lunes, 24 de mayo de 2010

La víspera

Quiero aprovechar la ocasión, ya que éste es mi último post que escribo a los diecinueve. Me gusta el número 19,por cierto. Primero porque es primo (y me encantan los números primos, incluso más que los perfectos), segundo porque, no sé, creo que simplemente me parece bonito.

Mañana me la pasaré todo el día en la universidad. Creo que está bien porque no tendré que ajetrearme o dando preocupaciones a mi tía quien se empeña en atender a todas las visitas que caen por allí a saludarme. Que la torta, que los pasteles, que el pollo, que compra la gaseosa.

***

Hasta los doce años todavía me ilusionaban los regalos y casi no dormía pensando y guardando la esperanza de que esta vez sí me darían lo que todo el año deseaba. No sé, un ajedrez, una propina, un reloj de pulsera, un nuevo juego de mesa. Ahora ni siquiera mi cumpleaños me entusiasma mucho. Parezco una viejita aguafiestas que siente que cada año es un año menos de vida.

Las sorpresas

Me gustan las sorpresas, una demostración inesperada de afecto, una muestra muy original de cariño. Vale la pena traer al recuerdo dos eventos memorables, por así decirlo, que en su momento me emocionaron y me conmovieron.

Mayo 2006, Colegio TC.- Mi tutor acostumbrado a celebrar con un desafinado canto el cumpleaños de cada uno de nosotros, y yo no fui la excepción, invitó a todo el salón a darme un abrazo de felicitación después de escuchar el tradicional “Cumpleaños Feliz” (cuándo cambiaremos de cancioncita?) que me dedicaron mis compañeros de promoción. Lo curioso fue que después pidió a todos mis compañeros hombres mandarme un mensaje hablado frente a toda la audiencia que esperó impaciente las frases que iba a pronunciar Francisco (un chico que se sentía- increíblemente- atraído por mí ya hacía mucho). Después de que éste se resistiera por unos minutos a hacerlo, resignado, se levantó luego del asiento y pronunció unas líneas que primero me dieron risa y después hicieron que deseara que me tragara la tierra (con toda mi mochila y carpeta):

-Bueno, todos sabemos cómo es Paty- empezó el gordito chancón, siempre compitiendo académicamente conmigo, sin lograr alcanzarme XD- No necesito decir mucho, solo espero que continúe por todo el camino que bien se ha trazado, dando los buenos pasos que hasta ahora ha dado- bueno, bueno, no serán las palabras exactas, pero algo así decía- y que continúe siendo lo que es: sencilla, buena, inteligente, y bonita. “Sencilla, buena, inteligente, y bonita” fue la frase final que remató en los gritos y silbidos alcahuetas de toda el aula.

El profesor luego de la sonrisita cómplice, me dirigió la palabra y me pidió que fuera a la casa de ‘Pucky’, mi mejor amiga en la Secundaria. “Ah, me van a hacer un agasajo” , alcancé a pensar en primera instancia, y toda la bulla del salón lanzó pucheros como diciendo “profe, la malograste toda, ya no será una sorpresa” pero éste, terminó la frase diciéndome “ anda a la casa de Liz para que des tus ideas para el Periódico Mural. “¿Cómo?, no entiendo, primero me cantan muy bonito, me hacen sentir lo que soy, la dueña del santo, y luego me mandan a hacer un trabajito escolar?”, fue lo que pensé, pero me creí el cuento.

Por la tarde preparé mi goma, mi tijera, mis lápices, y mis hojas. Mi tía, a sabiendas de lo que se avecinaba (ya le habían hablado previamente) me dijeron “qué?, con esa ropa vas a ir?”. Inocentemente les hice caso, a los minutos me vinieron a recoger un par de compañeras. Llegamos a la casa de mi amiga, pasé el corredor, y al ingresar a la sala: “Sorpresa”, más de la mitad del salón estaban allí reunidos, entre los que se encontraban también mis mejores amigos.

Me había quedado sin habla si no fuera porque reacciono demasiado rápido. Más tarde me comentarían si había hecho una expresión de sorpresa fingida, pues creían que el profesor había sido demasiado evidente. Pero no, yo estaba sorprendida de verdad, nunca antes me habían hecho algo así, y conmovida, nerviosa por el simpático gesto, hice un breve discurso de agradecimiento medio cursi que ya no recuerdo.

