martes, 14 de septiembre de 2010

Gané la Kábala

Alguien me creyó? Seguro que no. Y en efecto, la probabilidad de llevarme el máximo premio en este juego de escoger seis números entre cuarenta es una entre 2763633600. Sin embargo, desde hace poco vengo comprando la ‘Kabalita’ cuyo pozo (no llega a s/.300 000) si bien no me hace millonaria ni me asegura una estabilidad eterna; a nadie le vendría mal un dinerito extra, no? Y menos si jugarlo sólo le resta s/0.50 a mi bolsillo, el mismo (s/0.50) que suelo gastarlo para llenarme de torties o camotes fritos y otras chatarras por el estilo que no le hacen ningún bien a mi organismo pero satisfacen ociosos antojitos míos. Alguien podría decirme que de s/0.50 en s/0.50 estas compañías se están alimentando ‘a raspadas’ de mi bolsillo, y que el precio engañoso de una ‘miserable chinita’ se trata de sólo una ‘maña marketina’ que pretende instalar en mi manipulable subconsciente la idea de que perder s/0.50 es como perder nada, pero vamos!, déjenme divertirme perdiendo un poco de plata con la cándida esperanza de recuperarlo algún día.



No soy una muchacha ‘lechera’ ni mucho menos creo en mi suerte en el azar. De hecho, haciendo un breve chequeo en mi historial, sólo recuerdo dos eventos en las que la suerte me eligió. La primera me trajo de premio un Tampico de s/2.50 que me saqué gracias a un cuy de tómbola (que luego debió haber ido a parar en un plato de cuy chactado) y lo otro vino en una canasta por el Día del Padre que yo gané gracias a las típicas rifas celebradas por esa fecha. Curiosamente de ‘canasta’ no tenía nada, tomando en cuenta que vino en una bolsa ‘brillito’ en cuyo interior encontré un par de medias, un calzoncillo, y un pantalón de buzo sin casaca. Peor es nada.
(…)
Hace unos años (manganzona ya) probé una maquinita de ésas en la que los escolares (y que seguramente muchos potenciales jugadores debieron haber hecho sus pinitos) acostumbran a jugar luego de la jornada colegial. Yo empecé metiendo diez céntimos a la ‘tragamoneditas’–cuyo nombre, por cierto, dice lo que son: unas bandidas ladronas-y perdí mi primer juego. ‘Picona’ porque ya había visto a otros mocositos llevarse una cuantiosa cantidad de monedas, me animé a seguir en el juego y levantar cada vez más mi apuesta.En lo que no reparé era que yo no tenía ni el ‘truco’ ni la ‘maña’ de esos petisos ,y de repente, sin darme cuenta,ya tenía s/2.30 menos en el bolsillo, y me prometí a no volver a jugar enfermizamente.
(…)
Es así precisamente, como comienza la historia. Como un tentador círculo vicioso: Si ganas, animosa, vuelves a jugar porque piensas: “ah,es mi día de suerte”, pero en verdad terminas por perder lo que ganaste y parte de lo que ya tenías al inicio. Por el contrario, si pierdes, ansiosa, sigues jugando en aras de recuperar lo perdido, pero ya sabemos que no recuperas ni michi y terminas perdiendo más de lo que-según tú-pretendiste recuperar. Ésa es la lógica de este negocio rentable que se alimenta de ludópatas y sigue en crecimiento. ‘La Banca’ o ‘Casa’ nunca pierde, porque en eso está el chiste de su existencia, de otro modo, no podrían mantener en pie tanta maquinaria, publicidad y empleados usados.(Si no me creen, chequeen un rato la película “La Gran Estafa”, con Matt Damon, Brad Pitt, George Clooney; y algunas escenas de “Percy Jackson y el ladrón del rayo”)

Por eso, nunca se dejen manipular señores. Si algún día alguien se aventura a divertirse probando suerte, que sea con una actitud racional con lo que están haciendo. Si se dejan llevar por los impulsos entusiastas o frustrantes del momento, les aseguro que de ese mundo, tal droga, nadie los saca sino un especialista o una enorme (monumental) fuerza de voluntad. Así que a veces, una retirada a tiempo, es una victoria.
(…)
Mi tía dice que “es mejor la suerte que viene del esfuerzo”, y claro que sí. Las personas empeñosas y optimistas siempre tendrán suerte en todo lo que hagan (por simple ley de causa-efecto). Así que la cualidad de ‘afortunadas’ les cae encima por antonomasia. Sin embargo, a pesar que también soy defensora de tales ideas, de vez en cuando no veo mal echar mano sobre el azar y esperar que mi ‘supuesta’ buena fortuna, me tienda una mano y me premie -de la nada- por algo que tal vez hice hace mucho tiempo y no fue recompensado en su momento.

Je!, estoy bromeando. Qué recompensa ni qué ocho cuartos…

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