martes, 31 de agosto de 2010

Alguien

Se dice siempre que hay que vivir como si hoy fuera el último, que si queremos decirle algo a alguien, que sea hoy, pues tal vez mañana sea demasiado tarde.

No es que me esté preparando ni vaticinando mi muerte- toco madera-pero al final de a cuentas, parafraseando a mi estimado Pablo Neruda, la vida es lo que se hace, no quiero nada con la muerte. Por eso, aquí voy:

Hay una persona que, sin serlo, me ha querido y cuidado como mi mamá. Me cubría con una manta por las noches, mientras yo, acurrucada por el frío, ni cuenta me daba. Esta persona lavó mis sábanas cuando a los seis años- qué horror- aún me hacía ‘la pila’ en la cama. Me enseñó a agarrar la escoba, lavar mi taza, comerme las alverjitas y el nabo, lavar mis ‘jacamas’, hacerme el nudo en los zapatos y planchar mi ropa.

Me cosió un vestido rosado y me preparó mi primera torta de cumpleaños. Es ella la mejor cocinera del mundo-chúpate ésa querido Gastón -y es tan buena gente que me separa los odiosos quesitos del Locro.

Hay una persona que me hizo llorar, la hice llorar, nos hicimos llorar. Es la misma que tolera mis tercas contestaciones, mis arranques de rebeldía sin causa, mi rara forma de pensar y mi lentitud de siempre.

Hay una persona con quien discuto todo el tiempo, que me manda a dormir a gritos a las 11 (en punto) y me levanta de otro (grito) a las 8. Quien se desespera con mi despreocupada forma de dejar pasar el tiempo, con mi despampanante relajo, mis constantes metidas de pata y mis frescas maneras de llegar siempre tarde. Que siempre acostumbra a pensar mal- a veces acierta- me sobreprotege, me ha enseñado que en el mundo no todas las personas son buenas aunque lo parezcan, y que ante todas las cosas, “siempre hay que pensar en los demás”.

Hay una persona que se esfuerza a diario en inculcarme la disciplina, el orden, el respeto, la responsabilidad, el trabajo y el temor a Dios, pero yo, toda bruta como siempre, termino por olvidar las lecciones aprendidas- como lo diría don ‘Samoncho’- de un sopapo.

Hay una persona que siempre encuentra críticas- constructivas- en todo lo que hago, y que, a diferencia de la mayoría, me ha hecho ver mis defectos y errores (como cuando me dice que escribo con un lenguaje ‘muy callejero’ y menea la cabeza en señal de desaprobación toda vez que digo cosas ‘sin sentido’) Es ella la única que me ha dicho cosas que nadie supo decirme y que ha visto cosas que otros no vieron en mí. A quien agradezco por no darme la razón en todo, por no estar de acuerdo conmigo siempre, y por hacerme ver que se puede vivir en armonía a pesar de las anchas diferencias de parecer. Por hacerme descubrir que , en el fondo de todo nuestro aparente caos, en realidad, siempre fuimos parecidas, y siempre nos encontraremos cercanas.

Hay una persona a quien a pesar de no haberla visto alegrarse por mis logros, ni lucir satisfecha por algún triunfo, o brindarme un abrazo entusiasta de aliento, sé que muy dentro, he logrado hacerla sentir orgullosa alguna vez; y eso me basta.

Hay una persona que sé que me quiere , no sé cómo ni cuánto, pero sé que lo hace. Quien reza por mí (y nosotros) a Aquél que nos protege-creamos o no en Él-, y que, en silencio, espera nuestra llegada y se tranquiliza cuando nos ve arribar a casa en buen estado (es decir, verifica si tenemos las extremidades completas, sin moretones, con los huesos en sus respectivos sitios,etc...)

Hay una persona a quien me ha tomado tiempo querer, pero a quien ahora se me hace difícil dejar de hacerlo-además de que no quiero-. A quien quiero incluso cuando tira las ollas o la puerta, o me resondra por algo que considero injusto, o no me deja escuchar música a alto volumen y quedarme viendo películas hasta las dos de la mañana.

Hay una persona a quien quiero a pesar de que ya no escucha bien, o a pesar que yo misma no me crea nada de lo que estoy diciendo. Es la misma persona que sobrevive en mi corazón por encima de las lágrimas de algunas veces y la impotencia de otros días.

Gracias por ser quien es, y por dejarnos ser a pesar de lo irritables e insoportables que hemos llegado a ser. Disculpa tía por siempre pedirle disculpas, sin llegar a la enmienda. No volveré a pedir disculpas, pero siempre habrá un “gracias” que dar. Un “gracias” tan tímido y comodín como el de ahora, pero un “gracias” al fin.

Gracias por leerme, ahora mismo.

2 comentarios:

  1. Es un escrito muy personal, parece una persona amargada y frustrada con su vida, llena de estereotipos y prejuicios. Tal vez lo sea, pero si la quieres creo que basta y sobra para que siga siendo como es... total, nadie cambia si no quiere hacerlo. Lo que me gustó es el corazón que le pusiste a este escrito, muy humano, dicotómico también (y eso también es muy -demasiado- humano), algo de todos los días que nos hace apreciar lo que no nos dejan hacer, lo que dejamos de hacer y lo que no queremos hacer, es decir, tomar nuestras propias decisiones y cargar con las responsabildades que traen, siempre.

    ResponderEliminar
  2. No, mi tía no es amargada (y es un hecho aparte el que se la agarre con las cosas para descargar su ira- mi hermano lo hace y tampoco es un amargado, hasta donde sé-) Yo diría más bien que tiene la personalidad de un Sheldon Cooper, no tan tan pero muy parecida: Tiene un sitio específico en la mesa (y hasta en la banca de la Iglesia), tiene un gran sentido del orden y la organización: Etiqueta todas las cosas diciendo "cada uno tiene su sitio y un uso específico" -y no sabes tú cómo se pone cuando vas contra esa regla- y casi nunca se aventura a hacer las cosas de manera improvisada o distinta. Bueno, el problema no es que ella sea así,no. Lo bravo viene cuando trata de imponer esa actitud a los demás (porque justamente, piensa que eso es lo correcto).

    Pero buéh, en medio de todo, mi tía es una gran persona. Y yo la quiero por eso.

    ResponderEliminar