lunes, 14 de junio de 2010

Los amigos ‘i’

No he tenido ninguna entrada que me haya generado tantos malentendidos e incómodas explicaciones como el Tengo Quejas. Eso me pasa quizá, por bocona, por aventada, por ligera. Pero aún así no me arrepiento.

Decir las cosas tal y cual me vienen a la mente es mi gran defecto, yes, ok, lo acepto. Soltar las cosas así, tan despreocupada, sin evaluar sus inconveniencias, es algo que hago a menudo. Pero que quede claro que tampoco esperen de mí que me calle las cosas solo por evitarme líos. Contrario a lo que dirían Los Prisioneros, a mí me gusta quejarme incluso corriendo el desagradable riesgo de quedar mal con alguien. Tampoco esperen que yo venga aquí con las frasecitas facilonas que no hacen trastabillar a nadie. No esperen que me calle solo por no quedar mal . Si tengo que echar a perder todo porque algo no me parece, lo diré aun así, y ya me juzgarán ustedes. Claro, muy bien que puedo hacer todo eso y evitarme todo el trajín, pero mi carácter- siempre abierto al diálogo y a la discusión- no me lo permite. Y no, no estoy molesta por si acaso. ¿Quién te dijo que estoy molesta, ah?

(…)

Más de uno, digo, mis tías, mi hermano, me han advertido sobre el inconveniente de tener un Espacio en internet tan público como éste. Están en desacuerdo de que yo escriba aquí, contando detalles de mi vida, de mis relaciones con los demás. Yo, claro, también alguna vez me puse a pensar en ello; no por algo mantuve con vida un blog privado que no duró ni un año y al que solo tuvieron acceso mi grupo más cercano, el que ni siquiera alcanzó a darse por enterado de aquél. Además, no solía hablar tan abiertamente, ciertas cosas las reprimía; no quería revelar demasiados mis sentimientos.

Éste sin embargo es muy distinto. No solo está totalmente abierto al mundo, lo cual también puede ser algo peligroso ya que, por ejemplo, mi mayor temor es que caiga por aquí un conocido mío, o alguien desconocido para mí pero que me conoce (se entendió?) y quiera aprovecharse de algún modo, de toda la información que doy por aquí. Me expliqué bien?. Digo, que es sabido por todos que cuanto más sepan de ti (mientras tú no sabes ni michi de ellos) ellos se hacen más fuertes y te vuelven más vulnerable. Imagínate nomás que, no sé, algún chico que ha estado enamorado platónicamente de mí (increíblemente existen un grupo de ciegos por ahí) descubra este blog, y el muy pendeivis, se aproveche de eso y nunca me lo hace notar. Claro, buen provecho con la comida. Este defecto por ejemplo, hizo que restringiera los permisos de mi primer blog, el olvidado Space de Windows Live, con el único temor de que cayera en malas manos.

Va!, qué ridícula, me dirá alguien, pero para mí, los detalles de mi intimidad, de lo que pienso, de lo que siento, solo se los confío a mi entorno más cercano, a los que más quiero, a mi familia y a mis buenos amigos. En todo caso, se los confío a perfecto desconocidos (yo no los conozco ni ustedes a mí) quienes ni siquiera supieran de mi identidad, excepto que me llamo Paty( y esto, pues en realidad me gusta que me digan Paty). Esto es quizá lo interesante y rico de estar pregonando cada una de tus historias a desconocidos (que no te conocen ni tú a ellos): Que ellos no saben quién es tu tía, quién es tu hermano, quién es Mary, quién es esa panadería, etc. El mencionado lector tendría que ser alguien demasiado curioso como para tomarse la molestia de averiguarlo (que de hecho no le será muy fácil), o de otro modo, tendría que ser alguien que ya me conoce (y tal vez yo no a él) y lo único que haga es seguir las cadenas lógicas y dar con la identidad de esta chiflada autora del blog.

(…)

Si bien es cierto tengo mi página abierta a tutilimundi, es muy improbable que alguien conocido caiga aquí por pura casualidad. Tendría que ser encaminado aquí adrede, como por ejemplo, cualquiera de mis contactos del Facebook, pues justo allí en el perfil, donde te piden alguna página personal si la tienes, yo opté una vez por colocar muy arriesgadamente“patyna127.blogspot.com” aventándote a que si por allí alguien se atreve a pinchar en el link, se diga: “qué?, no parecía…, no puedo creerlo, Paty estaba bien enamorada… mira que guardadito se lo tenía” o “uy, no, así que Paty pensaba así…” o “vaya, vaya, ‘la pata’ era misteriosa, guardaba sus secretitos…” o lo que resulta peor, que el que estaba medio enamorado de mí, en vez de des- enamorarse ( que es como quiero) termine, para mi mala suerte, más encamotado de lo que estaba en un principio. (Qué humilde)

Por eso me cuido. En las decenas de comentarios que ociosamente dejo regados por la red, solo en espacios donde sé que jamás seré reconocida (improbablemente reconocida) dejó allí mi URL. En el resto, ni loca.