Lo anecdótico de la velada – que fue organizada por mi amiga Liz, otras dos amigas más, y el propio Francisco- (aparte de darme cuenta mucho después que algunos mostraban un particular interés hacia la torta y hasta se peleaban por ella (lo cual le bajaba puntos a mi agradecimiento, me sentía un pretexto para una comilona) fue la entrega del presente.

Se acercó Francisco- quien me incomodaría después con sus frases rebuscadas y adulonas de “Pequeña Einstein”, “niña genio”, y la comprometedora “Hoy eres mía” (mi pareja de baile, quise pensar)- y me entregó una rosa artificial (que semanas después terminó en el tacho de basura- qué cruel) y un regalito que, al recibirlo, se me cayó, se le cayó, se cayó, no sé, pero se hizo pedacitos( y con él, el corazón del pobre Francisco). Silencio sepulcral en la sala.

Solo después de abrir la caja y armar las piezas rajadas me enteré que era un adorno de sala, una especie de pileta y escultura con corte renacentista. Ya tienen idea dónde debe estar ahora mismo. Qué cruel.

Después de aquella tarde un buen grupo de chicos, digamos diez, fueron conmigo a “invadir mi casa”, y mi tía, atenta como siempre, les sacó torta, bocaditos de picar y más gaseosa.

Ese día extrañé a alguien.

Mayo 2008, Universidad SM.- Salí de mi clase de Álgebra Lineal. Era el viernes 23 de mayo 2008. En un momento llegué a pensar que iban a saludarme por adelantado puesto que no me iban a ver sino hasta el lunes, pero claro, las ideas se te esfuman rápido sobre todo cuando ni tú misma le prestas interés a una fecha supuestamente muy tuya. Ni siquiera adquirir la mayoría de edad me tenía pensando, ni esperando, ni reflexionando.

Mi amiga “Star” mediante algunos engaños incisivos, me sacó del salón donde estaba y se dirigió a llevarme a otro. Yo, sin la mínima sospecha, le hice caso obedeciéndola como una perrita fiel que sigue a su dueño sin cuestionamientos ni vacilaciones.

Siempre me creo la viva, la intuitiva, la que lee las cosas antes de que lleguen a ser evidentes. Pero ignorar, no saber, no esperar, tal vez eso es lo que hace más rico el momento.

Abrieron la puerta y allí aparecieron una fila de compañeros de Mate’ aplaudiéndome, ovacionándome. Qué emoción caracho. Había una inscripción en la pizarra: “Feliz cumple’ Pata”. Qué bonito caracho. Se acercó mi amiguita Estrella( quien organizó la reunión junto a Jeannet y Candy) y uno a uno me fue entregando un presente que todos ellos habían contribuido. Abrí el primero, un juego de ajedrez.Qué comen que adivinan caracho. Abrí el segundo, un peluche-monito muy original que tiene un sensor que “siente” cuando alguien pasa. Manda silbidos el monkey ése. Aún lo tengo allí, levantándome la autoestima de vez en cuando, piropeando mi cuerpito amorfo.

El tercer regalo, sin duda fue el más bonito. Todos los chicos, la mayoría de mi base y unos que otros de otra escuela, me habían escrito una dedicatoria en una pequeña libretita. Cada vez que lo leo me pica un poco el corazón. Me hacen reír, me ponen nerviosita, me entusiasman, me conmueven un poquito. Cuando me imagino toda la “travesía” – en palabras de mi propia amiga- que les tomó hacer cada nota de ese cuadernito a fin de que yo no me enterara de nada, me hace sonreír.

Les debo mi alegría, muchachos. Y más a ustedes, mis amigas, las que me hacen dar cuenta que existo cuando ni yo misma me tomo importancia.


1 comentario:

  1. Me acabo de cruzar con tu blog, navegando así de sitio en sitio, y esta entrada me gustó. No sé bien por qué, quizás porque he tenido experiencias similares, o por el aire que parece envolver tus palabras... todavía estamos a 25, aprovecho a decirte "feliz cumpleaños", y a mí me pasa igual, yo ya tampoco siento gran anticipación frente a mi fecha, de hecho ya me parece posible que de aquí a unos años se me olvide, como a otros. Es gracioso, pero el 27 yo empiezo mis 19.
    Espero escuchar dentro de un año cómo te sientes abandonando los veinte.

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