viernes, 10 de septiembre de 2010

Lo que a nadie le sirve (pero a mí sí) . Pág. 2

Nunca me gustó forzar las cosas, ni forzarme a hacer cosas. Por el momento, sobrevivo engriéndome con esta irresponsable regla personal. Quizá no acumulo el estrés de la gente que mi alrededor acostumbra a quejarse (y ésta es una alarmante señal de mi sinvergüencería) pero cómo me encantaría decirle a la gente que se tome las cosas con más calma, que se puede vivir haciendo lo que a una más le gusta, viendo todas las cosas desde una perspectiva más relajada.

Por cierto, no me ‘vacila’ hacer limpieza ni hacer empanadas. Prácticamente ocupa la mitad de mi día. Por no decir algo más. Si mi tia se enterara de lo que ahora estoy diciendo, es probable que me bote de la casa, o me resondre fuertemente y memorice esta frase para hacérmela recordar aun cuando no venga a colación.

Me gustaría vivir en un departamento sola (ojalá que esto tampoco lo leyese nadie) Conozco a bastante gente con ese ‘privilegio’. ¿Qué tan malo podría resultar aquéllo? ‘My’ siempre me repite que yo me aburro no haciendo nada, pero eso nunca ha sido cierto. Aun cuando no tengo clases que escuchar o dictar, tareas domésticas qué hacer, o qué sé yo, siempre encuentro cosas para hacer. Dios!, es una ofensa que me digan que me aburro. Más bien me falta tiempo para hacer las cosas que tanto me gustan. ¿Alguien me vende su aburrimiento por las ‘tareas divertidas’ que tengo en casa?. ¿Alguien medio flojito para resolver problemas que no quiera hacer un cambio conmigo para hacer empanadas?

Sí, pero qué horror. No imagino las posibles nefastas consecuencias que me podría traer esta media apática actitud mía en el futuro. Considerando claro, que para las personas que me rodean dedicarse a la poesía, o al arte en general, la filosofía o la matemática pura no tiene ninguna utilidad en la vida. “Eso no te da dinero”. Yo quisiera dedicarme a hacer programas de computadoras, o escribir artículos o estudiar matemáticas, no sé, hacer investigación y sacar teoremas (jiji “sacar teoremas”) y así obtener dinero para pagar a otros que cocinen y limpien mi casa. Sí, lo sé, soy una mujercita floja. Pero vamos!, lo mío es el trabajo mental. Aunque escribirlo arriesgadamente aquí no cambiará la situación de mis días próximos.

Y mañana despertaré a las ocho y media. Luego me viene un (merecido) grito de mi tía. Y después las cosas que más odio: Que el mercado, que las empanadas y las tartaletas, que picar cebolla, que sacudir la sala, limpiar la casa, una trapeada al patio y al baño. Que ir a la panadería, que almorzar y acomodar los servicios, que hacer las empanadas, que sacarlas, que dictar a tal alumna. ¿Cómo harán los demás para continuar con esta rutina sin quejarse? Seré yo la única engreída que se queja del movimiento rutinario y desagradable a la que es arrastrada todos los días? Por lo menos la universidad es un respiro.

Me gustaría levantarme cada mañana, tomar el desayuno, y en pijamas irme a la compu’ (y mejor si tiene internet). Ponerme a escribir cosas si por ahí tengo alguna idea, o en todo caso, curiosear sobre cosas que a diario se me ocurre ponerles interés. Lueguito, qué bacán, me pondría a leer algo acerca de la Teoría de Números y a intentar a hacer algo por mi cuenta.

Creo que estoy tratando de decir que me gusta hacer cosas que supongan para mí un reto intelectual. No le encuentro ningún desafío barriendo o regando el jardín. No veo en bañar a ‘Chiquita’ un problema sin solución. No hallo estimulante la idea de pasarle trapo a las cosas empolvadas (maldito polvo, para qué existes) Sé que me equivoco y estoy hablando bastante ‘piedra’, o como lo diría mi hermano, “hablas tonterías hasta por los codos”, sin embargo, hay Dios!, qué rico resultó decir todo esto sin nada ni nadie para inhibirte, acechándote, viniendo a decirte “uy!, qué mal! Es bonita la vida cuando encuentras la paz. Es muy linda la vida cuando respiras libertad.

2 comentarios:

  1. Si las empanadas te salen bien, creo que basta… dime dónde puedo comprarlas para probar qué tal salen, sea a tu tía o a ti, veremos qué tipo de energías les imprimen si dan ganas de comprar una docena para llevara casa o dan ganas de darse media vuelta y nunca regresar… según los paladares hay infinitas opciones. Es divertido escribir, es bueno desahogarse, el polvo lo hacemos nosotros porque es -en gran porcentaje- piel humana, las piedras habladas relajan el día y qué importa lo que los demás digan o piensen siempre y cuando uno no piense ni hable como ellos el resto de nuestras vidas.

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  2. Ah ya, no hay problema Víctor, aquí te dejo el link con la dirección: La Central de Santa Clara (es una página en construcción) Ésa es la web que estoy elaborando para 'saldar' la deuda a la que hice mención en un post anterior.

    Y gracias por el ánimo (descuida, no me divierte hacer empanadas pero tampoco me las agarro con ellas, y aparte, mi tía[otra tía] hace molesta sus pasteles, pero igual le salen ricos...me sorprende)

    Y como lo diría Tolstoi,"la felicidad no está en hacer lo que se quiere, sino en querer lo que se hace" . Maldito Tolstoi.

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