, todo quiere ser esta chiquilla, apuesto a que ni siquiera sabe lavar sus trusas y ya quiere ser congresista, presidenta y ministra) voy a invertir todos mis esfuerzos por la formación de la chiquillada, me refiero, por el desarrollo de la ciencia, la tecnología y el arte.

Todo el mundo lo sabe, pero nadie hecha manos a la obra- como yo, que cobardemente a penas se atreve a escribir sus ideas en un post que probablemente nadie lo leerá- que es en la educación en la que deberíamos apostar, si queremos un Perú mejor. No es por ser cursi, ni hacerme la intelectual, la interesante, la culta, la visionaria, la estadista o qué sé yo, pero hasta yo, ignorante y parlanchina al fin y al cabo, tengo el suficiente sentido común para darme cuenta que es en la niñez y la juventud en la que deberíamos invertir para forjar un futuro diferente al nuestro (que el presente no es tan malo, pero está jodido comparado con los países del primer mundo).

Nuestro país invierte menos del 3 % del PBI en el rubro de la Educación, cifra pobretona que no hace otra cosa que reflejar la triste realidad. Más de uno se habrá dado cuenta que nuestro capital humano y nuestras materias primas es una de las más envidiadas del planeta, que los únicos que no nos hemos dado cuenta (exceptuando al que dijo que nuestro país es un mendigo sentado en un sillón de oro) del detalle somos nosotros mismos, los mismos que, importamos nuestras riquezas naturales para que no las devuelvan procesadas y empaquetadas y más caras de las que se las vendimos; nosotros, los mismísimos idiotas(siempre unos más que otros) que dejamos escapar a miles de talentos a países extranjeros, para que en ellos encuentren el ambiente y las oportunidades para desarrollarse que no entraron en el nuestro, y que por cierto, devolverán a nuestros cerebros cuando ya se lo han aprovechado lo suficiente como para devolverlos ancianos, en ataúdes o para ya nunca devolvérnoslo. (Chequeen un ratito las historias de Mario Vargas Llosa, el tenista, Julio Granda…..) Nosotros, somos los culpables de nuestra propia “miseria”, y no hay más qué mirar.

Nuestro país no cuenta con institutos de investigación estatales, es más, el Estado* invierte solo cuarenta soles mensuales por cada investigador. Cómo pues, cómo les va a funcionar la creatividad a las pobres mentes brillantes que son, cuando su estómago les suena más fuerte que canchita pop corn saltando en una olla?. Yo, ni loca, me voy a Japón, en donde me regalan un aparato último modelo solo por pensar alguna cosa interesante. Ja!, habráse visto.

La educación es el camino, no hay nada más por hacer. El problema, es que todavía no la queremos caminar.

Como lo diría mi estimado César Vallejo: “Hay, hermanos humanos, muchísimo qué hacer”.

Hay, Vallejo hermano, muchísima pereza que superar.

*Una aclaración para los que se durmieron en su clase de Ciencias Sociales: Estado es el conjunto Patria(sentimiento que nos une), Territorio(tierra común en donde hemos nacido) y Pueblo(conjunto de individuos unidos por un vínculo afectivo o de identidad) y Gobierno(quien rige ,organiza y administra al y los recursos del Pueblo)

No se confundan, el Gobierno no es el Estado, ni viceversa. Cuando algo bueno pasa, alguna obra que el Gobierno se declara autor, es en realidad, una obra del Estado, en la que también contamos nosotros.