viernes, 27 de agosto de 2010

Héroes Personales

Mis héroes personales nada tienen que ver con las figuras de Jesús, Alfonso Ugarte o Miguel Grau. Tampoco con ídolos deportivos ni súper estrellas de cine. No entran a tallar aquí ni siquiera aquéllos sobredotados por la naturaleza, capaces de hacer cosas asombrosas. Pueden provocarme asombro, sí, pero nunca admiración.

¿Qué gracia tiene venir al mundo con ciertos fantásticos dones y talentos? ¿Cuál es el chiste de alcanzar la gloria, como alguien lo dijo, con un segundo de heroísmo? A mí eso no me emociona.
Lo que me conmueve en el alma, me hace meditar, cala hondos hoyos en mí, son aquéllos que en una combinación de estoicismo, inteligencia, corazón y fortaleza, dejan por sí mismos una huella de vida.

Estos héroes dejan tras de sí historias posibles, milagros creíbles, personas naturales que nada tienen de celestial o divino, seres de carne y hueso cuyas lecciones de vida encierran en sí mismas fábulas con sustancia humana, nada fantásticas; son individuos normales que viven o vivieron entre nosotros, fueron o son como nosotros, y el único detalle con el que se diferencian de muchos de nuestra especie es por causa de la combinación de distintos factores: las circunstancias de la vida, el destino, el carácter innato, la fuerza de voluntad, las decisiones tomadas en el camino, el propio temple.

Mis héroes personales tienen por hazaña una vida especial y una especial forma de hacer frente a ella. La mayoría de ellas marcada por deficiencias físicas, golpes del destino, ‘infortunios’ de la vida, caminos pedregosos. Su mérito no reside en lo mucho o poco que hayan sufrido o les haya dolido la vida. No. Precisamente, su huella viene de las distintas reacciones que han tenido ante ella. Unos destacan por la alegría y el buen humor que le han imprimido a su historia en medio de los dramas, otros, se apoyaron en el arte como mejor forma de sobrellevar su ‘tragedia’, algunos, encontraron en la sonrisa la mejor forma de mostrar su llanto interior, y otro poco, optó por el racionalismo y la tajante idea de que solo la muerte podría acabar con su fatídico estado. De uno u otro lado, ellos tuvieron motivos propios para todo lo que hicieron y no hicieron, y lo que rescataré de todos ellos son justamente las ideas y valores que se desprendieron de sus vidas.

Ramón Sampedro

Sampedro era un viajero errante cuando a los 25’, un accidente lo dejó tetrapléjico. Ramón desde el primer momento que dio cuenta de su estado supo que no era nada digno para él continuar su vida en esas circunstancias deplorables. Mejor era morir. “No es vida estar así, una cabeza viva en un cuerpo muerto”. A Ramón Sampedro lo movían cada tres horas para que en cuerpo no se le formen heridas. Desde el primer momento después del accidente, su cuerpo dependía de las manos generosas de otros. Eso lo fregó. Persistente, buscó a la justicia para legalizar su muerte. Como no podía hacerlo solo, alguien tenía que hacer ese trabajo sucio. Muchos lo tildaron de hereje, incrédulo, pesimista, sin corazón. Sampedro no hacía caso. Respondía con una inquietante lucidez y racionalidad, rebatiendo cada aliento venida por parte de tetrapléjicos como él, algunos de los cuales tuvieron una vida que inspiró historias que se llevaron al cine. Esto es lo que les decía él desde su cama, en donde solía escribir poemas y pensamientos con un aparato que le hacía doler la boca:

“La muerte como concepto universal negativo en relación a la vida no existe. Tal deducción lógica es errónea. Es una distorsión racional derivada del sentido del temor. Lo negativo es matar. Pero justificar el sufrimiento como un medio de purificación moral solo se le puede ocurrir a un ser moralmente degenerado por una conciencia culpable”.




Lejos de ser un renegado como muchos lo pretendían, cada frase de Ramón estaba envuelta en una singular ternura y sentido del humor. Una mujer que se había enamorado de él le cumplió el mayor deseo que lo persiguió desde el accidente. El proceso se dividió en once pasos, cada uno ejecutado por distintas personas para asegurar que de tener éxito en el cometido, nadie saldría culpado por la Justicia.

La historia fue llevada a la pantalla grande a través de la cinta española “Mar Adentro” protagonizada por Javier Bardem.

[Fuente Imagen: Sampedro ]

1 comentario:

  1. No tengo héroes ni admiro a persona alguna pero sí me emocionan los ejemplos de vida que hacen reflexionar -de verdad- sobre la vida que estoy llevando; me motivan a buscar y entender si estoy en "buen" camino según designios universales (el propósito de mi vida) que, imagino, siempre es para hacer bien y ayudar. Es lamentable ver a aquellos que sufren toda su vida por decisiones tomadas con influencias externas y que, después de años de frustración, culpan a los demás por su temperamento débil y carácter inmaduro. De la película, es excelente y muy fuerte porque deja pensando sobre el sufrimiento que la humanidad deja caer sobre sí misma (además del drama personal de aquel personaje y de los muchos que estarán como él pero sin tomar decisión alguna).

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