martes, 16 de noviembre de 2010

El Deporte Ciencia


Por una semana he estado por tierras del Premio Nobel de Literatura 2010, formando parte de la delegación de mi universidad que participa en una Olimpiada que se celebra allí, en la disciplina de Ajedrez. Este evento resultó ser una inmejorable experiencia para conocer gente nueva y nutrirme de aprendizajes que no se logran con los libros ni en la escuela.

El torneo rompió contra ese mal adquirido prejuicio del ajedrecista-nerds, carente de reflejos y habilidad social. No, ver a la gente del ajedrez no era ver un grupito de gente con lentes o tics extravagantes propios de excéntricos. Al contrario, era gente muy abierta, openmind, de carácter simpático y humor divertido, capaces de invitarte a conversación con la mayor naturalidad mientras se topan contigo por casualidad en los pasillos de un baño, por ejemplo. Hacer conocidos en un torneo de ajedrez, es muy fácil, sólo tienes que preguntar: ¿qué tal te fue en la partida?, el resto va corriendo por su cuenta.

En poco tiempo me he dado cuenta qué tan provechoso resultó ser el ajedrez en mi vida. Al inicio, en mis doce años, apenas si sabía mover algunas piezas. Sucesiva y progresivamente empecé a desarrollar una cariñosa afición a un deporte que tiene mucho de bello y algo de ciencia. Pero más allá de todo, como muy bien ya lo han mencionado muchos, el ajedrez contribuye a formar la personalidad de quien lo juega, dotándole de valores y desarrollando cualidades que son puestos en acción en ese tablero de sesenta y cuatro escaques.

Responsabilidad: No hablo de aquélla que consiste en cumplir diligentemente alguna obligación, sino por el hecho de asumir a conciencia la autoría de tus propias acciones. En ajedrez, tocas una pieza y ya no hay marcha atrás, no puedes rectificarte o pedir una nueva oportunidad. Sólo te queda asumir el acierto o el error. Si no tienes planes de juego, olvídate, ya fuiste.

Creatividad: Por su complejidad y multiplicidad de variantes, este juego se presenta como un ejercicio de creatividad por excelencia. Allan Poe mencionó alguna vez que, si se quiere comparar las habilidades mentales de un par de jugadores, el juego de damas, por ser el más simple, era mucho mejor que el ajedrez, ya que éste, por las distintas características y lo sofisticado del juego, tendería más a confundir. Para él el popular juego de damas constituí un duelo de táctica mientras que el ajedrez de técnica. Un punto de vista bastante discutible.

Planificación: Establecer prioridades, prever el próximo movimiento rival, anteponerse a maniobras futuras (‘visión profiláctica’), movimientos precisos y puntuales, optimización de jugadas, economizar el tiempo, análisis de variantes, cálculo y probabilidades; todo esto constituye la dinámica general bajo la cual se mueven las piezas, con el plan de capturar el rey.

Espíritu de Lucha: Aunque en competencias de nivel cuando ya has llegado a una posición inferior o consumada se tiende a abandonar el juego ‘con dignidad’, existen partidas en las que la última palabra aún no está dicha hasta que no te den el mate. Hubo un par de juegos en las que mi posición quedó, como se dice, pal gato, pero recordando la sabia frase de que esto no se acaba hasta cuando se acaba, la seguí peleando en miras de sacar un empate o vender cara mi derrota, y terminé ganando. Esto es lo bonito de jugar con humanos: Un mínimo descuido, un prematuro canto de victoria, un lapsus brutus o desliz del rival, y tú misma eres. Con una computadora que calcula fríamente no puedes hacer lo mismo, pero el ser humano es vulnerable a los errores, y eso se convierte en una jugosa oportunidad.

Actitud Deportiva: Me gustó ver una regular presencia femenina en el evento. Para un deporte machista como es el de los trebejos, ver a 32 damas (93 varones) de distintas universidades compitiendo es un hecho plausible. Aunque el nivel de juego en hombres aún sea más fuerte que la nuestra, no tengo duda que en un futuro ambos géneros compitan por igual.

Allí también se respira un aire de confraternidad y concordia. El perdedor le extiende la mano amistosamente al ganador. En ningún momento vi rostros picones o miradas de envidia.

Una nota final: Para los que tienen sus dudas acerca de si el ajedrez es un deporte o no, la respuesta es sí. ¿Por qué?, es una historia un poco larga para contar (en cinco líneas) . Lo que sí, es que, si una actividad debe implicar esfuerzo físico para ser considerado deporte, entonces el ajedrez también cuenta con un argumento, aunque indirecto. Se ha demostrado que en torneos de élite, los jugadores llegan a perder hasta 10 kg, y “tanto la presión sanguínea como el ritmo cardíaco son propias de las de un velocista que espera el disparo final”.

También tenía mis dudas al respecto, pero luego de haber estado en cinco días de competencia, llegando a Lima el cuerpo me pasó factura del insospechado desgaste que le vine propinando y me pasé tres días seguidos durmiendo más de doce horas, como si nada.

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