(…)

De lo anterior, entra a tallar el detallito ése de dejar el URL, cuando es voluntario, no obligatorio, no te lo piden. ¿Por qué ponerlo, entonces? Y allí va el deseo de uno (bueno, al menos mío) de ser leída, escuchada, atendida. Me doy cuenta que eso pasa cuando, por decir algo, te alegras de ver un comentario en una de tus entradas, no importa un comentario, solitario, como el que me deja siempre mi amigo ‘virtual’ Víctor. O, por ejemplo, te das cuenta que te gusta un poco de atención cuando aparece alguien nuevo en tu grupo (grupo?) de seguidores (otra vez, gracias Víctor) y te entusiasmas. Eso te hace sentir que te están escuchando, te están leyendo, que tus palabras no están en vano, que alguien las atrapa en el aire, que tú, de un modo intencionado o no, les importas. Te hace sentir que estás viviendo sustancialmente en alguien más que no seas tú, estás formando una parte fraccionaria de una vida que no es tuya, y que si un día ya no estás más, habrán otros, que se quedarán con el testimonio de tu existencia. Cuando eso sucede, dejas de ser un NN de todo este universo llamado internet, y ahora eres un personaje que tiene vida, porque los demás se la dieron. Aunque esos ‘los demás’ fuesen solo un “alguien”.


No se extrañen, por eso, si algún día alguien encuentra la dirección de esta página en el URL de comentarios. No se extrañen cuando comente sobre un asunto algo más popular, como las Novelas Coreanas, a la sola espera de que la búsquedas de Google colocarán a Patydrómeda como una paginita alternativa.

Creo que muchos necesitan esa atención, o al menos la desean. Lo sé por ejemplo, cuando un amigo hace poco me dio la dirección de su blog y me dijo (a mí me pareció ruego) que lo comente. O cuando Renato (Cisneros) pide que propagandeen su página, que pasen la voz por allí.

Alguno medio psicoanalista por allí podría juzgar que “ah, eso es porque la mamá no les ha dado cariño de pequeños, y los muy egocéntricos, ahora buscan esa atención no prestada cuando eran niños”. Yo no digo nada.

(…)

Antes escribía compulsivamente sobre un diario personal, muy personal. No tenía que cerrarlo con candadito claro porque ni mi hermano (a quien no le interesa) ni mi tía (que siempre respeta mi espacio) las hojeaba. Así que cualquier confesión, cualquier desaire, reniego, desahogo, reflexión, opinión, anécdota, poema, etc, que yo comentara, solo quedaba allí. Escribir aquí en cambio, me doy cuenta, me llena más. El diario ése era como pensar escribiendo. Solo decía las cosas para mí misma, y qué chiste tiene eso. Ni que fuese Ana Frank. En cambio, escribir aquí me hace imaginar cosas. Te imaginas que allá afuera hay alguien que te comprende cada pachotada y disparate y medio que escribes. Que lo comprende tal y cual tú lo escribes, y te ahorras las explicaciones. Te imaginas que hay alguien que te escucha sin detenerte. Que no te juzga. Alguien con el corazón abierto, que te estima incluso por encima de lo tonta, torpe, loca y fregada que puedas resultar. No sé, alguien a quien te idealizas tan solo, quizá inexistente, pero en el solo hecho de confiar que puede existir ese alguien, es que te consuelas, cubres un vacío.

La ventaja de crearte estos amigos imaginarios, de inventarte unos nuevos cuando tal vez ya los tienes en carne y hueso, es que los primeros no te cansan, no te cuestionan nada, te dejan ser como eres. Por algo dicen que si el buen humor te consuela de lo que tienes (defectos, por ejemplo), la imaginación te consuela de lo que no tienes.

Quizá producto de eso, de que nunca tuve grandes amigos, de esos de los que no puedes desprenderte jamás, es que siempre he encontrado en mí misma una gran amiga. No, no me quejo, he tenido buenas amistades que estuvieron conmigo cuando más los necesitaba, pero con los que te sientes que puedes pensar en voz alta, con quienes te puedas cobijar, llorar, compenetrarte más profundamente, de ésos, no tuve ninguno. Pero este blog me hace creer que los tengo. Aunque ellos no existan.


1 comentario:

  1. El blog es un amigo, por ello deja que se le pongan todas las cosas que queramos; por eso tengo 7 blogs con temas distintos. Sobre decir las cosas como son, escribir intimidades y hacer que la lean los cercanos, lo he hecho, con buenos resultados (porque algunos han dejado de molestar con su metichería constante y ridículamente compensatoria de sus bajas autoestimas). De los demás, siempre han tenido temor de decir cómo son las cosas, cómo ven todo, cómo viven, así que son pocos los que hablarán y, mientras, es mejor publicar todo lo que el corazón mande y dicte porque el resto, lo normal, está torcido a más no poder, porque lo normal es lo común y lo común es lo mediocre. Gracias por la mención.

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