jueves, 3 de junio de 2010

Con estas deudas no me quiero morir

Mi primo Julio

Él estudió Redes así que desde el principio, él nos asesoró en la compra de la computadora, fue el doctor de ella para cuando se enfermaba, formateó y cambió el sistema operativo para cuando le hizo falta.

El sábado pasado (muy pasado) lo llamé para resolver una urgencia propia de software, pero terminado el trabajo, ya cuando me aproximaba a efectuarle el pago correspondiente al servicio (aunque más que pago creo que era propina), el muy condenado- es un decir, no se lo tomen a pecho- se negó a recibirlo. Hice un sinfín de maniobras y él las esquivaba todas. Claro, yo en realidad necesitaba el dinero (quién no) y tal vez no insistí con convicción, pero el hecho de que se fuera con un solo “gracias” de mi parte, luego de que se tomara tres horas tratando a mi maquinita enferma, me puso a mí en un estado de incomodidad, de conchuda.

Temo de que él haya caído por casualidad por este blog y haya leído el post Busco Trabajo ,y él, compasivo, se haya solidarizado conmigo con el gesto.

Pero no estoy bien. Le he dicho a mi hermano para invitarlo a comer, pero no me parece buena idea. Tal vez un regalito es lo mejor. No sé, no tengo idea.

La Panadería

Ya había comentado antes que dejé de ayudar en la Panadería que administra una de mis tías lejanas. Bueno, la cuestión es que el otro día vino y me dio dos billetes de s/.100 cada uno, diciéndome esa frasecita que estaba acostumbrada a escuchar toda vez que me daba mi propina de fin de mes:

-Ahí tá’, pa’ que te compres algo, pa’ tu universidad aunque sea-. Yo le dije:

-No, no tía, si yo ya no le ayudo.

-Nooo, toma nomás, pal’ pasaje- insistió ella. Siempre ayuda(me) en algo, yo no me molesto-culminó.

Mis tías casi siempre (por no decir, rochosamente, siempre) ganan en eso. La delicadeza abunda en la casa y unas a otras se están mechando por pagar las cuentas, el taxi, la propina al muchacho, los gastos del mercado. Pareciera que la plata les sobra, pero después están pidiéndole a Diosito que el dinero les alcance hasta fin de mes. Pero aún así si pugnas con ella para rechazarle sus monedas, terminas perdiendo.

Por no fingir una consideración y delicadeza protocolares (porque todo lo que yo quería hacer es decir “gracias” y arrancharle los billetes), estiré mi mano- maldita mano entre todas las manos- y recibí el dinero, con la palta de quien gana un juego sin haber hecho nada. Es cierto, estaba necesitada, pero eso no era lo que esperaba.

Me siento mal. Primero me resondra, y yo, malcriada y siempre contestona, le respondo “ya no vengo”, y ella, molesta y con razón, me dice: “siempre dices lo mismo”, y yo, picona que nunca se queda atrás, “ahora sí ya no vengo más”.

Y “Ya no vengo más” ya tiene dos meses. Renuncié con la idea principal de encontrar un oficio más enriquecedor, algo que me satisfaga y de paso me nutra y me haga madurar (aunque eso es menos probable). Quería algo mejor.

Pero de pronto llega ella y me dice “ayuda nomás, yo no me voy a molestar”, pues me deja en un estado de deudora, morosa. Qué incómodo. Un millón de veces mejor que te deban, que seas tú la víctima, antes que padecer en tu conciencia porque le debes algo a alguien. Yo estaba bien cuando de púber iba a ayudarla sin nada a cambio. Sentía que merecía propinas, estaba inconforme, pero bien. Ahora, toda vez que veo a mi tía, la veo con la cara de quien debe s/. 200 por concepto de servicios.

Por si las moscas, tengo ese par de billetes bien alejados de mi cuenta personal. Es algo aislado, como que no tiene nada qué ver conmigo, un par de papelitos marginados que he dejado bastante fuera de mis ahorros.

