jueves, 20 de mayo de 2010

Cosas que no importan (pero vaya que sí)

Una de mis grandes búsquedas es la que le dedico a la libertad. Me gusta expresarme libremente, vivir sin represiones, sin cargos de conciencias, sin ataduras, sin limitaciones. Desde siempre me he empeñado para alcanzarla, y mis esfuerzos han hecho que, por ejemplo, cambiara radicalmente mi visión de las cosas, que cambiara yo.

Sucede que si bien sé qué es lo que es primero en esta vida, me doy cuenta que sin darme cuenta (qué gracioso sonó eso) a veces me pierdo, y yo solita me contradigo, caigo en las mismas cosas que yo misma condeno. Podrán ver lo contradictorio que resulta haber escrito el anterior post y ahora escribir éste, como si nada. Acostúmbrense a eso.

Por ejemplo, me fastidia tener que preocuparme en mi aspecto- y quién te obliga, dirá alguien-. Pero no sé, tal vez la cosa cambie (y este lamentable post no existiría), si, por ejemplo, yo hubiera nacido con el encanto y la belleza de la siempre guapa Jennifer Aniston. La cosa cambia, claro, si no fuera porque, tengo que decirlo, bien picona, que mido menos de metro y medio, poseo unas cejas excesivamente pobladas, lunares esparcidos por toda la cara, y uno en especial ubicado precisamente(no como lo tiene Cindy Crawford, sexy y provocativo) en la zona irrisoria de la puntita de mi nariz. La cosa cambia, de no ser porque- ya lo mencioné alguna vez por allí- que tengo las caderas bastante ensanchadas, unos pechos con llanura de carretera, un trasero -muy crecido el sinvergüenza-;algo así como, para la ilustración del lector, toda una Venus de Willindorf, pero descontando las tetas.

La cosa cambia, si no fuera porque soy una chata patilluda, bigotona, paticorta, velluda y cachetona.

Son muchas las veces que reniego para mis adentros sobre esta apariencia, sobre este cuerpo por el que a veces no me he llegado a sentirme identificada. Varias son las veces que he deseado haber nacido en otra piel (pero con la misma persona en la que me habito, claro).

Pero, de hecho, con el paso del tiempo vas aprendiendo de que eso no es lo importante, que hay otras cosas en esta vida.

Aprendes que, a pesar que hay gente invierte tiempo y dinero en el GYM, en los salones de belleza, en la cirugía, en el ‘cuidado personal’ en general; sabes que no hay que descuidarse del cuidado de lo que llevamos dentro y no se ve. Sabes que el aspecto exterior no lo es todo, lo que más valen son los sentimientos, los valores que cultivamos, las cosas que nos llenan como seres humanos. Claro, sabes que no te deberías interesar si la persona es fea o no, que primero deberías conocerla. Sabes que el concepto de belleza no es único y fijo, que en realidad es un ideal que la gente conceptúa de acuerdo al tiempo, el contexto social; que al final, son todos simples estereotipos, formatos, modelos, patrones que son tan cantados en propagandas, medios de comunicación y afiches comerciales.

Sabes que todo en este mundo puede ser engañoso, que no debes fiarte de esta sociedad consumista en la que lo superficial se vende mucho mejor, porque muy pocas cosas se comunican desde la mente o el corazón, porque todo se rige bajo los sentidos.

Claro, sabes mucho, tu autoestima es fuerte, pero al final, terminas haciendo lo contrario.

Al menos yo, reniego cuando, por ejemplo, elijo no llevar los lentes (y sí que los necesito) porque con ellos me siento más fea (de lo que ya soy). Reniego cuando me da risa la figurita que veo frente al espejo, cuando me paro frente a él, desnuda, y me digo: “ah, no, más linda es mi alma”.

Reniego cuando, al interactuar con un chico guapo, me siento incómoda, nerviosa, y sin embargo, con un feúco, me siento tan segura, yo misma. Reniego cuando tengo que aguantarme de no comer tantos snaps, o los chocolatitos que tanto me encantan( Y pensar que, más que un tema de salud, tiene que ver con la figura, la apariencia, el saber que se ve mejor una flacucha que una rolliza.Y pensar que nuestros antepasados preferían justamente a las segundas, claro ejemplos de ello son las esculturas de las Venus o las modelos gorditas de Botero. Seguro que ellos ahora encontrarían en las flaquitas mujeres huesudas, cadavéricas, cuerpos que provocan náusea).

Me revienta tener que fijarme tanto en esas apariencias. En creer que “los ojos son las puertas, el reflejo del alma”. Caracho, eso solo es cierto de vez en cuando. Reniego cuando juzgo a los chicos en un plano externo, cuando me quedo mirando a los chicos bonitos, dejando atrás a los feítos, quizá más interesantes, inteligentes y buenos que los primeros. Reniego por preferir a aquél que es inteligente, de buen corazón, carácter simpático, con buen humor y encima, churro, y en cambio, tener que dejar atrás aquél que reúne todas esas cualidades pero menos la última.

Reniego por todos los videos y fotos que guardo de chicos tan bellos por fuera. Por todos los certámenes de belleza que el mundo celebra. Por todos los gimnasios, salas de belleza, maquillajes,cirugías estéticas.




Reniego, porque las apariencias todavía cuentan, y mucho. Me fastidia no poder reconocer, al instante, la belleza que no la determina la simetría ni los cánones consagrados. Me encoleriza haber gastado mis energías en cosas vanas e inútiles. Por ser, de vez en cuando, tan frívola, superficial. Por dejarme llevar por la corriente, por la masa, por las que me dicen que “como te ven, te tratan”. Por no haber logrado hacerle saber a alguien, que detrás de una apariencia desagradable, también puedes encontrar cosas bellas.

Reniego porque cuando me digo "bah, no es para tanto, tampoco hay que tomarse las cosas demasiado profundas, serias,también hay que darle paso al humor, al comentario relajado, a las frivolidades, a la informalidad; de vez en cuando es bueno ser superficial" pero por dentro, bien que me creo todas esas cosas, y las sigo arrastrando hasta llegar al prejuicio, a la burla, incluso a la discriminación.

Pero sobre todo, me molesto a mí misma, reniego con la Paty de adentro, porque, a pesar de saber todo eso, aún vive atada y subordinada al paisaje que divisa a través de los ojos, mientras se olvida de que aún hay cosas valiosas que yacen ignoradas de la contemplación del ojo, el mismo que, irónicamente, también nos ha vuelto ciegos.


2 comentarios:

  1. Asu amix pues que te digo yo sy anormal pues a mi no me incomoda hablar con un chico guapo me e pongo si nerviosa si es feuco como lo describes jajja pues a mi no me llama mucho la fisonomia de la persona sino su forma de ser,es la que me atrae y bueno el fisico pa k te digo yo solo se k este cuerpo caribeño sin broncear va conmigo y estoy happy,rubia con mi plata(si que cuetas ahpero al fin natural como me conoces en mi forma de ser y asi me quiero mucho y me quieren como todo los que te conocemos a ti te queremos a ti pata jaa.Ya sabes quien soy entonces jeje.

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    1. Jajaja definitivamente, confirmado, eres nuestra chica Pink! El sábado quizá hablemos de este tema más abiertamente, ese día, después de todo, tendremos todo el tiempo del mundo! Y qué bueno que los chicos guapos no te pongan nerviosa, sino los monstritos XD

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