sábado, 25 de diciembre de 2010

Un deseo en Navidad

Una vez, mientras le daba clases a una niña de unos nueve años, se me ocurrió la impertinencia de hacerle una pregunta tonta:

-Andrea, tú a qué edad te enteraste de que Papá Noel no existe?
Mientras esperaba serenamente la respuesta, la pequeña giró la cabeza bruscamente y levantando las cejas preocupada, me contesta con la pregunta:

-¿Qué? ¿No existe?

Ah, estooo…. Yo….claro que existe…yo sólo decía….-empezaba a barajarla yo.

No recuerdo en qué momento dejé de creer en la existencia del señor bonachón de abultada barriga y larga barba blanca, pero es probable que el hecho de haber recibido -en ocasión de una chocolatada escolar- el mismo osito de peluche que ya me pertenecía desde meses atrás y que mi mamá-por qué sé yo motivos- reenvolvió y me lo volvió a regalar me hizo cuestionar seriamente su existencia.

En esta época del año son los niños los que aguardan con más entusiasmo la llegada de la Navidad. No importa de qué estrato social, raza o religión sean, muy dentro de ellos, y tal vez contagiados por toda la propaganda instalada en la ocasión, están a la espera de aquél juguete, libro o sueño que venían atesorando con ilusión.

Los niños forman parte de ese grupo de seres con la facilidad de ser felices con pequeñas cosas, sentir fascinación por los más mínimos detalles (que algunos llaman insignificancias) y a quienes es sencillo entusiasmar con la historia del que si dejas un diente debajo de tu cama aparecerá una moneda a la mañana siguiente.

Tres antecedentes

1er Acto: Cuando estaba en tercero de secundaria, entre risa y burla de algunos de mis compañeros, mi profesor de Comunicación soltó la cuestión:

-¿Ustedes alguna vez no se han preguntado para qué viven? No sé si seré espiritual, pero no lo olvidé.

2do Acto: Hace poco subió un pseudo vendedor al bus en el que viajaba y mientras yo bostezaba y esperaba el viejo y típico parlamento que precede al acto de sacar una bolsa de caramelos, toffes o cualquier mercancía por el estilo, me sorprendí gratamente al oírlo hablar, entre otras cosas:

-¿Alguien se ha preguntado por qué nos enfermamos, por qué morimos, por qué sucede todo lo que sucede? ¿Alguna vez se han preguntado cuál es el propósito de nuestra existencia? ¿Se trata sólo de nacer, crecer, casarse, reproducirse y morir? Estudiar, trabajar,… eso son actividades de supervivencia, cosas básicas que hacen todos los seres vivos, desde el más pequeñito y simple al más grande y sofisticado. Pero no te has preguntado, para qué más se ha hecho la vida?

Sacó tres libros distintos de su mochila (la mercancía a vender) y distinguí el título de uno de ellos: “Karma”. El joven-un estudiante de Filosofía de mirada penetrante e inquisitiva (cualquiera diría ‘loco’)- continuó su argumento:

-Actualmente en otros países, hasta el más humilde de sus habitantes, lee. Tengan en cuenta esto: La vida es una, el tiempo no regresa. ¿Alguien puede regresar un año?.......¿una hora?......¿un minuto?.......¿Alguien puede retroceder al menos un segundo?.....

Su última reflexión sacó de mi memoria las palabras que usa con frecuencia mi tía para reñir mi parsimonia y ‘santa paciencia’. “El reloj no espera. Avanza y avanza”. Parece que la escucho.

-¿Alguien quiere hacer una pregunta? –dijo el muchacho, y fue algo que me sorprendió. La mayoría habla sólo por vender, pero su gesto reflejaba una intención más genuina que el mero y metalizado hecho de ganar plata.

Nadie levantó la mano. Nadie le compró ni siquiera un librito. Y yo dejé ir a aquél joven, quedándome con una decena de preguntas dando vueltas desordenadamente por mi cabeza.

3er Acto: Tengo un amigo que hace poco, previo a un examen, soltó una interrogante al grupo de chicos que allí estábamos:

-¿Qué harías si te enteras que te queda un año de vida?

Bueno, es una pregunta que ya he escuchado, pero haberlo oído de él, con mi grupo de compañeros que no le prestaba atención-quizá por la preocupación del examen- me hizo sentir la pregunta con más profundidad.

-Yo me dedicaría a ‘mochilear’. Dejaría de estudiar, me iría a aventurar por ahí, a conocer lugares y personas nuevas, subsistir con lo poco que tengo y hospedándome en hogares de viejitos hospitalarios-fue la respuesta que él mismo, más o menos ,se formuló.

El deseo

Señor, si estás ahí, plis, no seas malito y dame las motivaciones para dejar de lado mi flojera y egoísmo. Envíame las experiencias necesarias que me conviertan en mejor persona. Ayúdame a sacar lo mejor de mí.

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