jueves, 25 de marzo de 2010

Busco trabajo

Mientras Renato Cisneros busca novia (buscaba, ya la encontró); yo, despedida, desolada, ignorada, olvidada, arrinconada, desamparada, rechazada, discriminada(y todos los demás adjetivos que cuanto más pena te den, mejor), yo, la que ya no tiene a donde ir, tengo que decirlo con frescura: estoy sin empleo.
No, no es que esté desesperada(qué va), es solo que en casa(y en mi conciencia) me ven con los ojos de “y esta mocosita, ajá, para eso ya no quiere ir a ayudar a la Panadería, para no hacer nada”. Ya llevo un mes que renuncié a seguir atendiendo y hacer otros mandados en la tienda de mi tía, que por cierto, es famosa por sus pasteles y su jamón del país, que es el mejor del país, además. Decía yo, renuncié. Uno, porque quería abrirme campo en el mundo para el que sí me siento encajar: el trabajo mental. No es por nada, pero lo mío no es pelar cebollas, ni trapear pisos mugrísimos, ni sacudir polvos (malditos sean ellos), ni lavar utensilios, ni despachar pan, etc. Lo hago y lo puedo hacer, pero no creo que alguien se sienta realizado y contento limpiando baños. Alcanza para vivir, sí, pero eso es para el caso más desesperado.

Suena a engreída, ciertamente, pero lo que estoy diciendo es que ya es momento de cambiar de dirección y abrirse espacio en este mundo en el que todos son unos lobos compitiendo por subsistir.
Dos, está el hecho que no puedo controlarme. No me gusta el trato injusto, y mucho menos quedarme callada cuando debería condenar algo que no me parece. Discutir para mí es una cualidad que aflora con toda naturalidad dentro mío, por inercia, casi casi sin mi control. Cuando me doy cuenta que he metido la pata, que ya parece que estoy faltando el respeto, cuando estoy transgrediendo las leyes y levantándome contra la autoridad, ya es demasiado tarde, y solo atino a terminar con el desastre empezado, y a seguir defendiendo a capa y espada todo lo que quería defender. He recibido todo tipo de quejas, desde “tú siempre quieres ganar”, pasando por “arrogante”, “malcriada”, “contestona”, y terminando con que “siempre quieres tener la razón, ya mejor me callo”.

Por estos dos motivos, y muchos más, desistí de seguir ayudando en la Panadería, en la que en tanto y tanto podría darme el lujo de robarme un pedazo de jamón, irme al baño con un alfajor que a escondidas sacaba del mostrador, comerme las migajas que sobraban en las fuentes de los pasteles, y autoconvidarme todas las bebidas que mi tía dejaba a media tomar en la mesa.

Adiós definitivo a todo eso. Por ahora aún estoy a flote con todas las clases particulares que dicto;pero vamos, eso apenas me alcanza para los pasajes a la universidad, y ¿mi tesis? ¿si quiero comprarme algo? ¿si quiero ahorrar algo? Rezaré a todos los santos en quienes no creo para poder llegar invicta(sin deudas, me refiero) a fin de mes.

¿Sobreviviré?

1 comentario:

  1. ...Pienso igual ...Lo mio es un Trabajo intelectual..he trabajado como obrero de muchas cosas...como vendedor ...como ayudante cocina de muchos tipos de cocina ...como negociante con puesto en un mercado ..como ambulante ... ahora es hora de que valga la pena todas esas horas de leer y la experiencia de aver participado en proyectos de ingeniería ..si soy estudiante de ingeniería aunque ya casi 3 años que deje la universidad..

    ResponderEliminar