viernes, 10 de diciembre de 2010

La educación es el camino

El otro día entre la modorra que me provoca hacer el viaje en bus empecé -de pura casualidad- a oír una conversación:

-El problema nuestro es que somos muy expansivos- explicaba el hombre mientras se metía a la boca una palomita de maíz- En Europa las ciudades crecen hacia arriba, aquí lo hacemos hacia los costados, y así se nos va un montón de terrenos destinados a la agricultura, y lo que ocurre es que no hay una organización, no hay ninguna política que nos respalde. “Acá se vive el momento” (Ésa sí que me cayó a mí)

Y otras de las cosas en las que estamos mal es en la educación-seguía el señor éste.Ahora cualquier casita puede ser una escuelita. Los profesores, ahí no ves tú que cualquier estudiante de bachillerato puede enseñar? Y quién tiene la culpa? Ahí pues que el Estado les permite pe’, después ellos mismos no saben por qué andamos mal.

Es más, ser pobre aquí es un negocio- continuaba comentando el hombre que esta vez ya me parecía salido de algún congreso o ministerio- No tienes plata? Ahí está tu comedor, te doy tu Vaso de Leche, te construyo tu casita, te dejo que invadas un cerrito….

[…]

Con el 19% (o 20% ya?) el Perú se ubica entre los países con el más alto IGV de América. La nota contradictoria viene al saber que Nihon –evidentemente un país mucho más desarrollado que el nuestro-sólo exige el 5%. ¿Qué está pasando? ¿Cuál es la diferencia? La respuesta es rápida: Perú es un país de ricos.

“Aquí estamos dispuestos a pagar más de lo que debemos en productos de consumo. Eso es sólo un lujo que se pueden dar los ricos, no un país de pobres como EE.UU”

Fuga de Talentos

No soy la primera ni seré la última en afirmar que sólo por la educación un país puede progresar. Los países con los más altos índices de desarrollo lo son porque saben aprovechar su capital intelectual. Invierten fuertemente en centros de investigación, estimulan el desarrollo de la ciencia y la tecnología, promueven la participación de la comunidad, y en general, lo apuestan todo en la educación de los suyos. Nosotros, aún siendo conscientes de nuestras riquezas y variedad de recursos naturales, estamos ciegos ante esta realidad. La educación abre los ojos a las personas, cosa que no es muy bien vista por alguna minoría a la que le conviene la ignorancia de los demás.(cuantos más, mejor)

Nos llaman país tercermundista porque así lo proclaman los que se autodenominan ‘primermundista’. Pero de tercer mundo no tenemos nada. El Perú no sólo tiene el privilegio de estar bendecido por la variedad y abundancia de sus especies, su clima o riqueza mineral. Lo es también por el talento de sus individuo.

Lo lamentable de la situación es que los genios peruanos brillan en otras tierras porque en la suya no encuentran las condiciones ni los medios necesarios para desarrollarse. Recuerdo por ejemplo lo que una vez me dijo mi profesor: “Todos mis compañeros ahorita está trabajando en el extranjero. Yo soy el único gil que se ha quedado acá (risas) […]. Pero todavía tengo la esperanza de que las cosas aquí cambiarán”

Una encuesta sugiere que el 78% de los universitarios divisa al Perú dentro de cinco años como un mejor país para vivir. Sin embargo, cualquiera que tiene la oportunidad agarra sus maletas y se va. Si el Perú es un paraíso terrenal tal como lo canta todo el mundo,¿ por qué huir de él? Si el en Perú hay mucho por hacer (eso lo dijo el Sr. Vallejo) ¿por qué fugar?

Es la negatividad, la pobreza, lo aparentemente desfavorable la que produce y estimula las cabezas pensantes. Bajo esta premisa, el Perú es un mundo de oportunidades y posibilidades donde el ‘ingenio peruano’ se agudiza a prueba de balas. Cómicos ambulantes, venta en micros, limpiadores de lunas…el peruano nunca tiene impedimentos para salir adelante.

¿En qué momento se jodió el Perú?

Nunca estuvimos jodidos Zavalita, nunca. El día en que la Educación cobre nuevos impulsos, el día en que nos demos cuenta en que la formulita secreta no era tan secreta, el día en que el país se decida a apostarlo todo en la formación de sus habitantes, allí dejaremos de hablar de los años que llevamos retrasados respecto a tal o cual país.

Por lo pronto, seguiré siendo una parlanchina más que parlotea y parlotea las mismas palabras que serán olvidadas de aquí a unos cuantos días más.

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