viernes, 10 de septiembre de 2010

Lo que a nadie le sirve (pero a mí sí) . Pág. 1

Buscando la brújula

Jueves 09 de septiembre 2010

Son las diez y cinco de la noche y estoy sentada frente a una hoja en blanco de Word. Estoy segura que quiero escribir algo, aunque no sé muy bien qué. Creo que dejaré que mis dedos me guíen en la búsqueda. Será mejor que mis ideas corran solas, no importa si en forma desordenada e incoherente. No importa.

Estoy escuchando música en inglés (no entiendo nada pero las melodías son buenas) Sabes, me encantaría quedarme aquí hasta altas horas de la noche, quedarme de amanecida, sola aquí con mi música y la computadora; es una perspectiva bastante relajante. No quiero escuchar el grito de mi tía “ya, a qué hora!!” cuando ya sean las once. Tampoco los pasos de mi otra tía acercándose para chismosear (y tratar de leer) lo que estoy haciendo. Ahora que lo pienso, creo que quiero eternizarme en esta silla y en esta noche. Coger alguna galleta del escritorio para cuando se me apetezca, o tomar un par de gomitas frugelé de mi cajón. Tal vez podrían juzgar mi actitud de ociosa, cómoda y aburrida, pero qué rayos, no pretendo rendirle cuentas a nadie.

A propósito, hacer las cosas cuando a una le apetezcan, del modo que le plazcan, y por el motivo que a una se le ocurra, de verdad que es bien bonito. ¿En qué momento dejamos de ser libres y nos atamos a la responsabilidades propias de ser una persona de este mundo? En qué momento fue que nos obligan a hacer cosas que no queremos sólo porque es el único modo de sobrevivir ‘con la fiesta en paz’? ¿Y cómo vivir alegremente, haciendo lo que a una más le gusta, en el momento en que más le plazca, y de la forma en que más le plazca? Constantemente estoy luchando contra la mala costumbre de hacer las cosas ‘porque hay que hacerlas’, aunque no siempre se puede salir airosa en esa lucha.

Diablos, son las diez y veinte. Tengo cuarenta minutos más para seguir siendo una muchachita libre. Creo que la vida no me alcanza. Cielos!, si tan sólo pudiera comer cuando tenga hambre, dormir cuando tenga sueño, despertarme cuando deje de hacerlo. Rayos. Si tan sólo me dedicara a escribir y no escuchar por un momento a nadie más. Si comprendieran los demás que no quiero escuchar sus voces, sino la música alucinante que tengo en mis audífonos. Si el egoísmo no fuera una cosa mala. Si pudiera hacer lo que se me pegase en gana. Si los de alrededor dejaran de juzgarme. Si los demás dejaran de callarme. Y lo más difícil, qué difícil, aun con eso tenerlos a todos aquí conmigo.

Quisiera hablar ‘mentalmente’ porque incluso ahora encuentro una molesta labor ésta la de hablar. Me da fatiga la idea de tener que forzar a mis órganos fonéticos (se llaman órganos fonéticos?) a vocalizar las cosas que quiero decir. Dios!, me bastaría con no tener cuerpo, y transitar por el mundo sin ser un alma siquiera, tal vez un rastro de aliento de lo que alguna vez hubo algo. Pero un rastro tan sólo. Entiéndase que no deseo desaparecer, sino simplemente convertirme en algo más liviano y ligero que no le pese a nadie, ni me pese siquiera a mí. Segurito que no se entiende nada, pero ya son las diez y veintiocho, y entender o no esto no mueve las manecillas del reloj de mi tía, que igual me mandará a dormir cuando el minutero llegue a doce.

Y ahora que lo pienso, Winamp está reproduciendo la canción del Titanic, la de Celine Dion, y me está sugiriendo que extrañe a alguien. Me doy cuenta del hecho y no puedo evitar pensar en un barco, el frío nocturno, la brisa fresca y un pecho contra el mar. Extraño una cosa fuertemente, y me pongo a pensar que cómo truenos una cancioncita nos puede sensibilizar hasta el tuétano. Vaya caja maravillosa la de nuestro cerebro. Maldición, se está acabando la canción y ya no tiene sentido nada de lo que estoy escribiendo. Plis, no me quiero ir.

1 comentario:

  1. Hacer lo que uno quiere cuando uno quiere es placentero y lo es porque nadie deja que así sea. Las imposiciones son diarias, naturales, normales, es decir, comunes. Esas obligaciones (mentiras) son cosas de todos los días en las mentes comunes que se sienten impelidos a cumplirlas detrás de caretas de responsabilidad. Pero, ni modo, así es la humanidad dominada por el Padre Crítico y por el Niño Libre (poco del Adulto se deja ver) -teorías de la conciliación psicológica, una verdad aplastada por la mente colectiva negativa y por el mercantilismo depredante-. Nunca fuimos libres porque estamos atados a la mente colectiva que nos hace pensar y pensar y hacer y hacer sin cuestionar, sin autocrítica, sin eficiencia y sin eficacia, con mucho desperdicio y sin pensar en los demás ni en uno mismo. Hacer las cosas "porque así debe ser" es una terrible imposición que uno debe aprender a sortear, cumpliendo pero no comprometiéndose; así, uno lo puede hacer rápido y bien para tener tiempo propio en cosas que enriquezcan el espíritu y el intelecto (qué importa si los demás se enfrascan en hacer lo mismo hasta el último día de sus vidas). Eres bondadosa si, reprimida, aún quieres tener a aquellos y aquellas a tu alrededor; es una buena esencia que no debes dejar que las frustraciones ajenas hagan que cambie.

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