Sin embargo, tengo que ver a mis tías a diario. El trabajo no lo consigo, el dinero empeñosamente ahorrado comienza a disolverse con distintos gastos, y todos que me miran con la cara “y a qué hora haces algo?”, o las insinuaciones “siempre hay que ayudar en lo que sea, mira que tus tías ya tienen su edad, pobrecitas, aunque sea por consideración”.

Por lo pronto, pienso crear una página web de la tienda, a manera de saldar la deuda ofreciendo una publicidad. Estaré comentando de ella mucho después.

La Farmacia de mi tía

Era Febrero del 2002. Mi tía para ese entonces tenía en su administración una Farmacia cuyo nombre no revelaré. En una noche, mientras estudiaba y el calor me acosaba, decidí abrir la ventanita de ésas que se hacen por arriba de la chapa de la puerta. El problema es que esa puerta era la que nos conectaba directamente a la calle. Fui a dormir olvidando ese detalle.

Al día siguiente, cuando mi tía se levantó a abrir el negocio, percató que todos los mostradores donde se encontraban los remedios lucían vacíos. El resto, ya es predecible: Se llevaron el dinero de los cajones, la plata separada para pagar las cuentas (que mi tía cumplía puntualmente),y solo dejaron papel higiénico, jabones y thimolinas. Nosotros habíamos estados dormidos a solo unos metros, mientras estos malditos se dedicaban a vaciarse todo el negocio.

En vano fue llamar a la policía, quienes decían que solo se considera robo si es de mil soles para arriba. En vano fue el balance que le dieron de todo lo robado, un monto que pasaba los treinta mil soles. En vano sería llorar. Mi tía vio como en un día un grupo de maleantes se llevaron lo que a ella le había costado treinta años. Nunca la vi soltar lágrimas, al menos delante de mí, pero sí me incriminó- con mucha razón- lo que había sucedido.

Yo sí que lloré, y me prometí silenciosamente en devolverle todo lo que por mi culpa había perdido. Pero ya han pasado ocho años, y más que pagarle le he seguido quitando. Le quito con cada renegar que le provoco, cuando soy tan desconsiderada con ella, y le sigo quitando cuando en vez de estudiar o hacer algo productivo, me dedico a ver la tele’, escribir tonterías y leer otras tonterías.

Hoy, sin trabajo ya, sin otro sostén económico que la propina por ayudar a hacer las empanadas y los ocho soles la hora que cobro por cada clase particular, todavía tengo el tonto optimismo de hacer una fuente de riqueza?. Todavía aspiro a saldar esa deuda? No manches pues, Paty.


2 comentarios:

  1. El regalo sería bueno, tal vez un kif para limpieza de computadoras o un "cono" de cd´s… siempre el gesto de agradecimiento es bueno aunque parezca que no sea necesario… y sí lo es, más cuando se trata de familia porque el agradecimiento refuerza los lazos que tenemos.

    Las tías buscan nuestra compañía, sentir que influyen en nuestras vidas de forma trascendental. Hay que dejarlas hacer y sentir porque así son sus estructuras mentales, inadaptadas a este presente pero haciendo todo con mucho corazón (claro que no las conozco… si fuese así tal vez diría que "nunca más vayas")… pero con el tiempo se llega a comprender estas actitudes y actuaciones de "los mayores" y se les hace caso porque, uno se da cuenta, han hecho mucho por nosotros durante nuestros años de chiquilladas insulsas y sin preocupaciones.

    Esa deuda, la de la farmacia, es una marca para siempre si quieres que así sea. La culpa, uno de los pilares de la desgracia humana, no te lleva a ningún lado. Lo mejor, a mi parecer, es quererla más aún después de 8 años, porque ella -de seguro lo comprende- el cariño vale más que las cosas que vienen y van como el dinero pero el recuerdo del amor uno sí se lo lleva a la tumba.

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  2. Ah, de hecho Nishio, que yo a mi tía la quiero, y mucho, y digamos que sí es un sentimiento de culpa pero que no carcome mi conciencia, al contrario, es un sentimiento constructivo (al menos como todos los sentimientos que tengo- eso creo-) que de cuando en cuando me da 'un jalón de oreja' y me hace saltar de la pereza y el desgano que por allí llegan a invadirme en algún momento.

    Tomaré el consejo sobre el regalo, gracias por eso =D

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