lunes, 5 de julio de 2010

No prives mi privacidad

Entro al baño de un supermercado. Termino mis quehaceres fisiológicos y quiero jalar la cuerda (cuál cuerda) y me percato que allí hay una cajita – electrónica, sospecho- empotrada a la mayólica, con una bolita roja centelleante en el centro. Desconfiada y recelosa, la aplasto, y noto que en el fondo del inodoro hay un sonido familiar(se está desaguando, claro).

No sé si les pasa, pero a mí, una maniática- obsesiva y celosa de mi cuerpo (de hecho, ya escucho la cancioncita en mi cerebro ♪ “yo sé cuidar mi cuerpo, yo sé cuidar mi cuerpo”) siempre se me da con examinar el terreno (en este caso el baño público) y no dejo pasar por alto ningún detalle que me inspire desconfianza: observo el techo, las esquinas, el retrete, todo, asegurándome de que algún pervertido no haya colocado allí una cámara indiscreta camuflada por alguna parte. Siempre me aseguro, desconfío de cualquier dispositivo electrónico, hasta incluso, no contenta con todo eso, media loca yo, le lanzo una ofensa, mostrándole el dedo medio arriba a la supuesta dichosa camarita secreta.

Y si hay algo que aborrezco de la tecnología, es en su utilidad para transgredir territorios íntimos de la gente, tocar ese tesoro delicado llamado ‘espacio privado’.

(…)

En una escena de “Hombres de Negro”, vemos cómo un tipo (el partner de Will Smith) va a su computadora, teclea el nombre de su novia (o querida); la máquina ésta hace una búsqueda satelital, muy al estilo Earth Google ,y ubica el lugar en la que se encuentra la susodicha; atrapa la toma, se acerca, más y más, zoom y zoom, y allí la tienes a la pobre, captada por un indistinguible – radar?, GPS?- grabando cada uno de sus movimientos, mostrándola mientras, no sé, riega la plantita de la maceta, baña a su perro, hace una lectura, está en el baño, …. en fin, allí está la pobre, vulnerable, indefensa, presa de ese poderoso ojo óptico, observador, atento, acechante, cual si fuera Dios, viendo cada uno de sus movimientos. Me molesta la idea de que el hombre llegara a inventar un aparato como tal (que de hecho lo hará).

(…)

Un tiempo estuvo muy de moda el término ‘chuponeo’, esas conchudas líneas que se filtran en tus conversaciones telefónicas. Otro tiempo estaba el término ‘hacker’, interceptores de cualquier tipo de cuenta (electrónica, bancaria, de cualquier índole). Hoy reaparece la frase “cámara escondida”, la misma que ha hecho que proliferen los videos sensacionalistas y obscenos por la red.

Claro, para una común y corriente como yo, no hay problema, me llega si me captan desnuda (aunque les digo que lo lamentarán), me llega si escuchan mis conversaciones, si escudriñan por todas mis cuentas, espían todos mis diarios secretos, si husmean en mi ecosistema personal. Me llega, porque no soy nadie ni tengo nada.

Claro, digo: “me llega”, en el sentido que no haría un escándalo, ni me haría demasiados enredos, pero verían ustedes la venganza que planearía. Porque una cosa es no exaltarse demasiado para cuando algo malo ocurre, y la otra, quedarse muy tranquila a pesar de eso.

(…)

Me alegra y reconforta saber que hay un espacio donde el hombre y la tecnología aún no han sabido ingresar: Adentro de uno.

[Aunque el film- protagonizada por Robin Willians- “La memoria de los muertos” pretendían acercarse a ese objetivo. La película gira en torno a un chip (zöe) que es implantado en el cerebro del individuo cuando éste es apenas un bebé, y se dedica a grabar, como una película hecha por tus ojos, todas las escenas que vives hasta tu muerte. Sin duda, es una memoria mucho más fuerte que tu propia memoria, ya que ésta guarda objetivamente todos los momentos, incluidos los que tú ya has olvidado completamente. La imagen, los sonidos, tus pensamientos, todos son objetos que se conservan intactas y originales.

Lo que no se incluye allí, afortunadamente, son los sentimientos involucrados, las sensaciones, las emociones que le dan un valor propio al momento y le asignan otro protagonismo más que el mero cronológico.]

Me alegra saber que aún tengo cosas secretas que ocultar, un espacio muy privado que cuidar, un romance, con una misma, que mantener. Me alegra que me pueden ver mientras doy un beso, pero no lo que siento, que pueden ver mi sudor, pero no mi esfuerzo, que pueden alegrarse por el sueño que alcancé, pero no saber lo que me costó, leer un poema, pero no adivinar qué cosas internas me llevaron a eso.

1 comentario:

  1. Ya hay chips de rastreo implantados en policías y niños en Australia y gringolandia... ya están dentro de uno y, aquellas ficticias películas donde el hermano mayor controla todo, parecen cercanas. De mi parte, tapo la cámara de la computadora aunque no anulo el micrófono... el video dice más pero el audio dice mucho... prefiero no vivir pensando en ello que ya mucho tiempo y energía he desperdiciado desconfiando de la humanidad. Mi tranquilidad es primero por tanto trato de no ver, de no preocuparme en paranoia a menos que la transgresión sea obvia, que me dé cuenta... y aún así no me fastidiaría, porque estoy tratando de vivir una vida en la que nadie puede perturbar mi paz interior... qué difícil viviendo en una ciudad con tal crecimiento económico (materialista, consumista, vanidoso).

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