sábado, 18 de septiembre de 2010

Top Ten del ‘Roche’ y la Incomodidad

1. Tenía siete años cuando entre juego y juego, una de mis primas, cinco años mayor que yo, dijo: ‘Vamos a hacer una protesta’. Sí, dije yo. Hay que reclamar. Para ese entonces era tan ingenua que todo lo que me hacían repetir mis crueles hermanos mayores, yo las repetía sin mayor pedido de explicaciones. Entre ellas, había una que me hacía gracia decirla cuando mi hermano quería que yo ‘protestara’ algo a mi mamá. Nadie me había dicho nada para entonces. Pero esta vez lo dije ante mi prima: “Queremos prostitutas, queremos prostitutas!!”. Plop!

Mi prima, como era de esperarse, fue corriendo a chismosearle a su hermana mayor la palabrota que su primita menor había sido capaz de proferir. “No sabe lo que dice”, fue la explicación que le daría, mientras ambas me miraban frunciéndome el cejo. Nunca supe el porqué de su sorpresa, sino hasta cuando pasaron siete años más.

2. Ingresas a una galería (en Gamarra) preguntando por un pantalón ‘bahía’, e inmediatamente, las muchachitas se mueven como hormiguitas y te van mostrando docena de prendas en variedad de marcas, colores y tamaños. “Pruebátelo nomás sin compromiso, amiguita”, te dicen las diosas de la marquetería, y tú, deseosa de comprarte una, y agradeciendo la amabilidad del ofrecimiento, te pruebas una. Noo, te ajusta en la cadera. Le detallas el color, el estilo y tu talla: La muchachita corre presurosa a rebuscar entre una pila de pantalones, después de unos instantes la ves acercándose accidentadamente - media sudorosa- con un trío de ellos.

Entras al probador, y el primero te ajusta en la entrepierna. El segundo te entra y no quieres dar más qejas, pero notas que no es del estilo que quieres, y piensas, tendrías que llevarlo al sastre para que le dé algunos retoques…cosa que probablemente te salga seis soles más, porque no te olvides que también eres chata y la basta es obligado. Continúas con el tercero, y resulta que la bendita cosa ni siquiera consigue llegarte a la cadera.

Sales del ‘vestidor’ y aún notas el sudor en el rostro de la joven. Haces un puchero por dentro, a pura verdad no quieres comprarle nada y salirte corriendo, pero te contienes porque te hace ‘pica’ el no comprarle nada después de haberla hecho trajinar tanto. Ni pensar en la cara que tendrás que inventarte para decirle “para la próxima amiguita…”, no, ni loca. Sabes que no soportarías la expresión del rostro de la mujer mientras le dices eso… Entonces le dices cuánto cuesta esto- mostrándole la segunda prenda- ella dice cincuenta, nada menos?, insistes tú, impulsivamente; ah, ya, cuarenta y nueve nomás casera, no se puede más, te dice la miserable, ah ya bueno pues, aceptas tú, que no eres de ánimos de prolongar las negociaciones.

Pruébelo sin compromiso…. Ja!

3. Acabas de efectuar un servicio en la que, con lógicas deductivas de por medio, ameritas ser remunerado. Cobrar nunca ha sido tu fuerte, extender tu mano para recibir o pedir algo, mucho menos. Envidio a los que cobran en bancos y cajeros automáticos.

4. El silencio: Estás de pie ante un conocido (que no conoces muy bien) esperando a tu otro amigo, y de pronto, un prolongado silencio aloja sus incómodas entrañas en la conversación, y rebuscas miles de temas (que no tengan que ver con el clima) para suplir ese vacío en la charla. Tu amigo demora más de la cuenta y ya no tienes más temas en común de conversación con el tipo que tienes al frente. Ambos miran el suelo- o pierden la mirada- y tú comienzas a jugar ‘pelea de gallitos’ con tus pulgares mientras continúas ‘rompiéndote el coco’ para sacarle un dichoso nuevo tema de charla.

5. De casualidad transitas por un parque o callejón. La luna llena es la insignia en esa noche. Un amigo gentilmente se ofreció ‘hacerte la taba’ hasta el paradero , pero, por obra y arte de magia, aparecen decenas de parejitas acarameladas deambulando por todos lados. Se activa una vocecita alcahueta en tu cerebro, y estás pensando…. No. Ojalá estuvieras aquí.

6. Recibir piropos te hace sentir bien, pero no es tu fuerte. Si bien no te cohíbes ni te sonrojas, algún “hola princesita” o “qué lindos ojitos tienes” venidos de algún desconocido coquetón que se te cruza en el camino, en cierto modo, te coloca en una situación incómoda.

Mucho menos si se trata de algún grupo de chicos que aprovechando tu soledad se atreven a aventarte cosas más despiadadas como “estás bien rica chinita”. Claro, en mancha hacen todo…solos … no son nada.

7. No hay más asientos en la combi y no tienes otra que sentarte en ese estrechísimo banquillo que se sitúa justo detrás del cobrador, mientras tu vista choca, inevitablemente, con los demás pasajeros. De pronto, te das cuenta que el chico que tienes frente a ti te resulta de algún modo atractivo, y desvías la mirada educadamente para no tener la incómoda situación de coincidir ocularmente. No tienes idea de dónde mirar: A tu derecha está el bendito tarifario, y piensas que girar tu cabeza a la izquierda no le da tu mejor perfil…maldices el momento en que decidiste no ponerte aquel polo que te quedaba mejor, o esmerarte en peinarte en la mañana…No, no es que quieras algo con él, pero no está mal dejarlo pensando mientras tú bajas de aquel micro…xD

8. Estás en un recinto cerrado, un bus, por ejemplo; y suena el timbre de tu celular. Ah, una llamada. Contestas, pero la voz del otro lado no responde. Repites: sí, diga…., pero ‘el condenado’ ni ah. No, no quieres dar a conocer a nadie que te han dejado ‘colgada’, así que te haces la ‘canchera’ y empiezas a inventarte una conversación: “Oh, hola Mire’, sí, ya estoy yendo, no te preocupes. Estoy ahí más o menos…- miras tu reloj- … en treinta minutos. Si me tardo, ustedes vayan yendo nomás. Ah, porfa’, dile a Enrique que deje mi folder con don Valentín…qué? Ah, claro, yo te llamo igual. Ya, ya, un beso.”

9. El profe’ te mira con aire que va entre desdén y burla (también depende de quién sea este desgraciado creído) y te entrega una nota- ya sabías- reprobatoria. ¿Por qué no estudias?, te incrimina él, y tú quieres decirle: “por relajada”, pero inclinas un poco tu cabeza y te vas deseando que las gradas que te llevan a tu asiento te hundan hasta el fondo de la tierra.

10. Estás en tercero de primaria, es el mes de julio y tienes a quinientas caras viéndote atentamente, a la espera de ese dichoso y patriótico poema que ibas a recitar. Te acuerdas que al final dices: “Viva el Perú!” pero no te acuerdas cómo rayos era que empezabas. Ya Pasaron veinte segundos desde que terminaste de saludar a la directora, a los profe’s y ‘compañeros en general’ pero no tienes ni la más remota idea de la primera línea con que empezaba aquella poesía que tú habías aprendido de memoria desde días atrás.

Los miles de ojitos centrados en ti, te intimidan, ahora sí que tienes la mente en blanco. Ah, ves al grupo de muchachas (tú le dices ‘pabellón’) con la bandera, algo se te ocurre. Modulas un poquito la voz, y sin más, entonas: “Somos liiiiibreeeeeess, seáaaaamos….lo siempre seámoslo, siempre…Ante nieeeeeeeegue, sus luuuuuuuces, sus luces, sus luces el Sol….” Mientras dices eso, haces mímicas y ademanes (para que parezca poesía) y todos te acompañan con el himno.

Salvada por la bandera.

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